Miércoles 1 de Octubre de 2014
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Espiritualidad
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Jueves 09 de Mayo de 2013 - 12:01 AM

¿Le ladran? tranquilo, es señal de que va pa’lante

Si por envidia alguien ‘torpedea’ su trabajo, ¡no se preocupe! Eso quiere decir que mientras usted avanza, el otro sigue estancado.

Hay gente que se disgusta o siente pesar por el bien ajeno. Tal actitud, propia de las almas viles, hace que esa persona recurra a la fea costumbre de ‘ladrar’ su desdicha.

Con esta figura solo queremos ‘retratar’ a la envidia, uno de esos pecados capitales que carcome a quien la padece y que, a decir verdad, genera un mal ambiente a nuestro alrededor.

Y aunque hablamos del comportamiento de alguien latoso, es importante que tenga presente que un ladrido, más allá de ser una molestia, es una señal de que usted se está moviendo.

¿Acaso alguien le ladra?

Tranquilo, eso quiere decir que usted va pa’lante.

Para comprender bien cómo contrarrestar al envidioso, tan frecuente en nuestro medio, podríamos empezar por intentar no prestarle atención a esa clase de ‘ladridos’.

Si bien es cierto que no podemos evitar la envidia, sí es posible aplicarle la mejor de todas las armas: la indiferencia.

Partamos del sentido común: usted no puede desgastarse, ni pasarse toda la vida aguantándose el resentimiento o la rivalidad que expresan los demás por sus éxitos, sus logros o las bendiciones que Dios le da.

“Dejar hacer, dejar pasar”, puede ser una buen máxima para seguir con su vida y dejar que, ese envidioso que le ladra, se refunda en la propia amargura de su espíritu.

Pídale a Dios que procure alejar a ese ser de su camino. Y si no es posible que se aparte de usted, ponga a prueba su corazón y haga que lata con más fuerza para no dejarse amilanar.

Ojo, la envidia del otro esconde en ese ser otras realidades: angustias, temores, tristezas o simples inconformismos que él deberá solucionar para calmar su vida.

Dios nunca se complace con el espíritu de los envidiosos. Sin embargo, si ora por ese ser que lo envidia, tarde o temprano esa persona será tocada por el Altísimo y convertirá su resentimiento en admiración.

Si es usted quien siente envidia hacia los demás, deseche todos esos pensamientos que llenan sus sentimientos de eternas amarguras.

No ladre, no destile veneno, deje de abatirse por lo que usted no es y el otro sí. Corrija los errores que ha cometido hasta el momento y aprenda a ser feliz.

Algo más: no se moleste por cosas insignificantes. En lugar de ello, trabaje por sus sueños y asuma actitudes positivas. Actuando así no destrozará su espíritu y su lenguaje ya no será un ladrido. Lo mejor será que de esta forma comenzará a avanzar de verdad.

¿Por qué fracasa?

Quienes fracasan en la vida, pronuncian dos palabras para lograrlo: “Culpa” y “Excusa”.

Aunque sería tonto utilizarlas, muchos recurren a estas ‘herramientas’ para lograr el nefasto propósito de destruirse.

Ojo: deje de echarles las culpas de sus problemas al destino, a la mala suerte o a los demás; usted es el único responsable de lo que le pasa.

Cae derrotado todo aquel que siempre culpa a quien puede y se convierte en un experto en buscar excusas. ¡Cambie de actitud!

Para cuando fallamos

Todos, sin excepción, hemos fallado alguna vez. Tal vez les hemos causado desilusiones a nuestros padres, es probable que nos hayamos equivocado con nuestra pareja y, de

pronto, habremos cometido cierto acto de deslealtad con

un amigo o con un jefe.

Cuando esto ocurre, conviene aplicar los ‘desmanchadores’

de las equivocaciones en nuestro corazón.

Si de entrada no intenta perdonarse por su falta, terminará más afligido. Reconocer su ‘salida en falso’, le sanará su memoria y le permitirá obtener una visión más alentadora de su futuro. Perdonar es recordar sin dolor. Es como extirpar del cerebro un tumor dañino, que le hace mucho mal.

Después, debe pasar al plano de la acción o de la enmienda. Tiene que hacer lo que pueda, para obtener el perdón

de aquella persona que hirió.

Luego, le corresponde sembrar nuevas semillas y hacer aquello que lo podrá redimir.

También debe colocar sus frutos en las manos misericordiosas y poderosas de Dios, y confiar en que Él le renovará sus fuerzas para continuar.

Recuerde: un error solo se convierte en una falta imperdonable, cuando usted se niega a corregirlo.

Vitamínicos espirituales

Hay sustancias orgánicas que existen en los alimentos que son vitales para el equilibrio de las funciones vitales. Ellas son las vitaminas. A veces necesitamos de ellas, para ponerle ganas a todo lo que debemos asumir.

Todo sería más fácil si entendiéramos que en la vida no se trata de hacer lo que nos gusta a toda hora; sino de hacer que nos agrade lo que la vida nos trae en el momento

preciso, sin que por ello debamos resignarnos a sufrir.

Por eso es que se dice que no basta con estar ocupados, sino que hay que dedicarse a lo que realmente sea útil.

En lugar de estar envidiando los triunfos de los demás,

dedíquese a conseguir los suyos de la forma más responsable posible. ¡Tome vitamínicos espirituales!

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EUCLIDES ARDILA RUEDA
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