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Lunes 29 de Mayo de 2017 - 10:17 AM

Tres minutos antes del 'diluvio' en el Río Sogamoso

Los cultivos, casas y sueños de decenas de familias santandereanas que vivían en el sector de La Playa, en inmediaciones a la imponente represa, quedaron bajo las fuertes aguas del Río Sogamoso.
FABIÁN HERNÁNDEZ/VANGUARDIA LIBERAL
Dos mil metros cúbicos de agua por segundo cayeron de la represa al río Sogamoso con una fuerza apenas comparable al que imprimen las cataratas de Niagara.
(Foto: FABIÁN HERNÁNDEZ/VANGUARDIA LIBERAL)
FABIÁN HERNÁNDEZ/VANGUARDIA LIBERAL
Panorama de los agricultores y pescadores afectados por la apertura de compuertas de Hidrosogamoso.
(Foto: FABIÁN HERNÁNDEZ/VANGUARDIA LIBERAL)
FABIÁN HERNÁNDEZ/VANGUARDIA LIBERAL
La tierra que era fértil ahora tiene olor a moho, los frutos del maizal se pudrieron en su capullo y el suelo de los sembradíos que cuidaron devoción están tapizados con las grandes hojas secas de las plataneras.
(Foto: FABIÁN HERNÁNDEZ/VANGUARDIA LIBERAL)

Pasaban las 3:00 de la tarde cuando Adolfo Bonilla recibió la llamada que sentenció a muerte sus cultivos de plátano, yuca, tomate y maíz. Campesino de profesión, Adolfo se encontraba al lado de sus matas de tomate, sembradas en la finca ubicada cerca al paso del río Sogamoso,a unos 30 minutos en canoa de La Playa, en Betulia, Santander.

- ¡Rápido! Sálgase de ahí. Abrieron las compuertas de la represa... 

Evelio Muñoz, su vecino le avisó de la apertura de las compuertas del Embalse de Topocoro. Bonilla dejó entonces de colgar los pequeños racimos de tomate que recién nacían en los tendederos de cabuya para mirar río arriba. Lo único que divisó fue una especie de humo extraño que contrastaba con el recio sol que golpea como látigo en esta zona del Magdalena Medio.

Adolfo comprendió al instante. No era humo. Dos mil metros cúbicos de agua por segundo caían de la represa al río Sogamoso con una fuerza apenas comparable al que imprime las cataratas de Niagara.

A esa hora, Nelson Suárez, otro campesino de Betulia, recibió vía teléfono celular la misma notificación. Desde una tienda en La Playa le avisaron que de la mole de concreto construida entre las montañas dejaba salir el agua correspondiente a las lluvias de abril y mayo.

Nelson no lo pensó dos veces y comenzó a recoger los frutos de sus cultivos de plátano y maíz. Sin entender la magnitud de la emergencia venidera llamó a sus trabajadores para pedir ayuda. Al poco tiempo, cuando sintió el agua llegar a sus tobillos, decidió cargar su canoa con sus enseres más preciados. Colchones, cuatro kilos de plátano, su radio, algunas camisas y pantalones se amarraron a la canoa. Resignado comenzó a subir el río Sogamoso.

(Lea también: Abrieron las compuertas del embalse de Hidrosogamoso)

Tres minutos bastaron para que el agua que al principio les mojaba los zapatos cubriera todo lo sembrado. Un año de trabajo quedó bajo un metro de agua oscura.

Cuando Bonilla y Suárez llegaron a refugiarse en la casa de algunos solidarios pobladores de La Playa moría la tarde de ese miércoles 26 de abril, fecha que aún no olvidan los cerca de 50 campesinos afectados de la zona.

La mole

Desde La Playa, río arriba, se ve imponente parte de la que fue llamadauna de las obras de ingeniería más ambiciosas de los últimos tiempos en Santander: la Hidroeléctrica de Sogamoso.

Ubicada en el Río Sogamoso, esta construcción inaugurada en diciembre de 2014 forma un cañón que conecta a la Serranía de la Paz, con la unión de los ríos Suárez y Chicamocha y la desembocadura del Río Magdalena. Sus 7 mil hectáreas de embalse lo convierten en el más grande del paísgenerandoademás el 10% de la energía que consume Colombia al año.

El embalse bautizado Topocoro, que mide el equivalente a 3.500 estadios Maracaná, se construyó en cerca de tres años y está ubicado solo a una hora y media en carro de Bucaramanga.

(Vea también: Reportan inundaciones en Santander por apertura de compuertas de Hidrosogamoso)

Al tener una capacidad de almacenamiento de 4.800 millones de metros cúbicos de agua esta gigante estructura, que cambió para siempre el paisaje de la región, prometía nunca desbordarse y, por lo tanto, nunca tener que generar la apertura de sus compuertas. Pero sucedió.

Angustia 30 días después

Un mes después, el dolor de la pérdida en tiempo y dinero todavía agobian a Adolfo. En su cara se refleja una mezcla de impotencia y nostalgia. Con ojos vidriosos y voz entrecortada narra con resignación lo que el agua le quitó.

Adolfo, de 52 años, volvió a su terreno cinco días después de la apertura de compuertas. Para ese tiempo los nervios y el caudal habían cedido un poco. Caminó entre la tierra de río. Recordó su día a día, cuando se despertaba a las seis de la mañana a trabajar hasta que cayera el solpor estas matas que le ayudarona sacar adelante a sus doshijos.

Adolfo y Nelson parecen a ratos agarrarse de las vivencias del pasado porque el presente asusta. Viven de la caridad de los pobladores de La Playa, como otros trabajadores que llegaron mojados, y en romería. Su única posesión ahora es la ropa que tienen puesta. No saben si pueden volver a sembrar. Si las compuertas volverán a abrirse o si pueden vivir y trabajaren este sector, bajo la amenaza que les genera el embalse.

La historia de estos campesinos se repite con cultivadores de Barrancabermeja, Betulia, Sabana de Torres y Puerto Wilches, afectados por la apertura de compuertas de la Hidroeléctrica, que aumentó los caudales de los ríos Sogamoso y Magdalena. Los damnificados están a la espera de soluciones o indemnizaciones por parte de Isagen o del Gobierno de Santander. No obstante, a un mes del vertimiento todavía no hay luz verde que garantice algún tipo de reparación.

Y parece que esa ayuda no llegará. De acuerdo con el director de Gestión del Riesgo de Santander, Capitán Ramón Ramírez, los campesinos afectados tienen que presentar los títulos de propiedad de los sectores inundados además de certificar que sus cultivos fueron sembrados en lugares alejados del caudal del río.

(Le puede interesar: Sigue en pie la acción popular contra Isagén)

Estos dos requisitos no los cumple Nelson Suárez, quien junto a su hermano decidieron sembrar una tierra que vieron vacía. Compraron lo necesario para que los plátanos, los papayos y el maíz crecieran y, con la ayuda de tres trabajadores, comenzaron con las labores propias del campesino: arar, sembrar, limpiar, cuidar y recoger los frutos.

El río se veía lejos de los cultivos para ese entonces, cerca de 20 metros dice Suárez, y fue esta razón la que lo motivó a sembrar. Ni en el invierno más cruel este santandereano había visto al río Sogamoso crecer tanto. Menos imaginó que Hidrosogamoso no podría contener la lluvia que pareció no acabar meses atrás.

El otrora río Sogamoso

De las buenas épocas del río Sogamoso, cuando albergaba a deportistas extremos y familias en busca de un sitio para sus paseos de olla, solo queda el recuerdo.

Pescadores del sector de La Playa, a un kilómetro de la represa, recuerdan con nostalgia los años en los que cada fin de semana llegaban visitantes en busca de un buen pescado frito o de una zona tranquila para bañarse con sus hijos.

El olor a sancocho, la bulla y los niños corriendo son extrañados en La Playa. El Imponente y temible río Sogamoso era el sitio perfecto para disputar los rápidos de alto nivel propios del rafting. Además, durante años fue considerado como la fábrica para los pescadores de la región pero en la actualidad, ni piedra se puede sacar.

De esto está seguro Antonio Torres Murillo, un poblador de La Playa, sobre la vía a Barrancabermeja, en Betulia, quien además sostiene que Hidrosogamoso les quitó la alegría.

"Este era un sitio predilecto y afortunado. Venía gente de Bucaramanga a disfrutar del clima y del río, que nunca nos dio problemas. Ahora nos queda es zozobra porque no sabemos qué sucederá".

Por las calles calurosas de La Playa parece que no les hace en gracia la que fue denominadacomo la obra de ingeniería más ambiciosa en el departamento. Desde antes de su inauguración los pobladores de este sector de Betulia comenzaron a reclamar sus derechos, sin que la mayoría de sus peticiones llegaran a oídos receptores.

(Vea también: ¿Cómo afectó Hidrosogamoso a ‘La Playita’?)

Lo que el agua quiso dejar

Para quien no tuvo la fortuna de visitar el río Sogamoso en sus épocas doradas, le tomará trabajo imaginar ese panorama de fiesta y calor a la orilla del río. El clima nublado y los constantes amagues de lluvia que por este tiempo azotan al sector desdibujan las grandes experiencias que pescadores y agricultores aseguran que tuvieron.

La sorpresa es mayor cuando se camina por los sembradíos, todavía con sus enormes plantas de plátano en pie pero negras, secas, con sus frutos verdes que no alcanzaron a ser recolectados y que fueron impregnados por el agua y la tierra dándole sabor y olor a podrido. Nilos gatos que rondan los cultivos de tomate o maíz se comen sus frutos. Estarán aptos para composta, pero no para alimentar a los hambrientos animales que llevan un mes esperando a que sus dueños decidan qué hacer: volver a sembrar o salir de esas tierras a buscarnuevos rumbos.

Bonilla recoge parte de la yuca que sembró pero el tubérculo se parte en dos, como si se tratara del más débil de los alimentos, como si el agua del Sogamoso lo hubiera convertido en cualquier producto de panadería que con el tacto se desmorona. Tanta comida en el suelo, colgada en sus árboles o enterrada que no puede ser consumida, que no puede ser llevada a las casas que refugiaron a los damnificados por la apertura de las compuertas.

El imponente y temible río Sogamoso ayudado por la mole entre las dos montañas ahogó las posibilidades de los pobladores de valerse por sí mismos. Ya no hay pesca y no hay turistas que visiten La Playa porque no hay pescado. El caudal no ayuda, baja constantemente o crece indomable en menos de 10 minutos, arrasando con cultivos y, de paso, con lo poco que les quedaba a los pobladores de este sector de Betulia.

Esperando respuestas

En su mecedora, Antonio Torres Murillo, un pescador con más de 30 años navegando el río Sogamoso, espera a que los miembros de la Hidroeléctrica bajen a La Playa para exponer la devastación que la represa les ha causado. Lleva 20 días sin salir con su atarraya a traer la comida a su casa porque no encuentra ni piedras.

Para Torres, como para los miembros de la Asociación de Pescadores del Sogamoso, Isagen les prometió el cielo y la tierra y solo les faltó firmar sobre mármol que la represa llegaba a una determinada cota y de ahí, por duro que fuera el invierno, nunca iba a pasar.

En los años que lleva el río Sogamoso sobre la faz de la tierra, ningún humano se había metido con su cauce, y los constructores de la Hidroeléctrica creyeron que sería fácil hacerlo. Este pensamiento es popular en La Playa. Torres, Suárez y Bonilla y decenas de habitantes de este sector esperan que un mes después de las inundaciones alguien les responda.

De acuerdo con Juan Esteban Flórez, director general de la Hidroeléctrica Sogamoso, reconoce que hubo afectaciones por la apertura. Sin embargo, considera que no obedece a una responsabilidad de la Hidroeléctrica sino que es consecuencia de una situación natural.

"Sin la represa la afectación hubiera sido mayor, porque nuestra cota recibió 3.500 metros cúbicos de agua por segundo y lo descargado fueron dos mil", explicó Flórez.

(Lea también: Se acordó negociación por llenado de represa de Hidrosogamoso)

Además, el encargado de Hidrosogamoso explicó que un mes antes del 26 de abril se avisó a pobladores cercados a la represa sobre la posibilidad de la apertura de compuertas con perifoneo y entrega de volantes.

Los encargados de la Hidroeléctrica no asumen reparación a los damnificados pero hacen un llamado a las autoridades locales para que sean estrictas con aquellos que arraiguen sus cultivos y viviendas en el cauce natural del río, acción que no está permitida por la legislación colombiana.

Ante la impávida respuesta de las autoridades, Suárez asegura con temple santandereano que Isagen sí tuvo la culpa de que sus cultivos murieran, de que su tierra fértil tuviera ahora olor a moho, de que los frutos del maizal estuvieran pudriéndose en su capullo y el suelo de la tierra que cuidó como propia estuviera tapizado con las grandes hojas secas de las plataneras.

"Dijeron que no era culpa de ellos sino del invierno, pero sí es culpa de la apertura de compuertas. El agua bajó tan fuerte que cogió para donde no era y nos dañó todo", sentenció.

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