Publicidad

Editorial
Jueves 07 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Más que políticos, necesitamos visión

Publicado por: Editorial

Compartir

Hace medio siglo, Bucaramanga entendió que la meseta no podía crecer desordenadamente, por lo que los planificadores de los años 70 trazaron una idea global para la ciudad, que permitió ordenar calles, servicios y barrios con cierta coherencia y trascender hacia el concepto metropolitano, pero, evidentemente, hoy todo esto se ha disuelto en el desorden y muchas veces en la incompetencia administrativa.

En efecto, el área metropolitana, que abarca cuatro municipios, padece una fragmentación absurda, pues cada alcalde mira su propia realidad, cada concejo defiende su parcela y, como consecuencia de esto, el conjunto avanza a un ritmo insoportablemente lento y desordenado, lo cual nos lleva a la idea original de ya no solo integrar a Bucaramanga con sus vecinos, sino pasar de un concepto de conurbación a uno de distrito o de región.

La necesidad de esta evolución se hace más que evidente si miramos nuestro presente: el proyecto de las Cigarras sigue varado, lo mismo que el Anillo Vial Externo Metropolitano, y los retornos del Anillo Floridablanca-Girón parecen condenados al eterno debate de escritorio. Estos y muchos otros proyectos carecen de una mano que controle los tiempos, los presupuestos o los trazados.

¿Cómo viviremos dentro de 15 años? Si el ritmo actual de descoordinación persiste, la incertidumbre será el único horizonte. La incapacidad de los mandatarios locales para integrar presupuestos y trazados ha condenado a la región a un avance insoportablemente lento.

Los hechos que están a la vista demuestran que el área metropolitana crece sin un horizonte claro. Si hoy la desconexión de estas obras resulta incómoda, imaginemos la situación dentro de 15 años, cuando el área urbana se haya expandido más, cuando los flujos de vehículos y personas se hayan multiplicado, además de la demanda de servicios públicos y muchas otras necesidades. Lo más posible es que lo que pudo ser una red coherente de ciudades terminará siendo un embrollo de marca mayor, con las más indeseables consecuencias para los ciudadanos.

Pero el problema no es solo vial. La planeación integrada del área metropolitana hace falta en todos los frentes. El ambiental, por ejemplo, con las cuencas de los ríos de Oro, Tona y Suratá, o los cerros orientales, la erosión en la escarpa y la calidad del aire que respiramos; todo lo cual requiere de un manejo integrado, sencillamente porque la degradación ambiental no tiene límite alguno y, a pesar de eso, cada municipio toma sus propias decisiones, en una actitud de terquedad y miopía que también tendrá un alto costo en el futuro inmediato.

Del transporte masivo no hay nada nuevo que decir; su desplome dejó un enorme problema en el área, pero especialmente en Bucaramanga, con una falta cada vez más acentuada de control sobre el tránsito salvaje, que se refleja también en los demás municipios del área. Mototaxis, buses piratas y accidentalidad creciente: todo ocurre bajo la mirada impotente de autoridades que no logran unificarse, mientras los ciudadanos pagan esta desidia con horas perdidas, congestión y estrés.

La seguridad ciudadana tampoco puede abordarse por separado. La infraestructura educativa, los espacios verdes disponibles, el estado de las aceras y el alumbrado público, por ejemplo, serían mucho más eficientes con un tratamiento metropolitano; sin embargo, impera la lógica del aislamiento, que solo profundiza una forma de desigualdad en la que los ciudadanos terminan pagando la insolidaridad de sus vecinos.

Los dirigentes políticos suelen quejarse por la falta de recursos o de competencias legales, pero ese es un pretexto ladino, puesto que lo que ha faltado en Bucaramanga y su área metropolitana es una decisión firme de trabajar juntos, de pensar en grande, de recuperar aquella audacia planificadora de los años setenta. Mientras cada alcalde se atrinchere en su propia jurisdicción y cierre la puerta a la realidad metropolitana, seguiremos viendo un crecimiento que avanza a tientas, sin dirección conocida.

En síntesis, Bucaramanga y toda el área crecen en total descoordinación; su ritmo de desarrollo es mucho menor del que podrían alcanzar si hubiera unidad en todos los campos. Pero lo peor no es la lentitud, sino la incertidumbre, pues avanzamos hacia destinos que realmente no conocemos, lo que plantea una idea muy poco esperanzadora para el futuro, en un plazo más corto del que pensamos.

Publicado por: Editorial

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día