Promoviendo el uso responsable del arte urbano y transmitiendo un nuevo concepto estético del espacio público, dos artistas bogotanos le regalaron a la Ciudad Bonita una de sus obras.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Ellos van recorriendo las ciudades de Colombia ‘a la caza’ de muros o de otras superficies con el único fin de plasmar su talento artístico.
Les dicen grafiteros, pero ellos prefieren ‘autobautizarse’ como ‘escritores urbanos’ que transmiten una estética propia.
Hablamos de Tone y Beek, un publicista de 29 años y un diseñador industrial de 31, quienes estuvieron de paso por Bucaramanga regalándonos una de sus obras.
Para ello, seleccionaron un paredón de la calle 45 con carrera 21 y en un espacio de 27 metros cuadrados elaboraron un bello mural.
No le asignaron un título específico a la obra, solo la definieron como: “el registro de una persona que se deleita con la frescura de la Ciudad Bonita y que se sumerge, durante unos minutos, en el mundo de esos sonidos que se combinan y que se convierten en el imán de los sentidos”.
En esta tarea, los artistas emplearon dos días de su tiempo y 48 tarros de aerosol. Es más, por su pintura la ciudad no tuvo que pagar ni un solo peso.
Ellos han convertido esta rutina artística en un auténtico estilo de vida. Y se han acostumbrado tanto a esta práctica que, se puede decir que han ‘pintado a media Colombia’.
Para Tone y Beek, los ciudadanos no se cansan de voltear sus ojos al arte urbano y están seguros de que este tipo de obras, que nos maravillan, evolucionarán tal y como lo hizo en su tiempo el llamado graffiti.
Los dos ven la técnica de la ‘escritura urbana’ y del arte como un árbol con muchas ramas que, al fin de cuentas, nacen del mismo tronco y embellecen el entorno.












