Es de esperar que en las decisiones por tomarse no se le dé tanto ámbito a los intereses políticos y se mantenga privilegiado el interés colectivo metropolitano, para que la solución que se imponga sea la que técnicamente más convenga a la ciudad
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
No cabe duda de que el problema de la movilidad es uno de los tres más graves que afrontan los bumangueses y demás habitantes del área metropolitana; y entre el altísimo número de intersecciones, calles y avenidas que se han convertido en nudos ciegos de tránsito, el del viaducto García Cadena sigue siendo una especie de hoyo negro por el que desaparece todo intento de conectar eficientemente la meseta con el sur.
Luego de la obra, internacionalmente premiada, de ampliación del viaducto a dos carriles, sobre el mismo puente, que se adelantó hacia 1993 en la administración del hoy gerente de Metrolínea, Jaime Rodríguez Ballesteros, nada de lo que se ha propuesto o se ha hecho en cuanto a obras viales o decisiones de flujo vehicular ha servido en realidad para superar el traumático paso.
A veces los problemas son tan grandes como puede ser pequeña la mentalidad de quienes tienen en sus manos la responsabilidad de solucionarlos. Por eso es cada vez más importante seguir el ejemplo de los ingenieros y dirigentes que hace más de 45 años no sólo pensaron que la ciudad iba a necesitar el viaducto García Cadena, sino que se dieron a la tarea de financiarlo y construirlo. Hoy lo que vemos es que, aunque hace ya más de 10 años se tiene por cierto que el puente es insuficiente para el creciente número de vehículos que lo recorren diariamente, no ha habido quién impulse con seriedad y determinación una solución.
Esta administración ha puesto el tema en la agenda pública y el sector privado ha respondido con prontitud para proponer alternativas frente a esta problemática. Lo que esperamos es que sea cual sea la que finalmente se adopte, tenga la eficacia que se requiere; que sea una obra que se ajuste a lo más conveniente, no solamente para la ciudad de hoy, sino la del futuro, al menos a mediano plazo.
Se necesita pensar en realidades metropolitanas y no seguir tratando estos como problemas domésticos de Bucaramanga. La estructura que se plantee, además de suficiente, debe ser acertada en su diseño. No es posible que a los protuberantes errores de trazado del carril exclusivo de Metrolínea, que dejaron a la autopista convertida en una vía sinuosa, tengamos que sumar nuevas equivocaciones en la obra que tendrá que acometerse en predios del García Cadena.
Es importante llamar la atención sobre el hecho de que es de esperar que en las decisiones por tomarse no se le dé tanto ámbito a los intereses políticos y se mantenga privilegiado el interés colectivo metropolitano, para que la solución que se imponga sea la que técnicamente más convenga a la ciudad y no simplemente la que otorgue la victoria y el control de la obra a uno u otro grupo de los que hasta ahora han hecho propuestas.









