El pasado 28 de marzo un nuevo caso de ataque con ácido sulfúrico conmovió al país y despertó la solidaridad de los colombianos. Vanguardia Liberal cuenta la tragedia que ha vivido la familia de Natalia Ponce de León, la lucha de la primera víctima quemada con ácido del país y la ley que se sancionó contra este delito pero que nunca se reglamentó.

Publicado por: PAOLA PATIÑO
Natalia Ponce de León es la mujer de 33 años que le puso nombre y apellido a la tragedia que cientos de colombianos han padecido al ser víctimas de ataques con ácido y hoy, por cosas de la vida, pasaron solo a engrosar una cifra más de Medicina Legal.
Vanguardia Liberal habló con Marina Gutiérrez de Piñeres, tía de Natalia, quien la ha estado acompañando desde el primer día que sucedió la tragedia, la cual resume con lágrimas en su rostro, en una frase, “no sé dónde está el alma, pero me duele”.
Así, con una voz quebrada, con muchas preguntas en su cabeza, la tía de “Nati”, como le dice de cariño, cuenta los momentos que ha vivido la familia desde el pasado 28 de marzo, cuando un hombre, al parecer Jonathan Vega, vecino de su sobrina, decidió quemarle con ácido sulfúrico gran parte del rostro y del cuerpo, del cual, según su tía, lo único que no apagó, “fue la esperanza en sus ojos”.
PREGUNTAS Y RESPUESTAS
¿Quién es Natalia Ponce de León?
‘Nati’ es una niña, que se crió en Bogotá y allá estudió artes audiovisuales pero que constantemente visitaba Bucaramanga porque también tenemos sangre santandereana. Realizó unos estudios de inglés en Londres y ahora tiene una microempresa de confecciones junto a otras familiares, pero algo pequeño. Ella es una joven de clase media, no es rica y lucha cada día por salir adelante como lo hace cualquier colombiano.
Es una niña bondadosa. Es consentida porque es la única mujer de tres hijos, ella es la de la mitad.
Tan querida es que cuando yo llegué al hospital, porque a mi hermana (mamá de Natalia) le dio un problema en el corazón y la enviaron a cuidados intensivos dos días, había una montañita al lado del centro de salud, en donde habían unos 150 amigos de Natalia.
¿Cómo ha sido este proceso desde el pasado 28 de marzo que ocurrió el ataque con ácido contra Natalia?
Es una sensación que uno cuando cuenta que le duele el alma pero no sabe qué es lo que le duele, no sé dónde está el alma, pero duele. Es una sensación de impotencia, de incredulidad.
Siempre he estado muy pendiente del tema de los ataques con ácido y hace poco estuve muy pendiente de una señora quemada con ácido en Girón, pero nunca pensé que nos pasara.
¿Cómo se encuentra la familia después de este difícil episodio?
Pues es un cambio de vida completo, con unas consecuencias desastrosas desde el punto de vista psicológico. De empezar a no creer a veces en muchas cosas, pero también nos ha fortalecido y nos ha unido como familia. Creemos mucho más en el país y en la gente buena de Colombia porque la solidaridad con Natalia ha sido única, y eso demuestra que estamos cansados de estas atrocidades.
Aunque ya se conoce la identidad del presunto agresor, quien fue al parecer exnovio y vecino de Natalia, ¿ustedes sabían antes de la captura quién quería hacerle daño a ella y por qué?
Ese es otro de los temas con el cual uno se duerme y se levanta intranquilo, no tenemos ni idea, la verdad no sabemos. Natalia no perdió el conocimiento y ella no reconoció a la persona que la atacó.
El portero llamó a Natalia a decirle que una persona la estaba buscando, se trataba supuestamente de un amigo de toda la vida. Además, ‘Nati’ ya iba saliendo de la casa y le dijo al celador -dígale que me espere que ya voy saliendo-. Dejó unas cajas en la portería y cuando abrió la puerta del edificio había una persona que ella no conocía y le arrojó el ácido por la cara. Y no una, le arrojó dos veces el químico y después en el cuerpo. O sea, tiraron a acabar a la niña, pero no van a ser capaces, porque ‘Nati’ es una guerrera, una luchadora.
¿Ustedes conocían a Jonathan Vega?
Yo no lo conocía, tengo entendido que fue vecino de Natalia, cuando vivía con su familia, papás, hermanos. Se conocieron alguna vez, es todo lo que yo sé. ‘Nati’ ni se acordaba del apellido.
¿Qué dice Natalia?
Yo no sé qué dice Natalia, sé que ella ya sabe. Lo que sí sé es lo que pensamos como familia, pues el viernes en la noche, después de la captura, estuvimos hablando que es un hecho lamentable también para la familia de este señor, pero como tía de Natalia lo único que uno espera es que la justicia divina lo perdone y la colombiana lo condene con todo su rigor.
¿Cree que el caso de su sobrina le dio más visibilidad a un tema, que si bien existe y ha sonado hace mucho, hasta ahora el Gobierno hace pronunciamientos al respecto y actúa de manera rápida en atrapar al agresor?
Esto de Natalia ha sido como un llamado a que despertemos en Colombia por estos delitos que eran tipificados hasta el año pasado como lesiones personales, completamente excarcelables.
Hoy en día hay una ley, la 1639 que lo vuelve un delito no excarcelable pero lo enmarcan dependiendo de las lesiones que le haga a las personas. Yo esa parte no la entiendo por una razón muy sencilla: porque el bandido, o el hombre o mujer loca que haya lanzado el ácido solo logró quemarle un brazo, ¿entonces es menos culpable que el que logró echarle todo el ácido a la persona? El delito es la intención en hacer semejante daño.
Me imagino que el que se lo hizo a Natalia va a tener la pena máxima porque a ella le quemaron el 37% del cuerpo. A ‘Nati’ le quemaron la cara, los brazos, parte del tronco y una de las piernas.
Pero a la niña Pulgarín que también fue atacada con ácido hace cuatro días, porque no le cayó sino en la espalda le van a poner la pena mínima porque la quemó poquito. ¡Pero la pudo quemar toda! Esa fue la intención.
¿Además de las heridas, qué tiene de diferente este proceso de Natalia con las demás víctimas?
¿Qué le he visto yo a este proceso? Que le estamos poniendo nombre a la víctima, porque Natalia no es una más. Las redes sociales y sus amigos se han solidarizado con ella. Y víctimas somos todos.
Ella ya despertó, ya le han hecho tres cirugías, ¿cómo ha reaccionado a todo esto?
Las personas que conocen de este tema dicen que a ‘Nati’ hay que realizarle más o menos unas 60 cirugías porque la verdad estuvo muy afectada. Los médicos dicen que el empuje de Natalia les ha ayudado mucho.
Hace cuatro días pidió que la levantaran de la cama: era como ver una película en donde salen momias, así está ‘Nati’, llena de vendas. Ella está secuestrada dentro de unas vendas porque no tiene piel. Le quemaron la dermis, la epidermis por eso se dice que son quemaduras de tercer grado. Gracias a Dios no le tocó ni los músculos, ni los cartílagos, ni los huesos, entonces va bien.
Le están haciendo un tratamiento especial que lo empezaron a hacer en África que es el país con más quemados de toda índole y ha tenido muy buenos resultados. O sea Natalia está en las mejores manos, el primero es ‘Diosito’ y la Virgen; el resto los médicos y toda la sociedad.
En julio del año pasado el Presidente sancionó la ley 1639 que aumentaba las penas para agresores de este tipo y creaba una ruta integral a las víctimas. Pese a esto, esta ley nunca se reglamentó, ¿qué opina frente a esto?
Yo no sé qué se venga hacia adelante. En este momento lo que le están haciendo a Natalia es limpiándola: la primera operación que le hicieron fue un raspado para que el ácido que quedó dentro de la piel no siguiera haciendo daño y no siguiera profundizando; En la evaluación se determinó que no le llegó a ningún órgano vital, porque le encontraron quemaduras en la boca, e inmediatamente le hicieron una endoscopia para ver si había entrado y gracias a Dios no. Los ojitos también, ya está empezando a ver colores.
Esa primera etapa no tiene problemas porque está cubierta por el POS. Lo que a nosotros nos preocupa es la reconstrucción física de Natalia, porque cuando ella se vea en el espejo va a ser otra persona, no va a ser ella físicamente. Y como la ley no está reglamentada, no sabemos hasta dónde le cubren los tratamientos y cirugías que va a necesitar.
Y si está todo tan cubierto como dijo el jueves el Ministerio de Salud, entonces si a Natalia tienen que llevarla a Suiza para operarla pues el Gobierno debe pagarle todo. Y no solamente a Natalia, sino también a la señora Pulgarín, a la señora de Girón y a todas las víctimas.
¿Sabía que cualquier persona con cédula y con dar unos datos, puede comprar ácido sulfúrico, el mismo que le echaron a su sobrina?
Ese es otro tema que también deben reglamentar y no están cumpliendo, el control de estas sustancias. Pero como eso toca el bolsillo de las empresas, ellas, me imagino, no querrán que se las vendan tan controladas.
¿Qué mensaje le da a Natalia y a todas las personas que han sido víctimas de ataques con ácido?
A ‘Nati’, (se entrecorta la voz) le digo que todos nosotros estamos con ella. ‘Nati’ le manda un mensaje a todos, que no desfallezcan en la lucha, que no dejen que se apague esto que están emprendiendo.
A las personas que también han sido víctimas de esto, que uno, desafortunadamente, no entiende la dimensión de una tragedia de estas hasta que no lo vive en carne propia. Y a las que no la han vivido, que Dios quiera que no les vaya a pasar, pero si no les ha pasado que no sean indiferentes.
UNA LEY QUE QUEDÓ EN EL PAPEL
El pasado 2 de julio de 2013 el presidente Juan Manuel Santos sancionó la Ley 1639 que fortalecía las medidas de protección a la integridad de las víctimas de ataques con ácido, entre las que incluía penas no excarcelables entre 1 y 10 años de cárcel, según la gravedad del ataque y regulación por parte del Estado en la venta de este tipo de sustancias.
Sin embargo, aunque el Gobierno tenía un plazo de seis meses para reglamentar la norma, al día de hoy, nueves meses después, venció el plazo y no se han conocido avances respecto al asunto.
Esta casa editorial habló con Gloria Stella Díaz, representante del Movimiento político Mira, quien junto al exrepresentante Óscar de Jesús Marín del partido Liberal, fueron los impulsores de la Ley.
Díaz asegura que el Ministerio de Salud y Protección Social debía reglamentar esta norma, pero no lo ha hecho. “Es injustificable que un protocolo que se puede hacer en 36 o 48 horas no se haga. Esto es desidia”, asegura la Congresista.
La única respuesta que ha dado al respecto el Ministerio de Salud, ocurrió el pasado jueves a través de un pronunciamiento del viceministro, Norman Julio Muñoz, quien aseguró que las cirugías plásticas y tratamiento psicológico para las víctimas de ataques con ácido están clasificados dentro de la norma del Gran Quemado y se encuentran dentro del Plan Obligatorio de Salud, POS.
“Si hubiera alguna que no estuviera incluida y que fuera necesaria, el sistema a través del Fosyga la reconocería. Básicamente esas cirugías hoy no necesitaban reglamentación ya que varios de los temas reconstructivos y cirugías necesarias están incluidas”, dijo el funcionario.
Frente a esto, Luis Eduardo Bermúdez, cirujano plástico, quien hace parte del grupo médico que apoya la Fundación Reconstruyendo Rostros, asegura que “un 20% de los pacientes que sufren ataques con ácidos corren con la suerte de tener cubierto su tratamiento, pero el otro 80% no les cubre todo”.
Además de esto, se deben enfrentar a todas las trabas que el sistema les pone, así como a tutelas, que pueden ser negadas.
Finalmente, personas como Gina Potes tienen que endeudarse con bancos y entidades financieras o recurrir a la ayuda de las personas para lograr acceder a cirugías que pueden costar hasta $30 millones y que según el POS, son consideradas como estéticas por lo que no las cubren.
RECONSTRUYENDO ROSTROS: LA HISTORIA DE LA PRIMERA VÍCTIMA DE ATAQUE CON ÁCIDO EN COLOMBIA
Gina Potes es la primera víctima de ataques con agentes químicos en Colombia. Fue atacada en octubre de 1996 cuando tenía 20 años, donde resultaron heridos también su hijo de 3 años y su hermana de 12 para la fecha de los hechos.
A partir de una experiencia que le cambió su vida por completo y causó tanto dolor, Potes decidió crear hace aproximadamente 10 años la Fundación Reconstruyendo Rostros.
“Lo único que pretendemos es dar acompañamiento, que no se sientan solas, donde podamos enseñarles, apoyarlas, porque son tantas las necesidades que tienen las mujeres atacadas con agentes químicos, que estamos prestos para trabajar por ellas”.
Esta organización cuenta hoy en día con más de 40 mujeres de todas las regiones del país, las cuales, al igual que Gina o Natalia, han padecido la tragedia de ser quemadas con químicos y no suficiente con esto, han tenido que batallar con el Estado para lograr conseguir las cirugías que sus rostros y cuerpos necesitan para poder recuperar algo de lo que algún día fueron. Han logrado el apoyo de la Secretaría de la Mujer en Bogotá, de la cual también hace parte Gina.
“La Fundación está siendo sostenida por el bolsillo de Gina Potes, que digamos no es que esté muy bueno, y entonces hago un llamado a toda la comunidad que quiera apoyarnos, médicos, talento humano. Que nos apoyen y ayuden a salir adelante”, clama Potes.
En el caso de esta mujer, quien lleva 26 intervenciones quirúrgicas, han pasado 18 años sin que se capturen a los responsables de su agresión, que según cuenta, aún hoy la siguen amenazando a ella y a su familia por lo que cuenta con un esquema de seguridad que le brindó la Unidad de Protección.
“Nada pasa, nadie da resultados, nadie da respuestas. Entonces muchas veces prefiero quedarme callada, prefiero no denunciar, prefiero dar un paso atrás y quedarme como en el vacío que nadie sepa nada porque es muy difícil cuando están en riesgo tú vida y la de tu familia”, narra Gina.
Aunque la mujer cuenta con orgullo que ha vuelto a ser amada, “a sentir una caricia, un beso, lo que es que te miren bonito y te digan que eres la mujer más bonita del mundo” y además, ha podido trabajar también por otras mujeres, lastimosamente no es una realidad muy común entre el resto de víctimas quemadas con químicos, en donde la discriminación, el rechazo por una cicatriz y la falta de oportunidades laborales, son solo algunos de los problemas que deben enfrentar a diario en el país.
“No es nada fácil, primero partamos que el ser mujer en nuestra sociedad colombiana no es fácil, y ahora menos con una cicatriz tan aberrante a la que hemos tenido que estar sometidas”.













