Sábado 10 de Enero de 2015 - 12:01 AM

Un pintor de lo esencial

David Manzur desentraña fácilmente los misterios del dibujo y comparte sus conocimientos, que permiten a la audiencia preguntarse sobre la esencia de las cosas y la visualización diáfana de una idea.

Escuchar con atención al pintor David Manzur es hallar la unidad y la coherencia entre un artista y su obra. Sus palabras amables y la precisión de sus conceptos, que se caracterizan por una evidente independencia de criterio e inteligencia, recorren el espacio con la serenidad suficiente para surtir en su auditorio el efecto de una calma radiante, que brinda la certeza de comprender aspectos del arte que antes se nos presentaban de alguna manera confusos.

Esas ideas claras, presentadas de forma cordial, recorrieron el salón de exposiciones del colegio Aquileo Parra de Barichara durante la quinta edición de ‘Baricharte’, una exposición internacional de pintura en que David Manzur ofreció una conferencia taller, y la alcaldía, por medio de un decreto de honores, lo declaró ‘Hijo de Barichara’, enfatizó en la importancia de su presencia y celebró la decisión del artista de establecerse en estas tierras para crear su obras y difundir sus conocimientos.

Manzur, en sus palabras de agradecimiento, destacó a Barichara como “el lugar de la luz perfecta y la gente maravillosa; una tierra ideal para crear”. De esa manera, y en medio del entusiasmo de los asistentes, la conferencia taller se fue convirtiendo en un diálogo de asombros en que el tema del dibujo fue emergiendo hasta erigirse como el principal protagonista de la charla.

“En el artista, el dibujo es la esencia del pensamiento”, fueron sus palabras iniciales, con las que captó y orientó la atención de los asistentes hacia el poder de la línea, para luego explicar cómo esta emerge con sus cualidades expresivas. Demostró, con ejercicios sencillos, que la línea posee una energía, que exige la máxima atención del artista y cómo, una vez esta relación es armónica y comprendida, va surgiendo un conocimiento que se integra a las ideas que el artista, posteriormente, desarrollará en diversos temas de su interés.

David Manzur desentraña con facilidad los misterios del dibujo y comparte sus conocimientos, que permiten a la audiencia preguntarse sobre la esencia de las cosas y la visualización diáfana de una idea. Por ello es fácil comprender que David es un pintor de formas esenciales, que descubre cada vez más las infinitas posibilidades expresivas del dibujo, y que deja en sus obras no solo el simple desarrollo de un tema, sino que traspasa misteriosamente las alegorías y la simbología y las lleva a un terreno de serena comprensión de lo trascendente en el ser humano. Lo inmanente que tiene a veces la vida se ve retado por la invitación serena a superar los límites, a ir más allá, por lo que aquí el dibujo ya no es una simple representación temática o la elaboración compleja de las ideas, sino el medio revelador que nos deja ver los secretos del mundo que nos rodea y las preocupaciones internas que nos acechan cotidianamente.

Es por esto que David Manzur insiste en ver el dibujo como la gran estructura de la composición, aspecto que lo llevó a producir su reciente obra –realizada totalmente en Barichara– con elementos integradores, entre carboncillos, acrílicos y “collages” (que él prefiere llamar ‘ensamblajes’), y que denominó ‘Obra negra’, conformada por cuarenta y cuatro dibujos y catorce pinturas, exhibidas en octubre de 2014 en la galería La Cometa de Bogotá.

Esta reciente producción refleja la superación de los límites; es la dimensión que amplía nuestro conocimiento del mundo desde el lugar de la representación artística. La variedad de materiales y su voluntad de experimentación demuestran que el dibujo y la pintura continúan ofreciendo una cantidad ilimitada de posibilidades, si hay talento. No en vano el crítico colombiano Eduardo Serrano, refiriéndose a la variedad de técnicas aplicadas y diversas representaciones, afirma: “… Me sorprende, en cambio, no haber caído en la cuenta anteriormente de la infinidad de connotaciones artísticas e históricas que tienen estas representaciones, que enriquecen de manera notable el contenido de su producción”. Para Serrano, los caballos de Manzur permiten “un recuento mental de la historia del arte, desde el Paleolítico hasta el arte contemporáneo” (tomado del catálogo de la exposición ‘Punto de Partida’, Galería Duque Arango, Medellín, 4 de diciembre de 2013).

Ya no es solo la rica representación metafórica de caballos y personajes que aluden al misterio, sino la relación directa con la historia, y un tiempo y espacio sin límites en un diálogo transparente y revelador que Manzur establece no solo con sus obras, sino con la palabra. Escucharlo con atención nos produce la misma sensación serena del aire puro de Barichara que rodea la alegría de los santandereanos al saber que este ilustre pintor colombiano escogió estas tierras para continuar realizando obras de trascendencia que pueden permitirle a Colombia establecer un diálogo con el actual mundo globalizado a partir de una voz propia y auténtica, expresada desde nuestros queridos y bellos pueblos santandereanos. Un aporte extraordinario hacia el fortalecimiento de nuestra de identidad cultural.

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