Desde siempre, la indiferencia ha sido una lamentable característica de la sociedad bumanguesa. Esa apatía ha contribuido, por ejemplo, a que nuestra ciudad no haya tenido buenos alcaldes (eficientes y transparentes) que estén a la altura de la quinta urbe más importante del país. Basta ver el actual abanico de opciones, con miras a las elecciones de octubre, para comprobar la ausencia de líderes de peso y la necesidad de renovar la política local.Ahora que se denuncia el alquiler de niños a 20.000 pesos diarios para pedir limosna en las calles y semáforos, uno se pregunta si las autoridades están haciendo algo o si el tema logra conmover a los ciudadanos, en medio de esa habitual y hasta peligrosa indiferencia. Es imperativo que los alcaldes del área metropolitana tomen cartas en el asunto, se apersonen de este fenómeno y ayuden a atender a centenares de niños que uno ve en las esquinas en completo abandono. Las escenas son dolorosas. Ojalá haya un trabajo en equipo entre autoridades locales, regionales y nacionales y, por supuesto, esperemos que estas denuncias no tengan un fin electoral.Esta semana, el secretario del Interior de Santander, Andrés Fandiño, explicó que no se ha logrado establecer si hay una banda criminal dedicada a esta aberrante comercialización de niños e invitó a los ciudadanos a dar alimentos y no dinero, ante el temor de que estas monedas estén llegando a mafias miserables, cuyos integrantes deben ir a la cárcel por jugar con la tragedia humana.Otro asunto preocupante es la xenofobia que se percibe hacia los hermanos venezolanos en muchos habitantes en Santander, principal puerta de ingreso para miles de migrantes que huyen de la dictadura de Nicolás Maduro. El hecho de que algunos venezolanos se dediquen a robar ha llevado a que algunos generalicen y estigmaticen a una población vulnerable que demanda ayuda humanitaria. Para dimensionar lo que sucede, el 40 por ciento de la atención del Hospital Universitario de Santander, entre 2018 y 2019, se centró en los venezolanos. Por eso, cada vez que vea a un bebé en brazos o a un menor en un semáforo pidiendo una limosna, tome conciencia de esta situación. No mire para otro lado. Piense, además, que estos niños y niñas pueden ser víctimas de una repudiable explotación que todos debemos combatir y denunciar. Dato de cierre: La política es dinámica. En Santander se acabaron los principios. Con tal de ganar, los partidos feriaron los avales sin decoro.