Viernes 10 de Enero de 2014 - 02:28 PM

Los Cuero Muñoz y la historia de sus luchas

La historia de un campeón de la lucha grecorromana y sus hermanos, que han labrado su carrera deportiva en Santander y hoy son fichas de Colombia en los Juegos Olímpicos de 2016, en Brasil.
Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
Los Cuero Muñoz y la historia de sus luchas
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

En medio de una sala color celeste, sentado frente a la mesa del comedor, viendo pasar las páginas de los viejos álbumes de fotografía de su familia, Jair Alexis Cuero Muñoz repasa sus 20 años de vida.

Todo es distinto a lo que vivía cuando apenas era un niño y sus papás se enfrentaban a la vida en una lucha constante. Su primer asalto fue en Itagüí, Antioquia, donde Luz Estela y Carlos Segundo se conocieron y se juraron amor eterno. Allí nació la mayor de los Cuero, Aidé, también luchadora. Tras decidir que su futuro estaba frente al mar de Machala, en Ecuador, llegó el segundo round para los Cuero: los primeros pasos de Jair. Bastaron cinco años lejos de casa y los padres Cuero Muñoz decidieron regresar a Colombia.

Su combate continuó en Pereira, donde administraron una finca durante un tiempo y aguardaron la llegada del último de los tres luchadores estrella de Colombia: Úber Euclides.

Ella, sumida en extenuantes jornadas como empleada del servicio. Él, en medio de la mezcla del cemento, los ladrillos y las porras en las obras de construcción. Así pasaron los días, los meses y los años, asegura Jair Alexis, que de vez en cuando pasa la página con sus fotos, para que no se detalle la delgadez de sus cuerpos y las condiciones precarias en las que vivían.

Este luchador de 20 años, promesa de este deporte en Colombia, que brilló en los pasados Juegos Bolivarianos en Trujillo, Perú, es parco al hablar sobre su vida íntima y familiar. Suelta frases cortas, responde con monosílabos. De vez en cuando deja ver una sonrisa, esa que le recuerda a quien lo escucha que alguna travesura infantil que no se puede revelar debe estar pasando por su mente.

Al fondo se escucha un vallenato, el ladrido de un perro y los gritos de los niños que corren por los pasillos del edificio donde vive hoy con su familia en San Francisco. De vez en cuando pasan sus hermanos y lo saludan. Él, tímido, escasamente levanta la mirada, mientras se acomoda su collar y su gorra.

Luce como un rapero, con camisas deportivas, tenis y pantalones anchos. “Viste bien”, como dice su entrenador Sergio Arias. “Es que es un duro para levantarse nenas. Toca espantarlas”, añade el hombre que lo ha formado y lo ha llevado a la cima del éxito.

Al entrar un poco más en confianza, Jair Alexis cuenta que vive contento por sus triunfos y en especial porque puede brindarle una vida digna a su mamá. Atrás quedaron los años que vivió en Villa Rosa, cuando debía quedarse encerrado en una habitación con sus hermanos, hasta que sus padres regresaran de trabajar. El almuerzo, según recuerda, era lo único seguro. El desayuno y la comida solo se servían en la familia Cuero Muñoz cuando el padre no salía a trabajar.

Sopa y arroz era el plato fuerte, que se intercalaba con agua de panela y crispetas. “A veces no aguantábamos y le decíamos a mis papás que teníamos mucha hambre. Él no podía hacer más”, recuerda Jair.

Antes de llegar la oportunidad de entrar a la lucha libre y grecorromana, Jair Alexis cuidaba a sus hermanos, en medio de un contexto marcado por la violencia y el consumo de drogas. Él asegura que nunca cayó en eso, que lo máximo que veía era cómo algunos jóvenes tomaban sin permiso algunas gaseosas de los carros que las repartían en las tiendas y cómo se robaban las frutas de las fincas cercanas.

Cuando conoció el deporte, éste se convirtió en su principal motivación. Tenía que ir al estadio a diario, caminando, subiendo y bajando los quinientos escalones, con lo poco que guardaba en el estómago.

Detrás de él se fueron Aidé y Úber. La noticia de que los tres serían luchadores fue bien acogida por los padres Cuero Muñoz, quienes no ahorraron esfuerzo y salieron de Villa Rosa, trazando un futuro mejor para sus hijos.

“Criados a trancazos”

Luz Estela Muñoz tiene 47 años y es testigo fiel del éxito de sus hijos. Aún se ve afectada por la muerte inesperada de Carlos Segundo, quien partió de este mundo hace un año y seis meses, cuando sufrió un infarto mientras trabajaba en una obra de construcción. Y es que 23 años de matrimonio no se pueden olvidar, comenta esta mujer.

“El no los verá en los Olímpicos, pero sé que los está acompañando desde el cielo”, dice con su acento paisa.   

Gracias al apoyo del Indersantander y de Coldeportes, sus largas jornadas aseando casas ajenas ya son historia. Ahora es ama de casa, está al tanto de la dieta de sus hijos y los cuida.

Recuerda que Carlos fue pescador, que ganaba bien sacando tiburones, que también fue albañil y que la mejor decisión que tomaron fue salir de Villa Rosa.

También recuerda que durante una época fue deportista, que jugaba baloncesto no por entrar a un equipo, sino para crecer unos cuantos centímetros.

“Siempre quise que mis hijos estudiaran. Mi aporte en el hogar era darles el estudio, por encima de cualquier cosa. Ahora ya están en la universidad, lo que me tiene contenta y tranquila”, dice esta mamá.

Según cuenta, lo que más admira de sus hijos es la disciplina y la dedicación por el deporte.

“No sabe cuántas veces me le pegué a Dios para que no les pasara nada por esas escaleras, para que no cogieran malos vicios y para que cambiaran su rumbo. Tengo que decirlo, ellos fueron criados a los trancazos, como se dice”.

Más allá del deporte, de los entrenamientos, las dietas y los entrenamientos, Luz Estela asegura que debe dar otra lucha, las mujeres que frecuentan a Jair Alexis. “Usted no se imagina el reguero de muchachitas que lo buscan. No crea, no es fácil”.

La expresión del rostro del luchador cambia por completo. Sonríe avergonzado. “Tengo una sola mujer, mi novia. ¡Mamá no diga lo que no es!”, añade.

Una apuesta sin fin

Sergio Arias Herrera es un reconocido entrenador de lucha en la región, que vio en Jair, Aidé y Úber unos potenciales deportistas. Junto a los hermanos Cuero ha alcanzado mucho éxito en su carrera, pero sabe que su mayor meta está fijada en los juegos Olímpicos de 2016, a donde espera llevar a Jair y Úber como miembros de la selección nacional de lucha.

Sus mejores luchadores, según cuenta, fueron encontrados en el Colegio Bucaramanga. Allí repartía publicidad y hablaba con los padres para que llevaron a  sus hijos hasta el estadio Alfonso Flórez y así poder entrenarlos.

Recuerda que los niños que asistían a esta escuela eran hijos de guerrilleros, paramilitares y de reclusos de la Cárcel Modelo, que tenían que vivir en medio del peligro y cuyos padres buscaban alejarlos de ese contexto. El deporte, según Sergio, era la mejor salida.

“Recibía llamadas desde la cárcel y de lugares apartados donde me pedían que los cuidara. Esto, como ha ocurrido con la mayoría de deporte en Colombia, es una realidad. No podemos desconocer que la mayoría de nuestros deportistas viven en precarias condiciones”, comenta el entrenador.

De los hermanos Cuero no tiene queja, solo que han crecido, que quieren hacer muchas locuras -entre esas comprarse una motocicleta- y que las mujeres no los dejan tranquilos. “Ellos nacieron para ser campeones. Desde que los vi sabía que llegarían lejos. Además, han viajado, han ganado muchas medallas y son reconocidos. Son una apuesta importante en mi carrera como entrenador y sé que llegaremos lejos”, comenta Sergio.

Lo que viene

Prepararse para juegos y competencias nacionales e internacionales, que le darán la entrada a los Olímpicos de Río de Janeiro, es la principal misión de Jair.

Otro de sus retos es ingresar a la Universidad de Pamplona junto con su hermano Úber, para estudiar  tecnología deportiva.

Este año se hablará mucho de los Cuero, aseguran los expertos, pues detrás de luchadoras como Jackeline Rentería, ellos marcan la pauta por su buena condición física y la técnica desarrollada en este deporte.

Queda sumar puntos en los juegos suramericanos de Santiago de Chile, a desarrollarse este año, así como los juegos Centroamericanos y del Caribe, que se realizarán en Veracruz, México, y los Juegos Panamericanos, en Toronto, Canadá, que se preparan para el 2015.

“Creo que son muchas luchas las que aún me falta librar, pero la principal y que sé que ganaré es conseguirle una casa a mi familia”, concluye Jair Alexis.

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