Viernes 31 de Octubre de 2014
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Jueves 07 de Marzo de 2013 - 12:01 AM

Preguntas inoficiosas, ¿para qué?

Preguntas inoficiosas, ¿para qué?
Muchas veces se hacen sabiendo de antemano la respuesta, otras veces no se está de acuerdo con lo que escucha y lo único que logre es entrar en una discusión sin sentido, entonces, ¿para qué hacerlas?

Pueden ser frases inocentes, casuales, sueltas, que pone entre interrogantes solo para tantear cómo está usted con esa persona o qué piensa de usted o la relación. Pero a veces no valen la pena hacerlas, pues el resultado termina siendo todo un conflicto entre los dos.
Por ejemplo están las preguntas relacionadas con el ego, que solo buscan como finalidad que le eleven sus cualidades, otras que no deben hacerse si están relacionadas con el pasado de esa persona, mucho menos si lo que busca es ponerse en un cuadro comparativo. Están también aquellas que, sabiendo la respuesta, no quiere escuchar porque no sabría cómo reaccionar, pero aún así las hace.

¿Qué hacer si…?

1. No nos gustó la respuesta
Responde la psicóloga Marisol Ramírez Cabrera:
“Nada pasa por casualidad. Si algo nos choca, nos golpea, es eso justamente lo que tenemos que aprender, y es justo lo que llega para que solucionemos algo con nosotros mismos. Es como un espejo que nos refleja nuestra propia falencia, hasta no aceptar esto, seguiremos repitiendo la misma situación que no nos agrada.
A veces nos enojamos con el otro, le echamos la responsabilidad de lo que nos ocurre, pero somos nosotros los que motivamos, atraemos o generamos una situación.
Al entender y aceptar esto, que tiene que ver con la humildad y la ausencia de ego, somos más felices.
¿Qué decir, entonces? “Pues cada quien tiene el derecho de expresión, pero también la necesidad de medir las acciones (se piensa antes de accionar), a modo que no sea reacción (acción por impulso). Lo mejor es aceptar que el otro tiene el derecho, y le dimos el derecho de opinar lo que quiera. La responsabilidad es nuestra.

 2. Si la respuesta que nos da nos asegura que estamos mal en pareja, o que el tema no se había querido tocar y ya no hay nada qué hacer
Responde la psicóloga Marisol Ramírez Cabrera: “Nuevamente aquí tenemos una situación límite. Son momentos en que la inteligencia emocional se pone a prueba, además del ego. Lo más acertado aquí sería que la persona acepte humildemente la decisión de la pareja y tome distancia. Sin embargo, suele ocurrir que se hace lo contrario, y se agrava la situación. En estos casos lo mejor es darse un tiempo, y en ese tiempo hacer una revisión y autoanálisis personal, y dejar que la pareja haga lo mismo”.

3. Si la pregunta está relacionada con nuestra falta de estima, y recibimos precisamente eso que no queríamos escuchar respecto a nuestro cuerpo, a esa parte que no nos gusta de nosotros.
Responde la psicóloga Marisol Ramírez Cabrera:
“Aquí lo ideal es que reconozcamos justamente esa limitación de nuestra personalidad y la trabajemos, de ser posible con un profesional. Y al decir “trabajar” el problema, me refiero a hacer algo al respecto. Si se trata del sobrepeso, ponerse a comer más sano, hacer ejercicio. Si se trata de sentirse avejentado, están las alternativas estéticas, que hoy día abundan. Y así siempre hay soluciones, la vida moderna ofrece infinidad de opciones, y cada uno pone barreras o abre caminos.

4. Si nos dicen la verdad en la cara y nos duele Responde la psicóloga Marisol Ramírez Cabrera:
“De nuevo estamos ante una prueba importante para nuestra madurez y equilibrio emocionales. Defectos y virtudes tenemos todos. Conocernos es la mejor defensa ante lo que podemos calificar de “ataque” de una persona o varias.
Si ya somos conscientes de nuestras falencias, nada de lo que nos digan nos afectará demasiado, salvo que pongamos mucha expectativa en la respuesta de “esa” persona en particular. Sin embargo, somos nosotros los que le damos o quitamos ese poder al otro de “afectarnos”. Nadie puede hacernos daño si no le damos permiso. Hay un dicho de la sabiduría oriental que dice que la palabra o acción del otro, si es ofensiva, la tomemos como un obsequio que no es aceptado, y lo devolvemos, no ofendiéndole al otro, sino retornando esa ofensa que era para nosotros, al universo y que se transmute por allí, conmigo no queda”.

LA VOZ DEL EXPERTO

Marisol Ramírez Cabrera
Psicóloga esp. en PNL
Cuando hacemos una pregunta y queremos solamente escuchar aquello que deseamos que el otro diga, a mal puerto vamos a parar. Se debe ser consciente del libre albedrío del otro de poder opinar como mejor le parezca, y como sea acorde a sus valores y criterios. Cuando pedimos una opinión, o una visión, punto de vista de alguien, debemos estar preparados para tolerar tanto una respuesta negativa, como disfrutar de una positiva.
A veces lo que buscamos es una confirmación de lo que pensamos que es, y cuando el otro nos devuelve una opinión distinta, nos enojamos, nos molestamos, nos duele.  Pues si así nos conocemos, mejor será no buscar opiniones, o buscar hacerlo en privado o buscar recibir esa opinión de alguien que sabemos qué nos dirá.  La respuesta debe darse con tono sutil y amable.De lo contrario, si sabemos que el tono con el que nos devolverá la respuesta, o el grado de opinión que guarda en su contenido, no será positivo, es mejor no preguntar.

Preguntas que no debe hacer
1Preguntas del pasado que no vienen al caso. ¿Cuántos novios has tenido? ¿Qué tan activa sexualmente has sido? ¿Soy el mejor en la cama? Recuerde que pasado es pasado, así que para qué ponerse en un cuadro comparativo por el título del mejor, para qué lanzar una pregunta que pueda molestar a la otra persona. Este tipo de preguntas no vienen al caso, a menos que se esté hablando del tema, y usted y su pareja tengan un grado de madurez emocional enorme. De lo contrario, recuerde que la curiosidad mató al gato.
2Preguntas para alimentar el ego
¿Te parezco divertida? ¿Crees que soy hermosa? ¿Qué tan inteligente me percibes?
Evidentemente este tipo de preguntas solo están encaminados a resaltarse, a vanagloriarse, a alimentar su ego, a sentirse más que los demás. Y justamente esta sed de vanidad puede llevarlo a generar rechazos en otros, así que es mejor detenerse a tiempo.
3La respuesta que no quiere oír
Solo quiere comprobar lo que ya sabe. “¿Crees que nuestra relación va hacia el abismo?” O “¿ya no sientes lo mismo por mí?”
Estos interrogantes no son inoficiosos, al contrario, son demasiado relevantes dentro de una relación, pero lo importante es hacerlos en el momento oportuno. Lo mínimo que puede hacer es estar preparado para la respuesta. Y de antemano tener herramientas para afrontar la respuesta y buscar salidas a la situación, si la respuesta  no es nada alentadora.
Este tipo de preguntas también requieren un proceso. Si hace una pregunta solo para confirmar que su relación pende de un hilo, lo mejor es que ya tenga un plan de resurrección o una forma de decir adiós con altura y aceptación.
En este mismo punto están las preguntas relacionadas con sus defectos. Por ejemplo, ¿es que crees que soy una loca celosa?, ¿consideras que no soy buena al volante? ¿Acaso te parezco aburrida? Cuidado, si usted no quiere que otros le resalten los defectos, evite preguntarlo. Recuerde que la verdad en la cara duele.
4Preguntas para buscar aceptación o reconocimiento de terceros. Otro tipo de preguntas son planteadas para buscar autorreconocimiento, para buscar aceptación. Incluso puede ser señal de baja autoestima. Por lo general vienen acompañadas de autocompasión. ¿Crees que sí soy bueno para esto? ¿Consideras que tengo la habilidad para lograrlo? ¿Crees que me veo bien así vestida?
Estas son señales claras de que aún no se ha conocido bien, que poco cree en sí mismo y que incluso está buscando aceptación en otros, cuando ni usted mismo se reconoce y se acepta.
5Preguntas inocentes pero fastidiosas
Una gran discusión puede desatarse producto de una pregunta inoficiosa como: ¿crees que estoy gorda? Hay dos opciones, la primera, que el hombre diga que sí, y en ese momento ella se sienta morir y hasta lágrimas acompañen el momento. O es posible que él diga “no” y usted se encapriche en decir que sí, sabiendo que no lo es, solo para aseverar que él la ve hermosa.
Pero, ¿no cree que es mejor evitarse ese tipo de preguntas tan aburridoras, si ya conoce la respuesta?
6La aburrida preguntadera. Una pregunta que detestan ellos de manera radical es: ¿te pasa algo? Precisamente cuando están callados, algunas mujeres tienden a lanzar este interrogante. Y bueno, es normal que lo hagan si han notado un cambio extraño o preocupación, pero si le dicen que no, que no pasa nada, es mejor dejarlo de ese tamaño y no insistir. El problema se da cuando preguntan dos, tres y hasta diez veces lo mismo. Y ante esa insistencia es posible que esa persona responda: “¿Sabes que en este momento si me pasa algo? Estoy molesto con tanta preguntadera”.
Así que es mejor que deje a un lado preguntas inoficiosas que pueden generarle un fuerte dolor de cabeza.
Unidas a estas preguntas están también las que terminan siendo todo un interrogatorio. ¿Dónde estabas? ¿Con quién te viste? ¿Cuánto tiempo duraron allí? ¿Y de qué hablaron? Por favor, esa preguntadera solo para las detectives. Usted no queda nada bien en ese papel de interrogatorio. En caso tal de que haya una duda, es mejor ser directo, hacer la pregunta y decir lo que siente y piensa de la situación. Se evita un dispendioso interrogatorio y podrá dejar las cosas claras, sin tantos rodeos.

Publicada por
PAOLA BERNAL LEÓN
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