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Editorial
Sábado 14 de enero de 2012 - 06:33 PM

En manos de bucaneros

Esa mentalidad de los bucaneros del siglo XVII, de considerar los ingresos del Gobierno como un gran botín al que hay que acceder a toda costa, es la que impera hoy en día no solo en los niveles medios y bajos del sector público, sino aún más grave, en las cabezas de instituciones judiciales así como en una gran mayoría de congresistas

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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Dice el Diccionario de la Real Academia Española sobre el término Pirata, que es una “Persona que, junto con otras de igual condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar”. Ahora, sobre la palabra Bucanero utilizada a veces como sinónimo, afirma la enciclopedia que tiene una diferencia, ya que éstos a su vez, no desdeñaban las actividades en tierra firme para dedicarse al pillaje.

Pues bien, luego de esta pequeña introducción al vocablo Bucanero, no deja de llamar la atención que sobre todo su última acepción, encaja literalmente en la definición que se podría redactar para innumerables integrantes del estado colombiano. Sobre todo, de las altas esferas.

Sí. Es que resulta suficiente con leer los titulares de la prensa de cualquier día de la semana de cualquier mes de cualquier año en este país, para llegar siempre a la misma conclusión.

Esa mentalidad de los bucaneros del siglo XVII, de considerar los ingresos del Gobierno como un gran botín al que hay que acceder a toda costa, es la que impera hoy en día no solo en los niveles medios y bajos del sector público, sino aún más grave, en las cabezas de instituciones judiciales así como en una gran mayoría de congresistas y altos círculos gubernamentales.

Tan solo esta semana, se dieron a conocer nuevamente denuncias escandalosas sobre la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, en la cual el tráfico de cargos y el derroche del presupuesto están a la orden del día. Denuncias a las cuales fácilmente se les pueden agregar las que con demasiada frecuencia protagonizan los parlamentarios con su catálogo de irregularidades y enciclopedia de abusos, con el senador Juan Manuel Corzo como uno de sus máximos exponentes.

 Llegar a la triste conclusión de que por ese camino este país no tiene futuro alguno, no requiere una capacidad de análisis privilegiada o poderes especiales de clarividencia. Mientras en Colombia, quienes a diario asaltan los dineros públicos con alma de filibusteros, no se den cuenta de que ellos mismos estarán condenados a vivir en un país plagado de problemas y rodeado de pobreza por cuenta de su manera de actuar, no existirán mayores razones para ser optimistas sobre las posibilidades reales que tiene esta nación para salir del subdesarrollo y la miseria.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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