Viernes 22 de Agosto de 2014
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Bucaramanga
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Jueves 18 de Abril de 2013 - 12:01 AM

Falleció Alfonso Gómez Gómez, líder político y educativo

El doctor Alfonso Gómez Gómez en su desempeño político y su posesión como Gobernador en 1978, presentando sus cartas credenciales ante el Presidente de Uruguay en 1987 y como Alcalde junto a su gabinete en 1990.
Con inmenso dolor los santandereanos hemos sido sorprendidos de la infausta noticia de la muerte de Alfonso Gómez Gómez, un hombre trascendental en toda la extensión de la palabra.

Su ciclo vital lo llevó a ejercer un protagonismo desde el momento mismo en que salió de la universidad con su título de Abogado, cuando retornó a su Departamento e inició la carrera judicial que lo llevó a ser juez y posteriormente Magistrado del Tribunal de Santander.

De allí fue sustraído a la política, actividad a la cual perteneció el resto de su extensa e intensa vida. Fue toda una pasión que combinó con el ejercicio de la cátedra, oficio al que se aferraba entrañablemente; repetía que el título que más le gustaba y el que más apreciaba era el de educador.

Gómez Gómez, como nos acostumbramos todos a llamarlo, era un hombre tranquilo; lo rodeaba una calma asombrosa que combinaba con una modestia sin claudicaciones. De caminar pausado, era el mejor escucha que un interlocutor podía tener, pues su paciencia lo llevaba a oír sin la más mínima expresión de cansancio extensos relatos en los cuales él se introducía, para al final concluir con una sentencia que resumía la definición y la acción.

De poco dormir, le llevaba una ventaja enorme a todos los que lo rodeaban, ya que en sus noches de insomnio él pensaba, diseñaba estrategias y concluía acciones que de madrugada emprendía con enorme energía.

Solía decir que él siempre había sido un hombre solución y no le faltaba razón. Sabía entender a la gente, auscultar sus intereses y medir sus alcances. Cuando de definir los asuntos se trataba, procuraba ser equitativo y actuar con los dictados de la justicia, aportando fórmulas creativas y definiendo escenarios posibles.

Uno de sus atributos lo representaba en el trato con los demás; era respetuoso al máximo y si alguien le advertía las incapacidades o las falencias de un personaje, él sonreía sin abrir la boca y decía -Eso es lo que da la tierra-.

Su portentosa memoria le permitía recordar nombres, apellidos, lugares, fechas y episodios, sin dar lugar al más mínimo equívoco. Esa condición le permitía improvisar discursos con un ordenamiento de ideas y un caudal de citas que parecían haber sido escritos con varios días de antelación y haber sido sometidos a cuidadosas correcciones. Sus escritos eran impecables,  apreciados en la Academia de Historia a la que perteneció y presidió y exaltados también por la Academia Colombiana de la Lengua, a la que fue llamado como miembro Correspondiente. En Vanguardia Liberal, mantuvo una tribuna en la que todos los sábados se comunicaba con sus asiduos lectores.

Le encantaba la anécdota y disfrutaba las exageraciones o las impertinencias de los demás; después las contaba con una dosis de adobo en el contenido para construir apuntes muy elaborados y dotados de un exquisito humor.

Decía que la vida era trabajo y responsabilidad, fórmula que seguía al pie de la letra y que le permitió avanzar  a paso firme en su admirable carrera política que iniciara como Diputado por la provincia del Socorro, para después llegar a la Cámara de Representantes y posteriormente ascender al Senado de la República, corporación a la que perteneció por varios años y en donde se destacó como un acucioso legislador que devoraba proyectos de ley para estructurar a cabalidad la legislación en las más diversas materias.

Los presidentes de la República de turno pronto comenzaron a observarlo y admirarlo en su comportamiento político y personal. Carlos Lleras resolvió llamarlo para ocupar la Gobernación de Santander, cargo que después repitió en el mandato de Julio Cesar Turbay. Esa labor la disfrutó como ninguno, pues conocía el Departamento de palmo a palmo, con sus corregimientos, veredas y parajes. En todas partes tenía amigos que lo admiraban y acataban y que él saludaba por su nombre, preguntando por las esposas, por los hijos y hasta por los nietos.

Durante el ejercicio de ese cargo, su compañero inseparable fue Luis Enrique Figueroa, de quien no se apartaba ni un instante y al que disfrutaba con toda su capacidad humorística.

Pero fue también alcalde de Bucaramanga en dos ocasiones, y allí fue escogido como el mejor mandatario del país, porque conocía su gente, interpretaba sus anhelos y trabajaba incansablemente por aliviar sus preocupaciones.

Su reputación como hombre talentoso, prudente y con enorme capacidad de trabajo lo hizo también incursionar en el campo de la diplomacia. Fue nombrado embajador en la Unión Soviética; posteriormente en la república del Uruguay y finalmente ante la China, en donde reemplazó al industrial Julio Mario Santodomingo. De allí fue sustraído intempestivamente por el presidente Belisario Betancur para que fuera su ministro de Gobierno, en una época azarosa, llena de grandes tensiones y con unos enormes retos por cumplir. Aquí su carrera política llegaba a una cúspide que ni siquiera él mismo había soñado y que lo colmaba de amplios merecimientos como pocos políticos de su época.

Pero la tarea que más lo enorgullecía era la de haber sido el impulsor de dos entidades educativas que alcanzaron la más amplia proyección: El Instituto Caldas y la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Fue él quien las ideó, quien las impulsó y quien las orientó, para lo cual se valió de importantes elementos de la sociedad santandereana que secundaron su proyecto y lo llevaron a ocupar una cima en donde se ha irradiado conocimiento y progreso para los santandereanos.

Allí fue a dar en su lugar de retiro, dedicado intensamente a su proyecto educativo; a los 92 años acudía sin pausa todos los días muy temprano, y procedía a inspeccionar cada uno de sus programas.

En ese sitio, sentado en su silla rectoral, en pleno ejercicio de sus actividades, lo arrebató la muerte; sin darse cuenta, lleno de tranquilidad y con la conciencia limpia, tal vez en la misma forma en que lo arrebataban los presidentes para ocupar las altas dignidades del Estado.


Queda ahora el examen de su obra, pues ella tendrá que ser un referente insustituible para las actuales y futuras generaciones de santandereanos.   

Opine

Horacio Serpa
Exgobernador de Santander
“Como gran parte del pueblo santandereano y colombiano lo apreciaba mucho, lo respetaba y admiraba, siempre tuve la mejor opinión de él. Al doctor Alfonso Gómez Gómez lo conocí durante muchos años y lo llamaba maestro porque lo fue en el campo de la política y en su comportamiento como persona y sus actitudes. Sin ninguna exageración, creo que fue un hombre de bien y político de muchos éxitos y de un irreprochable comportamiento. Indudablemente lo vamos a recordar mucho por lo que fue.”

Luis Francisco Bohórquez
Alcalde de Bucaramanga
“Lamento mucho el fallecimiento de un hombre al que tuve el privilegio de conocer en la Universidad Autónoma. Alfonso Gómez Gómez es el ejemplo de vida pública representada en un hombre honesto. Conocerlo fue una experiencia enriquecedora, fue una persona digna de imitar. Para nosotros que estamos en esta carrera pública, es un ejemplo de un buen ciudadano y gobernante. Como su alumno, siento admiración por un gran académico.”
 
Jaime Luis Gutiérrez
“Alfonso Gómez Gómez fue uno de los hombres más importantes de Santander de todos los tiempos. Fue un maestro pleno en el sentido total de la palabra.
Era maestro cuando enseñaba, cuando hablaba, cuando actuaba, y con su solo talante personal.
Seguirá siendo la luz del Instituto Caldas y de la Universidad Autónoma de Bucaramanga.
Como amigo fue inmejorable porque entendió el poder como la capacidad de servir, y no de servirse. Precisamente por esta concepción del poder, cuando por razones políticas destituyeron a un grupo de profesores, fundó el Colegio Caldas para que ninguno de ellos se quedara sin “modus vivendi”. Fue allí como se acunó también la Unab.
En la universidad y la fraternidad fue mi maestro y espero nunca olvidar sus enseñanzas ni fallarle en la amistad y en la rectitud que él siempre depositó en mí”.

Rafael Marín Valencia
“El doctor Alfonso Gómez Gómez fue amigo de mi padre, y a pesar de ser antagonista en sus políticas, fueron muy cercanos, debatieron las cosas importantes a hacer por Santander. Fue un hombre de mundo porque estuvo en Rusia, en la China, siempre representando a Colombia y pensando en Santander desde todos los lugares donde estuvo. Fue cofundador de la Unab, de la institución educativa, y estuvo hasta último momento trabajando  por la educación de los santanderes. Fue el mejor político que hemos tenido en Santander por su honorabilidad, su capacidad siempre de hacer las cosas pensando solo en los demás”.

Eduardo Muñoz Serpa
“Mi opinión personal es que ojalá haya bastantes hombres como él, fue honesto y sencillo en su proyecto de vida, dejó un exquisito legado educativo como es la Unab, fue un gran ejemplo de corrección en el manejo de los dineros públicos, y fue una persona de muchas virtudes ciudadanas”.

Cecilia Reyes
Fundación Participar
“Alfonso Gómez Gómez era una persona maravillosa, un ejemplo de vida verdadero. A pesar de haber tenido los más altos honores en su vida pública, era una persona de una sencillez ejemplar. Maravillosa calidad humana. Una persona irrepetible por su honestidad, sencillez, solidaridad. Toda su vida estuvo muy vinculado con los temas de la educación”.
 
Alberto Montoya Puyana
Rector de la UNAB
“Esta noticia es un golpe duro para nuestra institución, la que hace 60 años él, junto con Armando Puyana, fueron artífices de la creación del Instituto Caldas. Esto lo hace recordar como una de las personas que crearon un diseño educativo con principios. Ahora con la muerte del doctor Gómez Gómez queda un vacío grande, pues él era el presidente de la Junta Directiva, una persona que siempre brindó opiniones positivas y acertadas. Eso es algo indudable.
Era un real ejemplo de cómo se hacen bien las cosas, fue alguien que inició su carrera política desde temprano, lo hizo como concejal, diputado, congresista,  en ministerios y embajadas de Colombia. Su desempeño y pulcritud fue a toda prueba. Un ejemplo de desprendimiento para entregárselos a la ciudad, el departamento y la nación, siempre para el bien del país. Será alguien grande e inmemorable”.

Isabel Ortiz
Integrante junta directiva
de la Fundación Mujer y Futuro
“Fue un hombre muy respetable, muy comprometido con las ideas liberales. Su fallecimiento es una gran pérdida para el departamento. El Instituto Caldas y la Universidad Autónoma de Bucaramanga son un gran legado suyo para Santander”.

                   

Publicada por
Eduardo Durán
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