Jueves 18 de Diciembre de 2014
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Domingo 17 de Marzo de 2013 - 12:01 AM

Mi pareja y mis amigos, ¿cuál es el límite?

Mi pareja y mis amigos, ¿cuál es el límite?
Para muchas parejas de casados vincular a sus amigos solteros en sus planes, cuando están con sus esposas o esposos, suele resultar un detonante. Muchos prefieren guardar distancias. ¿Hasta qué punto es un riesgo y hasta qué punto falta de confianza?

Para muchos casados, no está bien visto llevar a sus amigos a casa. Mucho menos para que vean a su esposa.
Javier es uno de ellos: “No llevo a mis amigos a la casa para nuestros habituales juegos de póker. Mucho menos los llevaría para tomarnos unos tragos. La casa se respeta, además no quiero que miren de más a mi esposa”.
Lo que a simple vista parece una gran falta de confianza, producto de sus propias inseguridades, hace que muchos estén de acuerdo con este pensamiento.
“No es que mi mujer vaya a traicionarme, pero definitivamente amigo el ratón del queso y para cada cosa hay su lugar”, comenta Carlos. “Casos se han visto”, enfatiza.
Y no solo es cuestión de género. Camila comenta que prefiere mil veces hacer planes con sus amigas a solas, que involucrar tanto a las parejas. “Supe de una amiga que  estaba casada y su esposo tenía un grupo de amigos. Organizaban paseos, asados, viajes y ante tanta cercanía, se mezclaron los sentimientos y vaya sorpresa, esa persona se quedó sin esposo y sin amiga”.
Por otro lado, Catalina no está de acuerdo. Comenta que eso es solo señal de inseguridad. “Conozco muy bien a mis amigas y a mi pareja, no vivo desconfiando de ellos, es normal compartir, pues esto oxigena la relación, además no puedo esconder a mi pareja en un cofre de cristal para que nadie me lo mire. Si me falla con una amiga, es señal de que estaba con una persona realmente deshonesta y que no me amaba. No estoy para cuidar a nadie y mucho menos para dividir mis círculos sociales de mi pareja”.
Para Mario está claro que su filosofía es: “nunca ver a las amigas de la pareja como algo más, igual que a la novia o esposa de mi amigo. Ahí se resuelve todo”.
¿Y cuál es su punto de vista? ¿Establecería límites? ¿Prefiere acudir al refrán “mejor cada pollito en su cajita”?
Vanguardia Liberal habló con psicólogas expertas en temas de parejas, para resolver cada una de las dudas de las parejas casadas.

¿Cuáles límites deben estar claros?
1Que cuente la opinión de la pareja: Recuerde que son dos las personas que viven en ese hogar. Usted no puede decidir solo. El espacio es compartido y aunque no se trata de pedir permiso, sí, de contar con la buena disposición de su pareja a la hora de recibir visitas.
2Mi pareja por encima de mis amigos: Por supuesto compartir con sus amigos hace parte de la recreación. Así lo manifiesta la psicóloga Liceth Patricia Vargas Orduz. Sin embargo aclara que no por ello, se debe dar un rango más alto a los amigos que a la pareja. “Mi pareja siempre debe ser lo más importante. Puedo compartir con otros sin incomodar a mi esposa o esposo”.
3El respeto por el otro: Solo se trata de poner a prueba sus valores morales. Pero también del respeto por el hogar. Existen unas normas, dos personas viven en la casa, los ruidos pueden molestar al otro, así como los excesos.
4Sepa a quién está invitando: Debe tener claro con quién se relaciona, no todos son amigos del alma para llevar a la casa.
5No lo convierta en hábito de todos los fines de semana: No se trata de no salir con ninguna pareja, pues es un plan que oxigena. Pero recuerde que todo en exceso trae complicaciones.
6Evite entrar en detalles con todos sus amigos, respecto a cómo está su relación. Eso posiblemente puede prestarse para comentarios malintencionados o para poner en alerta a otras personas respecto a su estabilidad emocional. Incluso hacer que uno de sus amigos quiera ir de redentor y usted salga crucificado. La discreción es realmente importante.

Preguntas y respuestas

Liceth Patricia Vargas Orduz
Psicóloga experta en temas de pareja
Hay quienes dicen que jamás llevarían a sus amigos a casa, por ejemplo, a juego de cartas, a cosas netamente de hombres, pues esto es perjudicial, si está su esposa ahí. Que da pie para miradas, infidelidades y demás. ¿Qué opina de esto?
El hogar de una pareja es un reino privado y se debe entender así, y con esto no es que precisamente se toque solo el tema de infidelidad.
Para llevar a los amigos a la casa se requiere el consentimiento de la esposa, su opinión importa mucho.
Se puede invitar a los amigos mientras ellos no violenten la tranquilidad y respeten las normas, respeten los espacios. Puede haber situaciones molestas como que pongan los pies en el sofá, desde ahí ya se está violentando la casa.
Por otro lado debo saber a quién invito y a quién no.
¿Qué decir de factores como el licor, como las salidas continuas en pareja, como la confianza excesiva que pueda tener la pareja con uno de nuestros amigos o amigas?
Por supuesto se puede compartir espacios con otras parejas, que sean igual de respetuosas a las nuestras, pero todo en equilibrio, no todos los fines de semana. Los excesos son malos.
Preferiblemente evitar a los amigos solteros, o que la esposa lleve a sus amigas solteras. Para muchas es una tentación para el esposo.
Respecto al tema de fiestas, donde se involucra el licor, es importante tener en cuenta que el exceso puede generar coqueteos, situaciones que no son beneficiosas para la relación. Entonces, ¿para qué mezclarlas?
El licor puede hacer perder la conciencia respecto a lo que se dice, como se mira, lo que se hace, caer en ese coqueteo molesto que generará desequilibrio en la relación, acabará con la armonía.

Tras una doble traición
¿Qué proceso debe empezar una persona que fue engañada precisamente por su pareja y uno de sus amigos? No cabe duda de que es una verdadera traición. No solo se quiebra el corazón en pedacitos sino que la palabra confianza, camaradería, amistad y amor, se lesionan por completo. Y no será fácil con decir simplemente “no todas las personas actúan de esa forma”. Lo más probable es que se cierre a los sentimientos. Tanto que muchas personas se van al extremo de convertirse en esa versión de lo que les hicieron: jugar con los sentimientos de otros. Y eso no está nada bien, sobre todo si lo que busca es sanarse. Al contrario, estará intoxicándose mucho más.  Al respecto explicó la psicóloga Liceth Patricia Vargas Orduz que “la persona que fue ofendida tendrá un doble dolor, por lo que hizo su pareja y por lo que hizo su amigo y por supuesto necesitará psicoterapia para sanar”.
Pero explica que una cosa es un coqueteo por parte de un amigo, cuando la esposa puso freno, y otra una infidelidad.“Hay que mirar qué sucedió, qué hizo que se traspasaran los límites, cómo se violentó el espacio. En el caso de un coqueteo debo reconocer mi error, que le fallé a mi pareja delante de sus amigos, por problemas de alcohol, medir los comportamientos, pues esto no puede volver a pasar”, aclaró Vargas Orduz.
En este tipo de casos se acaban los espacios entre amigos, por supuesto la presencia de alcohol en las reuniones y se debe trabajar en recuperar la confianza lesionada con la pareja. “Se debe reestablecer cuanto antes ese conflicto y es difícil pues el afecto se vio vulnerado y puede darse una crisis emocional bastante alta”, agregó Vargas Orduz.

LA VOZ DEL EXPERTO

Marisol Ramírez Cabrera
Psicóloga especialista en PNL
Las relaciones de amistad deben tener límites y eso los pone cada uno, de acuerdo a la forma de sentir esa cercanía o distancia con los amigos.
Cuando encontramos ‘partners’, afín a lo que nos gusta, puede que me encante verme con ellos todos los días, que nos guste compartir la sesión de cine y la pareja se involucre en este tipo de actividades. De lo que se trata es de establecer la frecuencia, por ejemplo. Pero cada persona es un mundo con sus gustos personales. Cada persona percibe de forma distinta estas relaciones.
Pienso que el equilibrio es lo mejor. No se puede poner una barrera solo por paranoia. Lo que sucede es que muchas personas temen esa  cercanía afectiva, y lo cierto es que no son buenos los polos, ni demasiado lejos, ni demasiado cerca, hay que buscar el equilibrio.

Publicada por
PAOLA BERNAL LEÓN
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