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Editorial
Martes 07 de febrero de 2012 - 12:00 AM

Un Alcalde rajado en su primera crisis

El caos de ayer en la ciudad se veía venir desde hace más de dos semanas y sin embargo, la reacción de la administración municipal sólo se puede catalogar como de una ineptitud e incompetencia extremas

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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Ayer, el alcalde de Bucaramanga, Luis Francisco Bohórquez, tuvo que enfrentar su primera crisis de las varias que con seguridad deberá asumir en sus cuatro años de gobierno. Se trató de un desafío inaugural por parte de los taxistas de la ciudad del cual, la verdad, no pudo salir peor librado.

Es que los sucesos de ayer en la capital santandereana, todos muy graves por cierto, fueron advertidos con tiempo de sobra.

La parálisis de prácticamente toda la urbe mediante el bloqueo sistemático de sus vías principales; las agresiones contra los carros particulares que no tenían nada qué ver en el asunto; la inmovilización obligada de Metrolínea y hasta los ataques contra los conductores y pasajeros de vehículos públicos que no quisieron participar en la protesta, fueron posibles gracias a la inoperancia de unas autoridades con el Burgomaestre a la cabeza que hay que insistir hasta el cansancio, estaba más que advertido al respecto.

En pocas palabras, el caos de ayer en la ciudad se veía venir desde hace más de dos semanas y sin embargo, la reacción de la administración municipal sólo se puede catalogar como de una ineptitud e incompetencia extremas.

Ahora, por el lado de los taxistas, su comportamiento no puede haber sido más abusivo, desconsiderado o condenable.

Las solicitudes y los reclamos al Alcalde propios de ese gremio de transportadores, en varios de los cuales tienen la razón como respaldo, no les da derecho a sitiar una ciudad entera, perjudicando de manera grave a cientos de miles de habitantes totalmente ajenos al problema.

El derecho a la protesta es lícito y necesario en cualquier sociedad que se precie de ser democrática. No obstante, cuando esa protesta no solo afecta de manera abusiva y hasta atropella a los demás, debe ser el mismo sistema legal que la autoriza el que imponga el orden y restablezca la normalidad incluso sin miedo a utilizar la fuerza. Y en ese aspecto, no sobra decirlo, Luis Francisco Bohórquez también falló aparatosamente.

En síntesis, el alcalde de Bucaramanga se rajó en su primera gran prueba. Sólo queda esperar que ese mal resultado en el mantenimiento del orden de la ciudad no sirva como iniciativa para que de ahora en adelante, todo aquel que quiera protestar por alguna causa opte por la misma táctica de bloquear las vías, basado en ese pésimo precedente que ayer se volvió historia.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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