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Martes 31 de Enero de 2012 - 12:01 AM

“Falleció mi prometido”

No hay un paso a paso para superar este tipo de duelo. Los expertos explican que quienes atraviesan estas situaciones no volverán a ser los mismos, pero sí deben seguir pautas que los ayude a continuar.

Carolina tomó el teléfono y escuchó al otro lado de la línea una noticia que nunca esperó escuchar: “su novio acaba de morir”.
Ese momento estuvo acompañado por un grito de total negación y un desmayo.
Ante la reacción de su hija, los padres corrieron a auxiliarla, mientras uno de los familiares tomaba el celular para escuchar la fatídica noticia: su prometido había muerto en un accidente automovilístico.
Ella estaba a punto de casarse. Las tarjetas ya empezaban a circular pues la fecha de la boda sería en marzo.
A partir de ese momento todo se derrumbó para ella, pues sumado a la tristeza infinita por la muerte de su prometido, tendría que enfrentarse a cantidad de símbolos que hacían el entorno mucho más complicado.
Por supuesto este hecho traumático marca la vida emocional de una persona para siempre. Así lo explicaron los expertos consultados, argumentando que nadie podrá ser el mismo después de ese episodio, pero sí es importante saber actuar como red de apoyo para que la persona pueda retomar su vida y seguir adelante.

Preguntas y respuestas

Miguel Ángel Úsuga
Psicólogo
¿Cómo dar la noticia a la prometida o al prometido si fue un accidente, algo inesperado?
Se debe tener claro que no será fácil para nadie, hágalo quien lo haga. Se debe partir de la premisa que se requerirá más sensibilidad y más delicadeza para hacerlo.
Es claro que será un momento doloroso pero sí hay formas de hacer las cosas que atenúen el golpe o primer impacto.
Lo primero es tener claridad sobre la información, si la persona murió no debemos decir que está herida, que no sabemos. Se debe dar la información completa, que será difícil por supuesto, pero debe ser verídica y clara.
Es importante que la persona que lo vaya a decir no esté tan perturbada en ese momento y que pueda dar la información con delicadeza pero con claridad.
¿Cuál debe ser el proceso por el que debe atravesar la pareja que quedó sin su novio o novia, tras ese duelo?
Hay algo muy común en este proceso de duelo y es que la mayoría de personas allegadas queremos que no sufra. Pero debemos entender que es inevitable que llore, que esté triste.
Es demasiado importante el apoyo de los familiares tras ese proceso que es natural y es el del dolor. Esa persona debe sacar tiempo en el día para llorar, porque tiene todos los motivos para hacerlo. Si no lo hace no podrá desahogarse; lo cierto es que siempre será un proceso individual la forma como se haga el duelo.
Habrá personas que se repongan más rápido que otras, así como otras a las que se les desbarate la vida. Hay quienes tras ese hecho dejan de ser útiles, descuidan su aseo personal, su alimentación. Es una amplia gama de manifestaciones que va a tener la persona y siempre será un asunto individual. Lo importante es el acompañamiento y permitir el curso de esos procesos.

¿Qué hacer con tanta simbología?
El vestido, las argollas ya listas, las tarjetas a punto de ser repartidas, o en su defecto, entregadas a cada invitado, el salón apartado, la iglesia, el pago de la cena, el viaje de luna de miel, incluso haber recibido algunos regalos.
Lo anterior suele aumentar cada vez más la herida tras la partida eterna del prometido o la prometida.
¿Cómo actuar?
Algunos familiares toman decisiones y sacan de inmediato de la casa todo lo que les  recuerde el matrimonio. Están quienes devuelven los regalos, publican una nota social sobre el fallecimiento en un periódico de la ciudad y en lo posible, tratan de ir a toda velocidad para desaparecer todo lo que recuerde el compromiso.
¿Y si la novia no quiere deshacerse del vestido? ¿Y si se molesta porque le apartaron todos los recuerdos de su novio?
Frente al tema, el psicólogo Miguel Ángel Úsuga indicó que es importante que un familiar se encargue de la parte logística y le colabore al principal afectado, en este caso la persona que quedó viva, y quien no tendrá cabeza para llamar a los invitados y decirles que no hay boda.
“El viudo o la mujer que quedó sin su prometido no va a ser muy funcional en ese momento para hacerlo, por lo que es importante que los familiares se encarguen del pago de facturas, de liquidar cuentas, de cancelar todo, de hacer esas tareas. El proceso simbólico va a ser muy impactante para la persona que queda viva porque el matrimonio era el comienzo de una nueva vida, y además de la pérdida de su prometido se suma el dolor de la pérdida de sus sueños, de ese ideal, de sus proyectos y metas, de sus ilusiones y planes”.
Lo importante es consultar a la novia o al novio qué quieren.
“Hay un amplio rango de respuestas emocionales y conductuales sobre eso, por lo que es importante no tomar decisiones muy radicales. Habrá quienes quieran prenderle candela a todo lo material, botar el vestido, es un proceso individual que cada uno hará a su ritmo”, enfatizó Úsuga.
 “Si la persona quiere guardar el vestido puede hacerlo, hasta el punto que diga que ya no lo quiere tener más y eso no está mal. Lo que estaría mal sería que se lo pusiera y caminara por la casa con él. Estas ya no serían cosas normales, pero a quién le hace daño que ella quiera mantener los anillos”, enfatizó el profesional Úsuga, quien explicó además que este tipo de reacciones muchas veces se dan como forma de aferrarse a esa persona mediante los símbolos, de tenerlo ahí, porque les dolerá mucho más desprenderse de ellos.
Tampoco es bueno que la persona que atraviesa por ese momento se vaya a vivir a otro país de inmediato o a otro lugar.
Frente al hecho, el psicólogo Víctor Pedrozo agregó que “se debe romper con la persona muerta pero no enseguida, eso se hace con el tiempo que cada quien se establece, hasta el punto de poder desmontar toda la representación del muerto y ponerlo en la justa perspectiva. Normalmente es la persona quien debe tomar la decisión pero si no la toma ahí ya debe entrar el grupo de apoyo a intervenir”.

La voz de experto

Víctor Pedrozo Avilés
Psicólogo
“En este tipo de casos hablamos de duelos complejos. Se llaman así porque no es un duelo por una muerte normal, porque además de que fallece el o la prometida muere también un proyecto de familia, muere un marido o una esposa que no lo alcanzaron a ser, hay frustración ante las ilusiones, ante lo que se construyó con demasiado entusiasmo. La persona queda de nuevo en cero, por lo que todo se hace más complejo.
El duelo como duelo es el mismo, con las mismas manifestaciones, pero éste suele ir acompañado de mucha rabia, de la pregunta clásica ¿por qué a mí?, sobre todo porque eran personas bastante jóvenes.
Importante la tolerancia de la familia, que si la persona que está atravesando por ese duelo quiere llorar un mes, lo haga, si quiere llorar dos meses lo haga, si quiere estar callada se le respete.
Prohibido cometer el error de dar consejos o de limitar a la persona a exteriorizar, pues debe quedar claro que los duelos que se resuelven mejor son aquellos en los que la persona tiene la posibilidad de manifestar sus emociones sin restricciones”.

¿Y la ilusión del amor?
¿Qué hacer para que la ilusión del amor no muera para siempre, y ante un nuevo prometido no se genere un trauma en esas personas que tuvieron que atravesar por eso?
El psicólogo Víctor Pedrozo Avilés argumentó que “es probable que durante el duelo esa persona tienda a aislarse, que crea que si se enamora volverá a repetir la dosis, que va a tener ese mismo dolor, entonces es otra cosa que debe batallar cuando se pierde el novio en esas circunstancias”.
Por lo anterior, Pedrozo recomendó un acompañamiento profesional elocuente, de terapia breve tras la emergencia inicial.
Los expertos consultados manifiestan que la persona que atraviesa por ese tipo de eventos no volverá a ser la misma, y quien la pretenda con el paso del tiempo debe tenerlo claro pues no resultará fácil o como se espera.
“Ese evento es catalogado como traumático, entonces la familia del afectado y la pareja que llegue a futuro debe aceptar que la persona nunca será el mismo con el mundo, con el otro, con las parejas, pues habrán atravesado por un dolor muy grande. Hacer el duelo les permitirá que no dejen de ser funcionales, que puedan recordarlo y seguir sin tanta tristeza o dolor, pero lo importantes es sanar la herida y con el tiempo lograr de nuevo una relación más estable. De no hacer el duelo persistirán los temores y la idea es que éstos no lleguen a una nueva relación”, dijo el profesional Úsuga.

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