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Jueves 01 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

Pequeños logros, grandes aplausos

Invierta hoy un poco de tiempo en felicitarse por aquellas cosas sencillas que ha logrado en su vida.
Invierta hoy un poco de tiempo en felicitarse por aquellas cosas sencillas que ha logrado en su vida.

Le planteamos un pequeño ejercicio. La idea es que haga un repaso de los recientes logros de su vida. Ojo: no necesariamente tienen que ser cosas fuera del otro mundo.
Atrévase a escribir tres de esos sueños cumplidos:
1
2
3
¿Ya los anotó?
Ahora analice todo lo bueno que ha conseguido con estos pequeños éxitos. Tal vez no lo ha detallado pero es probable que compruebe que, al menos, se merece una felicitación, un sincero aplauso o hasta una palmada en la espalda.
Alguien dirá: “yo no tengo nada qué celebrar”. Ese “alguien” no debería pensar así: hay cosas que, por más pequeñas que ellas sean, con seguridad le han robado una sonrisa; y así no les quiera dar el valor que tienen, son valiosas.
Pues bien, el tema de la Página Espiritualidad puede resultar tan elemental como vital. La idea es que recupere no sólo el estado de ánimo sino que entienda que, a veces, usted quiere tocar el cielo con las manos de buenas a primeras, sin siquiera reconocer las bondades del piso que lo sostiene.
La verdad es que muchas veces usted anda preocupado por grandes metas, tales como: ganar sueldos millonarios, ascender en la empresa o incluso tener un carro último modelo. ¡Y eso está bien! Lo que sucede es que, en medio de esos afanes, se olvida de celebrar los pequeños milagros que cada día Dios hace en su vida.
El éxito, aunque no lo crea, es tan personal como sencillo y, por supuesto, todo es un proceso. No se puede subir a lo más alto de la cima, si no da pasos seguros en cada escalón.
En el trasegar de su vida, muchos logros pasan tan desapercibidos que, de manera frecuente, usted los menosprecia.
Sería muy distinta la vida si celebrara cada paso que avanza rumbo a su gran anhelo. Tal vez le falta reconocer  esos pequeños éxitos que, con relativa frecuencia, animan más que las grandes tareas cumplidas.
Tal vez usted reflexionará acerca de este mensaje y dirá: “estas palabras no son nada del otro mundo”.
¡Y tiene razón! Es bueno que entienda el texto así, entre otras cosas, porque palabra por palabra encontramos los párrafos precisos para concluir que, a lo mejor, usted hoy necesita un fuerte aplauso por todo lo bueno que ha hecho para crecer. ¡Dios lo bendiga!

Crea en ESTAs palabras
Creo en los hombres de buena voluntad, en las mujeres que aman, en los niños que ríen y en los jóvenes que estudian.
Creo en la semilla que germina y en el capullo que florece.
Creo en mis hijos y en la mujer que me los dio. Creo en los padres que me engendraron, y en los que engendraron a mis papás.
Creo en la maestra que me enseñó a escribir y en ese profesor que me instó a pensar.
Creo en los que pasaron por el mundo y dejaron algo a la humanidad. Creo en todos los que pueden morir en paz con los hombres.
Y, por supuesto, creo en Dios, creador del cielo y de la tierra.

UNA MANO AMIGA
Alguien en cualquier parte de la vida, de cualquier senda o estación, de cualquier pueblo o ciudad, de cualquier Estado o Nación, puede ser su amigo.

ADIÓS A LOS PESIMISTAS
Toda frustración se debe a deseos no cumplidos. Si usted fija demasiado su atención y comenta frecuentemente los obstáculos, las demoras y las dificultades, su mente subconsciente forma un muro de contención y bloquea su propia felicidad.

ENTRE MÁS SENCILLO, MEJOR
Compartir una tarde de cine con alguien, leer un buen libro, tal vez ver ir de paseo, intercambiar unas palabras con un buen conversador o disfrutar de una sana ‘locha’ pueden ser los mejores ejercicios para descansar.
En últimas, la vida es un regalo tan maravilloso y tan especial que los programas más “pequeños” alimentan más. Nos corresponde sorprendernos día a día con las miles de cosas que parecen insignificantes; a lo mejor oler el delicioso aroma de una taza de café, regalarse un tiempo breve para soñar, disfrutar de un partido de fútbol, en fin… todo suma y todo se goza.
¿Sabe algo? Lo que menos apreciamos, por lo simple o por lo diminuto, a veces nos llenan más de paz que las cuentas bancarias o las grandes responsabilidades en las oficinas de nuestras empresas.
El abrazo sincero de alguien, una puerta que se abre, un apretón de manos, el hechizo de una buena canción, el sonido de la noche, el amanecer, el canto de un pájaro y hasta esa pícara sonrisa que encontramos en nuestros “parceros” nos vienen bien.
La vida se vuelve fácil de vivir cuando no nos inventamos excusas para amargarnos. ¿No le parece?

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