Publicado por: Editorial
La última semana de campaña que hoy comienza es, a su vez, el tramo final de un proceso mediante el cual los ciudadanos deciden quién asumirá la primera magistratura de la Nación, con todo lo que ello implica en términos de destino colectivo, estabilidad institucional, desarrollo económico y rumbo histórico. Por eso, tanto los candidatos como los electores están llamados a elevar la calidad de sus acciones y reflexiones a la altura de esta circunstancia, pues se trata del momento en que se define el rumbo del país para los próximos cuatro años.
A los aspirantes a la presidencia les corresponde entonces, en estos días decisivos, desplegar sus mejores virtudes cívicas, como la honestidad, la transparencia y la ponderación, que deberían ser la guía de cada declaración y cada intervención en redes sociales, pues se debe eliminar de la contienda la injuria, la calumnia y la manipulación de mensajes. Estos definitivamente no son instrumentos legítimos de persuasión, sino prácticas corrosivas del tejido democrático. Esta semana los candidatos tienen, en síntesis, la oportunidad histórica de mostrar que es posible debatir ideas sin descalificar adversarios.
Santander se enfrenta a una cita histórica con su futuro en las urnas, un escenario que exige elevar la calidad del debate por encima de las descalificaciones y las campañas de desprestigio en redes sociales. De cara a la segunda vuelta presidencial, la ciudadanía está llamada a indagar qué piensan realmente los candidatos sobre las necesidades de empleo, seguridad y medio ambiente de la región. Castigar el rezago presupuestal del Gobierno Nacional e impulsar el desarrollo requiere, hoy más que nunca, que Santander dé ejemplo de madurez electoral.
Por su parte, los ciudadanos deben entender que la democracia no se agota en el acto de depositar un sufragio, sino que exige, como condición de su ejercicio pleno, que el elector se informe con amplitud y suficiencia sobre los programas y las propuestas de quienes aspiran a gobernar, pues no es atinado decidir con simpatías superficiales o rechazos impulsivos, sino que se requiere un estudio sereno y comparado de las plataformas, de manera que cada uno pueda establecer clara y ciertamente por quién va a votar y por qué razones lo hace.
En el caso particular de los santandereanos, esta exigencia adquiere una importancia particular, dado que no podemos contentarnos con conocer las propuestas de los candidatos en términos nacionales. Necesitamos indagar con detenimiento qué piensan ellos sobre nuestro departamento, sobre nuestras necesidades específicas en materia de infraestructura, empleo, educación, medio ambiente o seguridad y sobre los anhelos que como región tenemos para las próximas décadas. Un voto santandereano informado es aquel que sabe qué esperar de cada aspirante en lo local, sin perder de vista lo nacional. Además de revisar qué ha pasado con la inversión nacional
En Vanguardia asumimos esta responsabilidad periodística con la seriedad que la hora exige. Desde las elecciones legislativas y en la primera vuelta presidencial, hemos dedicado varias ediciones especiales a ilustrar a nuestros lectores sobre las ideas y los programas de los candidatos, sin otro interés que el de formar una ciudadanía más consciente. Seguimos haciéndolo en la edición de hoy, convencidos de que la prensa cumple su más alto cometido cuando provee las herramientas para que el pueblo decida con libertad y conocimiento. Nuestro especial periodístico ofrece un balance crítico sobre la inversión del Gobierno Nacional en Santander durante los últimos cuatro años. Las cifras no mienten: varios de los proyectos estratégicos de la región registran preocupantes retrasos, evidenciando un histórico rezago en la ejecución y una falta de voluntad política que mantiene en vilo el desarrollo del departamento.
Así pues, invitamos a los candidatos a que en esta última semana gobiernen sus impulsos con prudencia, alejándose de la descalificación fácil y entendiéndose limpiamente con la ciudadanía, pero también convocamos a los electores a que no deleguen en el prejuicio ni en el rumor la definición de su sufragio. La idea es que estudien, comparen, dialoguen, para que la trascendental jornada del 21 de junio reciba en las urnas a un país preparado para votar masivamente, pero sobre todo para votar conscientemente. Santander puede dar ejemplo de madurez cívica si cada ciudadano sabe en qué sentido deposita su voto y por qué lo hace.
Esperamos que la campaña por la participación ciudadana se refuerce con estas conductas ejemplares, en el entendido de que la mejor manera de motivar la concurrencia a las urnas es mostrar que cada voto cuenta porque está respaldado por una decisión ilustrada y reflexiva. Que los candidatos ofrezcan lo mejor de sí en esta recta final y que los electores respondan con el compromiso de informarse es lo que puede hacer que la democracia colombiana salga fortalecida de esta cita histórica con el presente y con el futuro de la nación.










