Decenas de familias campesinas que se abastecen de sus aguas para la preparación de alimentos, advierten que ha incrementado la turbiedad no solo por las lluvias sino por la explotación incontrolada de arena en la parte alta de la montaña y la falta de más controles al lavado de vehículos.

Publicado por: ÉDGAR OMAR BUSTOS A
Una voz de alerta hicieron las comunidades campesinas de las veredas El Manco, Curos, Cabrera entre otras, ante el riesgo que afrontan por el deterioro que está presentando la cuenca de uno de los principales recursos hídricos de Piedecuesta, el río Manco que se une al río Umpalá para posteriormente unirse en Pescadero con el río Chicamocha.
La situación no deja de ser preocupante, si se tiene en cuenta que en esta zona, más de 5 mil personas se abastecen de sus aguas en el sentido de que allí no existe ninguna infraestructura de acueducto por lo que buscan a como dé lugar cuidarlo para preparar con sus aguas los alimentos entre otras actividades del hogar.
A esto se suma la red de escuelitas que también se abastecen de estas aguas en tanques de almacenamiento para la preservación de las baterías sanitarias y actividades de limpieza así como también el sector del turismo, pues la zona ha despegado económicamente por la presencia de más de diez balnearios que atraen año tras año a turistas de diversas regiones del país.
Residentes que solicitaron la no publicación de sus nombres, por razones de seguridad, advirtieron a las autoridades ambientales como lo es la Corporación para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb y la Policía Ambiental, que se inicien operaciones de control especialmente “en la parte alta de la montaña de la vereda San Isidro, allí existe una gran explotación de arena, los areneros están contaminando las aguas, por lo que estas están bajando sucias y mal olientes”.
Para los habitantes de los alrededores de la cuenca, la situación no es nueva por lo que temen que de no colocarle un control, dentro de unos cuantos años, el río pierda su vitalidad convirtiéndose en un río oscuro como ocurrió con el río de Oro en los sectores del municipio de Girón.
“Estamos muy preocupados porque esto ya se ha informado a las autoridades ambientales, pero no ha pasado nada, así como sancionan a otros por no cumplir las normas de preservación de las cuencas, deberían aplicar más medidas a los areneros, la vereda San Isidro está distante y desde allí no solo los areneros sino otras personas estarían ensuciando las cristalinas aguas, las escuelitas de Pescadero, Cabrera, El Fical, El salado, también se verán afectadas si no se detiene a tiempo esta situación porque las aguas están bajando turbias y llenas de sedimentos, hojas, palos de todo”, dijeron afectados al precisar que algunos balnearios se han visto también afectados en la pérdida de ingresos “pues algunos bañistas no han regresado por la suciedad de las aguas”.
Más controles a los lavaderos de carros
De otra parte miembros de grupos ecológicos de la localidad, informaron que en la zona hace falta más controles de las autoridades a los lavaderos de carros debido a que “de los balnearios hacia abajo hay más de quince lavaderos de carros que diariamente, en especial los fines de semana contaminan de alguna manera las aguas con detergentes lo que hace que el agua vaya tomando un color gris y en algunos sectores de aguas estancadas malos olores” advirtieron.
Esta redacción estuvo en la zona y pudo detectar que efectivamente las aguas del río Manco están cambiando de color, el cual ya no es el cristalino en el que años atrás se podía apreciar.
En El, más abajo de los balnearios se observaron algunas llantas, neumáticos, así como bolsas de basura, botellas de plástico de bebidas gaseosas, latas de cerveza, restos de comida en icopor dejadas por bañistas foráneos, algunas áreas de explotación arenera, así como algunos animales muertos.















