En las familias puede haber una persona que no haya salido adelante, que le cueste trabajo empezar de cero y es normal que usted quiera ayudarlo. Pero lo cierto es que a veces las instancias se agotan y muchos se preguntan si es bueno decir “hasta aquí llega mi ayuda”.

Publicado por: PAOLA BERNAL LEÓN
Es lógico que usted quiera ayudar a su familia, pues quiere que cada uno de los integrantes de su núcleo tenga las condiciones favorables para lograr su bienes-tar. Pero comete un error si cree que usted es el redentor; nada de eso, no puede su-bestimar al otro, pues ese integrante de su casa cuenta con todas las habilidades que cualquier ser humano tiene para lograr sus metas.
Pero lo cierto es que usted quiere ayudar a esa persona que aún no despega, que le cuesta más trabajo y por eso se involucra de lleno para ayudarlo a volar.
Eso está bien, pues usted sabe que la sangre llama. Pero lo que debe hacer antes de ayudar a alguien es no esperar resultados.
Los expertos explican que es como un regalo que usted da pero no espera que se lo retribuyan. Bajo ese lema es que usted debe colaborar con el otro.
Y no es fácil, pues si se mira desde la esfera íntima sabrá que más de una vez le ha dado oportunidades a un hermano, un primo, un sobrino, pero cuando no responden a esa ayuda se angustia y no sabe qué hacer.
Es probable que entre en un dilema, pues el hecho de que no haya respondido a dos y tres ayudas de su parte le ha traído problemas con su pareja, quien ya le ha dicho que no se desgaste y que es hora de que le dé una lección a su familiar.
Pero usted no podría con ese remordimiento. Se justifica bajo argumentos como “es mi familia, cómo no ayudarla”, “cómo hacerme la que no me doy cuenta de sus problemas”.
Por eso la pregunta a resolver es: ¿Cuándo cortar de raíz? ¿Cuándo dar una tercera o cuarta oportunidad? ¿Será que esa persona nunca valorará el esfuerzo que hace por ella?
Los expertos responden.
¿Discusiones con la pareja?
Es probable que tras la ayuda de un familiar, la pareja intervenga porque siente rabia que ese cuñado, sobrino de la esposa, del esposo, haya asumido una actitud conformista, de locha, de “deme que necesito”, pero no se esfuerce por seguir adelante por sí mismo.
Por eso muchas personas prefieren no involucrar a sus parejas, no pedirles dinero para ayudar a un familiar, sino al contrario, buscar alternativas que le ayuden al otro a continuar solo.
Frente al tema la psicóloga Olga Susana Otero invita a las parejas a no convertirse en salvadores del otro, pues no sirve de nada. La recomendación es ocuparse de sí mismos antes que de los demás.
¿Y si se da el caso de que la pareja ayude y se canse de ver la actitud de ese familiar que no quiere salir del letargo en que se encuentra?
La psicóloga Erly Maritza Rodríguez indicó que “cuando la situación afecta directamente la estabilidad de la familia y los intereses de sus miembros, la pareja seguramente intervendrá para estabilizar la situación. Existe un momento en que es necesario hacerlo si definitivamente no se logra superar la crisis y quienes ayudan terminan involucrados y asumiendo culpas ajenas”.
Preguntas y respuestas
Olga Susana Otero
Psicóloga especialista en
Constelaciones Familiares
¿Cuáles son los ítems a tener en cuenta para saber que ya es el momento de decir “no te ayudo más”, en el caso de un familiar?
El problema es sentir que cuando estamos ayudando a alguien, ya sea con dinero o consejos, realmente nos estamos ayudando a nosotros mismos. Cuando lo hacemos por nosotros, para no sentirnos malos padres, madres o hermanos, para no sentir culpa, no es la mejor opción.
Si a alguien se le da una mano y no se le da más y eso es un regalo que él o ella toman, quedamos en equilibrio. Ya seguir ayudando es decirle al ayudado “usted no puede sin mí”.
Por eso no es aconsejable ayudar todo el tiempo porque se desequilibra la relación y la deuda moral es tan grande que esa persona estará en saldo rojo de tal manera que se distancia y no se acerca afectivamente.
El hecho de tener ese vínculo familiar genera en algunos sentimientos de culpa, el remordimiento de conciencia, si no se vuelve a ayudar a ese familiar a pesar de que nos ha fallado. ¿Cómo manejar ese sentimiento?
Nadie salva a nadie, entonces ¿por qué creer que uno salva a la familia? Si queremos realmente a un familiar le damos un regalo pero no esperamos nada de él, porque el hecho de hacer expectativas en él nos trae desilusión si no lo logra. Ese es el sentimiento que hace daño y que después se convierte en resentimiento.
¿Cuándo sí es bueno dar una tercera oportunidad a la familia?
Siempre dependiendo del asunto. Por ejemplo a un alcohólico hay que dejarlo que toque fondo, con un joven hay que decidir y meterlo a una institución, a un niño no se le puede soltar pues los padres son los responsables.
Erly Maritza Rodríguez
Psicóloga
Muchas personas no saben cómo manejar la culpa, el remordimiento de conciencia, cuando deciden no ayudarle más a un familiar que les ha fallado. ¿Cómo manejar ese sentimiento?
Nosotros debemos entender que si bien es cierto, la familia es única y es nuestra principal red de apoyo, cada persona es libre y responsable de asumir las consecuencias de sus actos. Cuando se le ha brindado apoyo a un familiar que atraviesa una difícil situación y aun así no llega la solución, es importante reflexionar al respecto y reconocer que cada persona debe superar sus propias barreras.
En el caso de una persona casada que ayuda a su hermano, a su sobrino, a su primo, y no encuentra respuesta de parte de él, suele ver afectada su relación en pareja, pues el esposo o la esposa reclamarán que la ayuda no sirve de nada. ¿Cómo manejar esa situación?
Suele suceder que este tipo de situaciones afecten la relación de pareja y no es para menos porque seguramente ayudar a un familiar signifique dinero, un espacio en el hogar y asumir responsabilidades que no se habían concertado. Al respecto la pareja necesita formar una alianza que se convierta en una barrera con el exterior para que el problema no sea asumido como propio.
¿Cuándo sí es bueno dar una tercera oportunidad a la familia?
Todas las situaciones son particulares y en el caso de la familia siempre existirá un motivo para pensar que merece una oportunidad más. Sin embargo, es bueno pensar muy bien cuáles son sus prioridades y si usted puede prestar ayuda a ese ser querido sin sacrificar su propia estabilidad emocional, hágalo. Recuerde que las oportunidades se deben apreciar también y si esa persona no reconoce su ayuda apártese para que ese familiar aprenda a solucionar sus propios problemas. Esa también es una forma de ayudarlo.
“Es importante ser conscientes de que la ayuda se da como un regalo, y que a veces no sirve para nada. El que no espera más, le va mejor”: Olga Susana Otero, psicóloga especialista en Constelaciones Familiares.
¿Cuáles son los ítems a tener en cuenta para saber que ya es el momento de decir “no te ayudo más”, en el caso de un familiar?
a. Cuando el familiar espera que la situación sea superada por usted.
b. Cuando los miembros de su familia nuclear se ven afectados.
c. Cuando se pierde la estabilidad emocional a causa de un problema que no es suyo.
d. Cuando las necesidades del otro se convierten en su único interés.













