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Martes 13 de Enero de 2015 - 12:01 AM

Cómo es vivir en las 5 ciudades más verdes del planeta

Los esfuerzos medioambientales de una ciudad, desde implantar carriles para las bicicletas hasta favorecer los mercados de agricultores locales o lograr tener el aire limpio, no solo son una ayuda para el planeta sino también para los vecinos.

Según el Índice de Ciudades Limpias de Siemens, un proyecto que lleva a cabo la Unidad de Inteligencia de la revista The Economist, las ciudades más “verdes” son las que mejor gestionan las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el transporte público, el desecho de los residuos y, en general, los asuntos medioambientales.

Se habló con vecinos de las ciudades más “verdes” para descubrir cómo se vive en ellas.

Ciudad del Cabo, Sudáfrica

La ciudad de Curitiba, situada en el sur de Brasil, sigue estando a la vanguardia del pensamiento verde.

Copenhague, Dinamarca

Lorne Craig

Vancouver, Canadá

La segunda ciudad de Sudáfrica está haciendo los mayores avances del continente en ese sentido, en parte por sus políticas de conservación de la energía y el mayor uso de fuentes energéticas renovables.

En 2008, Ciudad del Cabo empezó a utilizar energía de su primer parque eólico y pretende obtener el 10% de su energía de fuentes renovables de aquí a 2020.

Estos esfuerzos están cambiando la vida en la ciudad. “Están creando nuevos carriles para las bicicletas, los mercados de agricultores locales son muy populares y los cocineros dan importancia a los ingredientes cercanos”, explica Sarah Khan, que se mudó a Ciudad del Cabo desde Nueva York en 2013 y escribe un blog sobre Sudáfrica.

Aun así, Khan cree que la ciudad podría hacer todavía más para mejorar el transporte público y evitar la escasez eléctrica que es cada vez más frecuente.

Los habitantes de Ciudad del Cabo hacen mucha vida en la naturaleza y no temen subirse a una bicicleta para moverse de un sitio a otro.

Curitiba, Brasil

Aunque otras ciudades escandinavas como Oslo y Estocolmo le pisan los talones, Copenhague sigue siendo, año tras año, la ciudad más “verde” de Europa.

Casi todos sus habitantes viven a 250 metros como máximo del transporte público y más del 50% utilizan la bicicleta para sus desplazamientos diarios.

Como resultado, Copenhague tiene unas emisiones de CO2 muy bajas para una ciudad de su tamaño.

Aunque toda la ciudad es buena para las bicicletas, los distritos de Nørrebro en el noroeste y de Frederiksberg en el oeste están especialmente comprometidos con este medio de transporte, explica Mia Kristine Jessen, originaria de Copenhague.

“Han gastado mucho dinero para crear la Ruta Verde, un carril de nueve kilómetros para caminar e ir en bici”, explica Jessen.

“La Ruta Verde se hizo para ayudar a los ciclistas a moverse por la ciudad de forma rápida y fácil y disfrutando de unas vistas bonitas”, añade.

“Pero no se trata solo de un carril: está llena de zonas verdes, parques infantiles, bancos y distintos terrenos, así que la vista cambia en cada giro”, dice Jessen.

La ruta acaba en Valby, a cuatro kilómetros del centro, en un barrio popular entre las familias por sus parques, sus escuelas y la seguridad de sus calles.

San Francisco, Estados Unidos

En comparación con otras ciudades de su tamaño analizadas en el índice mencionado, Vancouver, en Canadá, obtiene buenos resultados en emisiones de CO2 y en la calidad del aire, en parte debido a los esfuerzos de la urbe por promover las energías verdes y el uso de la hidroeléctrica.

Vancouver se comprometió a reducir un 33% sus emisiones de aquí a 2020.

Este compromiso no sorprende a Lorne Craig, quien se mudó a la ciudad en 1985 y escribe un blog sobre cuestiones medioambientales.

“Vancouver ha tenido una contracultura verde desde la década de 1960 y en todo el mundo se la reconoce por haber sido la ciudad donde nació la organización Greenpeace”, explica Craig.

“Las montañas presiden la ciudad. Recuerdan a todo el mundo que somos parte de algo más grande y bello”, relata.

Mientras otras ciudades seguían construyendo carreteras y promoviendo los automóviles y la dispersión urbana, Vancouver se mantuvo fiel a la vida en la ciudad, como muestra el desarrollo de la Isla de Granville, una península para peatones con mercados y estudios de arte.

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