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Editorial
Viernes 08 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Veneno rosado en Cabecera

Publicado por: Editorial

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Los reportes recientes de las autoridades nos han puesto de frente a una realidad altamente peligrosa y preocupante, como lo es el creciente comercio de ‘tusi’ en la zona de bares de Cabecera. Este polvo rosado es una mezcla de metanfetamina, ketamina, MDMA y otras sustancias que destruyen neuronas y voluntades, y está haciendo que lo que antes era un problema de ruidos, riñas y escándalos callejeros ahora sea una pesadilla química que amenaza con devorar a nuestra juventud. Lo que está en juego es la salud mental y la vida misma de cientos de jóvenes.

En Cabecera circula esta sustancia con total impunidad. Bandas de microtráfico se camuflan entre las miles de personas que cada fin de semana acuden al sector, vendiendo dosis como si fueran caramelos, y aunque la Policía Metropolitana ha desplegado inteligencia y ha hecho capturas, decomisos y allanamientos, el comercio y el consumo han seguido creciendo.

El tusi es un veneno de laboratorio cuya composición varía, haciendo imposible predecir si una dosis provocará euforia, psicosis, paro cardíaco o muerte súbita. Los jóvenes lo consumen sin saber que ingieren una mezcla diseñada para generar dependencia rápida. Los reportes del Ministerio de Justicia y del Observatorio de Drogas indican que el mercado sintético crece sin freno, y Bucaramanga ya es parte de esa ruta mortal.

Pero el problema no se va a controlar si adjudicamos toda la responsabilidad exclusivamente a la Policía; en esto tienen que ver, y mucho, los comerciantes de Cabecera, los dueños de bares y los gestores de convivencia, pues cada dosis de ‘tusi’ vendida en sus puertas es una potencial desgracia familiar. La Alcaldía ha puesto sobre la mesa decretos y operativos, pero sin el respaldo activo del sector privado y de la comunidad organizada, esos esfuerzos serán en vano.

La indiferencia de los dueños de negocios nocturnos sobre este problema en particular no es justificable; lo menos que deben hacer es exigir identificación, prohibir el acceso a personas bajo efectos de drogas y denunciar a cualquier vendedor que detecten. Las familias de los jóvenes que acostumbran divertirse en Cabecera deben informarse sobre esta droga y tomar medidas para prevenir el daño que puede ocurrir. Los expertos recomiendan que, si notan algún cambio en el carácter de su hijo, si hay señales de aislamiento o cambios bruscos en sus amistades, actúen con prudencia y con urgencia.

Los operativos policiales han dado con más de tres mil dosis incautadas, lo que insinúa la gran magnitud del problema. El comandante de la Policía Metropolitana ha prometido atacar el bolsillo de los traficantes, identificar las discotecas de fachada y los activos lavados, pero mientras sigan llegando cargamentos de precursores químicos a la ciudad, y mientras haya demanda juvenil insaciable, esta guerra estará perdida.

En Cabecera, el ‘tusi’ no solo agrava los problemas de inseguridad y desorden público que ya existían, sino que puede significar la autodestrucción química de toda una generación. Los escándalos sexuales en parques, las riñas y las casas abandonadas eran síntomas de una descomposición social, pero ahora el núcleo de la tragedia está en el cerebro de los jóvenes, intoxicado por un polvo rosado que les roba el futuro.

Se necesita una acción múltiple desde el aparato judicial, la Policía, el gobierno municipal, el sector educativo y la familia, pero, sobre todo, necesitamos que cada ciudadano entienda que el problema no es de los otros, sino de todos, pues el ‘tusi’ que se vende en una discoteca de Cabecera termina en la sangre de un joven de cualquier barrio, lo que significa que no hay territorio neutral en esta lucha.

Publicado por: Editorial

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