Este país debe iniciar una gran cruzada nacional para dar con miles y miles de autores que permanecen a la sombra, pero que son los verdaderos responsables de la enciclopedia de calamidades más aberrantes de los últimos tiempos
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
La historia es demasiado conocida. Y lo es, porque no deja de repetirse hasta el cansancio. Con una frecuencia asombrosa, en este país se destapan escándalos por corrupción, cada uno de los cuales, luego de indignar a la opinión pública, es relegado a un segundo plano por la explosión de uno nuevo. Por lo general más grande, más desvergonzado y varias veces más costoso para los contribuyentes.
Además, todos estos episodios tienen algo en común; rara vez son procesados hasta el final y difícilmente se castiga a los responsables. Hasta ahí, todo hace parte de esa tradición malsana que se apoderó de Colombia.
Sin embargo, pocas veces se va más allá. Prácticamente nunca se profundiza en otros hábitos perversos que también han hecho carrera en el sector público y que también cargan buena parte de la culpa del desastre.
Sí. Porque sólo con esa palabra, como un verdadero desastre, se puede calificar a la mayoría de las obras de infraestructura que se han construido en este país en los últimos años, así como la administración de los servicios que debe proveer el Estado.
Carreteras mal trazadas y terriblemente hechas; sistemas de transporte masivos pésimamente diseñados y aún peor operados, para no ir más lejos, son apenas dos de los miles de ejemplos que sirven para ilustrar cómo desde la etapa de estudios y diseños, en sectores que van desde la infraestructura hasta la salud, suelen comenzar las grandes cadenas de equivocaciones.
Grandes cadenas de equivocaciones que desembocan en fallas constantes y errores groseros que a la postre, nunca tienen un responsable definido y plenamente identificado.
No obstante, es la ciudadanía la que siempre debe asumir las consecuencias, tanto por las incomodidades, las molestias y las dificultades que generan, como por los costos que de manera indefectible pasan su factura.
En Colombia y no es una generalización, nadie, particularmente en el sector oficial, responde por nada.
Como se mencionó párrafos arriba, desde las etapas preliminares que contemplan estudios, diseños e investigaciones, los procesos arrancan con el pie izquierdo, que luego para completar, suelen infectarse del virus de la corrupción.
Y eso, claro, cuando no son la improvisación y la chambonería las que cierran con broche de oro.
Este país debe iniciar una gran cruzada nacional para dar con miles y miles de autores que permanecen a la sombra, pero que son los verdaderos responsables de la enciclopedia de calamidades más aberrantes de los últimos tiempos. Y es que mientras no se les localice e identifique, no solo gozarán de la impunidad que los arropa hasta el momento, sino que muy posiblemente, continuarán haciendo de las suyas.










