Nunca ha entendido por qué nació sin brazos y sin piernas, pero esto no ha sido excusa para salir adelante y lograr ser motivador, empresario, actor, deportista y padre. Este ser excepcional, conocido como el hombre sin límites, estuvo nuevamente en Bucaramanga dando su mensaje.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
Salió y se posó frente al auditorio que lo esperaba con ansias. Un hombre corpulento es el encargado de alzarlo y trasladarlo cuando no está en su silla de ruedas. Tiene como misión arreglar sus prendas de vestir, acomodarle el micrófono y vigilar que nada se salga de control durante la intervención de este trotamundos, oriundo de Melbourne, Australia.
Un grupo de niños, acompañados de sus papás, fue el más emocionado con este encuentro, en especial, porque podían dirigirse a este hombre de 31 años en su idioma natal, el inglés.
Llegó el momento de la conferencia. Una mujer que actuaba como su intérprete lo siguió fielmente en cada frase pronunciada, incluso, en los gestos y sonrisas que este orador entregaba al pronunciar cada uno de sus positivos mensajes.
Nick Vujicic, conocido como el hombre sin brazos y sin piernas, que ha conmovido a miles de personas con su historia de superación, el que ha logrado muchas de las cosas que se ha propuesto en su vida -desde ser orador, conquistar al amor de su vida, hasta ser padre de familia-, una vez más conmovió a los bumangueses.
El australiano al que no le ha dado vergüenza contar que durante años contempló la posibilidad de quitarse la vida por el constante acoso en la escuela; el ‘valiente Nick’, como lo llaman algunos, el que dice con gracia que se ha caído y se ha golpeado las rodillas y que asegura conservar un par de zapatos en su closet, por si acaso algo ocurre, una vez más hizo que niños, jóvenes y adultos dejaran rodar una lágrima por sus rostros al afirmar que nada es imposible: “Puedo nadar, puedo saltar de un paracaídas, puedo abrazar a alguien y puedo soñar. Nada es imposible, si crees”, le dijo al auditorio.
No guarda silencio
Al menos diez personas en el mundo padecen el síndrome de Tetra-amelia, un trastorno congénito que se caracteriza porque la persona nace sin brazos y sin piernas.
Nick ya no le busca explicación a esto. Se ha dedicado a enfrentar al mundo con acciones, con la fe que le imprime a cada proyecto que emprende y que saca a la luz cada vez que se lo propone, ante la mirada de cientos de incrédulos que se niegan y dicen “es imposible”.
Y es que para este experto en finanzas y comercio nada es imposible. Practica natación y surfing, se lanza en paracaídas, monta patineta, practica golf, escribe con la boca y hasta logra escribir en una computadora. Lo más importante y lo que más resalta es que logra reunir a cientos de seguidores durante varias horas para que lo escuchen y entiendan su mensaje.
“Si tu puedes hacer la diferencia en la vida de una persona es un gozo que nadie puede reemplazar”, asegura a los asistentes mientras se moviliza por la mesa en la que está montado. “Cuando hablé por primera vez lo hice frente a 300 adolescentes. Tenía algo de nervios, mis manos sudaban y tenía que hablar por siete minutos. Uno de ellos levantó la mano y dijo “perdóname por interrumpir, ¿le puedo dar un abrazo?” Creo que desde ese día no guardo silencio”, asegura.
Pero no siempre fue así. Este hombre recuerda que la persona que más lo motivó a ser quien es fue un técnico de mantenimiento de su escuela, con el que hablaba todos los días durante una hora, mientras esperaba el vehículo que lo recogía y lo llevaba a casa. “Hablábamos de sexo, matrimonios, guerras, religión… Un día él me dijo que iba a ser un orador. Me invitó a compartir mi historia en un grupo de personas y le dije que no tenía historia. Entonces me torció un brazo (risas) y me hizo hablar frente a esas personas. Cuando hablé ellos empezaron a llorar y podía ver que algo pasaba. No pensé mucho en eso en ese momento hasta que empecé a hablar más y más”, recuerda Nick.
La despedida
Al terminar su intervención Nick se nota cansado, en medio del agite de los políticos que entregan condecoraciones en oro, que le piden que pose para tomarse fotografías y que no le hablan en su idioma. Tras los abrazos de niños que le sonríen, de mamás que buscan decirle que lo admiran y de cientos de jóvenes que buscan que les firme su libro dice que sí hablará con la prensa.
Asegura que su estado de salud es perfecto, que hay tantas personas que lo cuidan que no existe espacio para las enfermedades. Comenta que su esposa es el amor de su vida, que lo supo desde que se vieron por primera vez, a pesar de que ella tenía pareja y un compromiso. Pero lo que ilumina su mirada y lo abstrae del bullicio y el acoso de las cámaras es el tema de ser papá. “Me ha cambiado. Tengo aún más aprecio por el milagro de la vida y admiro aún más a mis papás por lo que hicieron. Yo sé que no voy a ser el padre perfecto, pero sé que no será el único de mis hijos. Kiyoshi (su hijo) es un sueño hecho realidad”, concluye antes de partir.


















