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Sábado 05 de Noviembre de 2011 - 03:06 PM

Cuatro meses duró la errancia de cano por el suroccidente del país

Fue el pasado 3 de julio cuando el presidente Juan Manuel Santos le anunció al país que las tropas habían podido sacar a Alfonso Cano de su principal guarida: El Cañón de las Hermosas.
Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
Cuatro meses duró la errancia de cano por el suroccidente del país
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

Esa zona, agreste como lo deja en claro su nombre, se había convertido en un santuario de las Farc. Otro de una lista extensa de sitios selváticos, escarpados, alejados de cascos urbanos, que en casi 50 años de actividad ilegal han escogido para darles la máxima protección a sus principales dirigentes.

El Cañón está contenido en el Parque Nacional Natural de las Hermosas, descrito por las autoridades ambientales colombianas como “uno de los paisajes más espléndidos del sur del Tolima, aunque poco visitado y bastante desconocido”. Que en su área tenga numerosos ríos y más de 300 lagunas, le dan los recursos suficientes para que la guerrilla pase largos periodos sin salir y monte campamentos grandes (el Ejército calcula que el anillo de seguridad de Alfonso Cano fue de 400 hombres).

Además, el Cañón está en la región divisoria entre las cuencas de los ríos Magdalena y Cauca y entre los departamentos del Valle del Cauca y Tolima, lo que lo hace una vía ideal de tránsito, con salidas hacia el centro del país (Cundinamarca) o hacia la Costa Pacífica, por rutas del Valle del Cauca o el Cauca.

Tal escenario natural se convirtió hace años en la zona preferida para la actividad delictiva de Alfonso Cano en la guerrilla y en el centro mismo de la organización subversiva desde inicios de 2008, cuando este hombre asumió la comandancia máxima, tras la muerte de Manuel Marulanda Vélez.

Pero en ese 3 de julio, hace cuatro meses, Colombia escuchó de una operación de gran escala contra el máximo líder de las Farc que se desarrollaba en los límites del Tolima y el Cauca. De ese primer gran ataque, Cano escapó, según el propio jefe de Estado, Juan Manuel Santos, por apenas 12 horas.

En esa ocasión volvió a ser notorio y preocupante que la fuerza pública no concretara los cercos tendidos alrededor del número uno de las Farc. Sólo que estratégicamente había ocurrido un hecho clave: Cano había logrado huir, pero a costa de tener que pasar al otro lado de la Cordillera Central, es decir había sido obligado a abandonar su territorio en Las Hermosas.

Al dejar la comodidad de un sector bien conocido, Cano se desplazó hacia el norte del Cauca, a donde estaba Miguel Ángel Pascuas, alias ‘Sargento Pascuas’, jefe del Frente Sexto y responsable del terror en ese departamento, y donde se presume que también actúa alias Pablo Catatumbo.

Los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas empezaron a reportar que Cano estaba cada vez más sólo, sin Jerónimo Galeano y otros acompañantes históricos, que al estar en campos más abiertos tenía que trasladarse con menos hombres y que había tenido que incorporar a su anillo de seguridad a un explosivista, que minaba sus rutas de huida, con la intención aparente de encontrar un refugio de más confianza en la Columna Móvil Jacobo Arenas.

Según las pesquisas de las autoridades, el contacto con la Jacobo Arenas, ya en el Cauca, se produjo hacia el 9 de julio pasado, por orden de ‘Pacho Chino’, el mismo cabecilla que inicialmente se pensó había sido capturado ayer en los operativos que le costaron la vida a Cano.

Desde entonces, la guerra arreció en municipios del Cauca. Guerrilleros abatidos o capturados, pero también hombres del Ejército caídos en ataques y emboscadas, se convirtieron en noticias diarias, llenando de zozobra a buena parte del país y haciendo surgir voces de que el Estado estaba perdiendo control sobre el conflicto. El presidente Santos explicó en varias oportunidades que esas acciones subversivas estaban dirigidas a “distraer la atención de las tropas de su objetivo principal”, una teoría que ayer fue confirmada, con la muerte de Cano en esa región del país.

Militarmente estaba ocurriendo otro cambio importante. Los guerrilleros encargados de proteger a su máximo comandante habían perdido un factor que por tres años había jugado a su favor y alargado la persecución: las bajas temperaturas de las zonas altas de Las Hermosas, que sumadas a las dificultades del terreno, ocasionaron que muchos soldados salieran de actividad, rendidos por la hipotermia.

Con el paso obligado a la Cordillera Occidental, la altura siguió siendo un obstáculo para las tropas, pero ya no tuvieron que sufrir con los fríos extremos.

Con esas condiciones, se desencadenó la parte más decisiva y severa de la persecución, que terminó ayer con la Operación Odiseo, que dejó a las Farc huérfanas de comandante.

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