Lunes 09 de Abril de 2018 - 12:01 AM

Setenta años después

El país entero cambió ese día, hoy hace 70 años. Desde entonces las aguas no han logrado volver a ser suficientemente claras, ni el estado de sosiego ha retornado debidamente a los ánimos.

Hoy hace 70 años, el viernes 9 de abril de 1.948, a eso de la una de la tarde, cuando la entonces modesta capital de Colombia hacía la pausa del medio día, en el momento en que el presidente de la Dirección Nacional Liberal y líder más connotado de aquel tiempo, Jorge Eliécer Gaitán, salía de su oficina junto con varios amigos, disparos hechos a corta distancia acabaron violentamente con su vida.

Bogotá estalló. Ira popular, reacciones espontáneas, descoordinadas, ciegas, desembocaron en actos de odio, incendios, saqueos, muertes por doquier, provocando una honda crisis de gobierno, social e histórica. El país entero cambió ese día, hoy hace 70 años. Desde entonces las aguas no han logrado volver a ser suficientemente claras, ni el estado de sosiego ha retornado debidamente a los ánimos.

La constante en los años siguientes fue la intranquilidad ciudadana, persecuciones, odios, levantamientos, asesinatos selectivos, masacres, inenarrables actos de violencia, desplazamientos intranacionales, éxodos hacia otros países, exilios voluntarios y provocados, el surgimiento de grupos en armas en diversas regiones del país. Once años más tarde un hecho externo, los efectos de la revolución Cubana, encontraron en la Colombia de comienzos de los años 60 del siglo XX el estado de cosas perfecto para que fecundara el germen guerrillero. Y de los terribles efectos que ese camino ha tenido, del baño de sangre generalizado que ha provocado, de la radicalización y profundización de odios que estimuló, de la amargura y luto que prácticamente todas las familias colombianas han debido sufrir en los últimos 70 años estamos tratando de salir pese a la innumerable cantidad de obstáculos que la más reciente idea de paz ha encontrado.

La Colombia de hoy es muy distinta a la de 1.948. Social y económicamente el país es otro. Pero, así mismo, hay facetas de lo que afloró en aquel 9 de abril que no han logrado ser superadas.

En las últimas siete décadas muchas veces se ha tratado de retornar a la tranquilidad, pero las cosas no han logrado cuajar debidamente y las consecuencias han sido desastrosas. Ojalá que ahora si logremos enterrar para siempre lo que ese 9 de abril sembró y por fin el territorio de nuestra patria conozca la tranquilidad y el sosiego tras 70 años de ira y amarguras. Ojalá haya futuro.

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