Boston, Estados Unidos.- Si de algo puede estar orgullosa América Latina al compararse con otras regiones del mundo es del trabajo hecho en los últimos 40 años para mejorar la atención de salud a la mayoría de sus habitantes, lo que ha disminuido el rezago ancestral ante comunidades desarrolladas, como las europeas.

Publicado por: COLPRENSA
Sin embargo, la situación está muy lejos de ser ideal, pues hay subgrupos significativos que siguen estando al margen de las posibilidades de prevención y curación que brinda la ciencia, especialmente las comunidades étnicas menos favorecidas y los estratos sociales más bajos. Comparando cifras, también se ven desigualdades de acceso de las mujeres frente a los hombres o de los habitantes de zonas rurales con los de las zonas urbanas.
Ese fue el diagnóstico inicial sobre el estado de las políticas de salud en América Latina que hizo Julio Frenk Mora, decano de la Escuela de Salud Pública en la Universidad de Harvard y exministro de salud de México, invitado especial al XI Seminario Latinoamericano de Periodismo en Ciencia y Salud, que se realizó en Boston, con la organización del Instituto de las Américas y Merck/MSD.
Para el experto, la región tiene tres retos puntuales que deben ser resueltos por las políticas estatales de salud pública: disminuir la desigualdad, aumentar el cubrimiento y mejorar la calidad de los servicios.
La desigualdad no cede
Para entender los problemas que enfrentan los sistemas de salud, hay que echar una mirada al pasado. Y reconocer, por ejemplo, que el Siglo XX fue absolutamente exitoso en el avance de la ciencia médica, lo que permitió derrotar las principales patologías y fenómenos que atentaban contra el bienestar humano, pero que también creó una realidad paradójica, pues inició procesos de los cuales hoy se están viendo las consecuencias para la salud, como el envejecimiento de la población o la disminución de la actividad física.
En la centuria pasada la tasa de mortalidad cayó en toda América Latina y creció la esperanza de vida, pasando de promedios alrededor de los 30 años hasta promedios que superan los 60 años. “Ese fue un cambio social dramático del significado de la enfermedad: al iniciar la década de los años 70 del siglo pasado la mitad de las muertes ocurría en niños pequeños, ahora en esa población se registra el 4% de los fallecimientos; entonces, la tercera parte de las muertes era en personas de la tercera edad, ahora, entre ellos se presentan las dos terceras partes”, resaltó el doctor Frenk.
Agregó en su explicación que “el 80% de la muertes ahora son no infecciosas: sino por diabetes o por enfermedades del corazón, por ejemplo. Hoy la gente no muere por sida o cáncer, sino que vive con ellos. La gente es diabética, es sobreviviente del cáncer. Es decir que la enfermedad se convirtió en una condición de vida, no necesariamente un evento agudo y dramático”.
Esos cambios se produjeron por la prosperidad económica, al cambio tecnológico, al conocimiento de la ciencia, a la transmisión de ese conocimiento y a la aplicación de políticas públicas basadas en conocimientos acertados.
Sin embargo ese progreso no se distribuyó de manera homogénea en América Latina, continente que aún es escenario de profundas desigualdades. Especialmente en poblaciones indígenas, afrodescendientes y en grupos de pobreza extrema. Por ello, el principal reto a resolver por los Estados, es trazar políticas que aminoren rápidamente ese tipo de inequidades.
El cubrimiento, segundo reto
Otra revolución de la que fue sede América Latina ocurrió en los sistemas de salud. Chile fue el primero de sus países en introducir un servicio nacional de salud (en 1952), incluso antes de que fuera creado el servicio británico, lo que marcó una ruta que quisieron seguir la mayoría de países de la zona.
El doctor Frenk Mora asegura que, pese a las innegables virtudes de los sistemas nacionales de salud, en la región aún no se llega al nivel de inversión necesario para conseguir el cubrimiento total de servicios. De hecho, están en marcha procesos como el que vive Colombia para reformar los sistemas, conseguir más recursos y ampliar los servicios y coberturas.
Hay esfuerzos por hacer en ese sentido, pues mientras en EE.UU. (que tiene un serio problema de salud pública y los peores índices de salud del mundo industrializado) el dinero destinado a la atención a la salud es el equivalente al 17% del PIB y el promedio mundial es del orden del 10%, en Latinoamérica ese porcentaje sólo lo alcanzan Uruguay y Argentina, mientras Colombia apenas se acerca. En la región, en 2011, el promedio de gasto en salud fue del 6,1% del PIB, según estimaciones del Banco Mundial (BM).
Es tal la necesidad de que aumenten las inversiones de los Estados en atención, que el BM calcula en cien millones las personas que cada año se empobrecen en el mundo por pagar servicios de salud. En EE.UU. el pago de servicios de salud es la primera causa de bancarrota de las empresas y en México es la primera causa de retiro de los hijos del colegio. “Esa es la importancia de tener un aseguramiento público adecuado”, subrayó el doctor Frenk.
No obstante, se reconoce que América Latina es fuente de innovación en los modelos de aseguramiento, tanto que las mejoras han generado fenómenos como el aumento del tránsito de ciudadanos de EE.UU. hacia México u otros países buscando esos servicios y que en toda la región haya nacido el llamado turismo de salud.
El servicio, otra meta a la que apuntar
“Colombia ilustra lo intenso que puede ser el debate político que despierta el sistema de seguridad en salud. El esquema diseñado por Juan Luis Londoño hace más de 20 años es uno de los mejores en la historia del mundo, pero su aplicación no fue afortunada y eso también ha sido ejemplo mundial”, aseguró Frenk Mora.
Por eso consideró muy importante el actual debate para reformar la salud en el país. Y sin intervenir en las particularidades colombianas, el decano de la Escuela de Salud Pública de Harvard dijo que el mejor consejo que puede dar a todos los que intervienen en la discusión “es no olvidar que los mejores sistemas de salud son mixtos, con intervención privada y pública, en los que el Estado se asegura de cumplir tres tareas: regular (qué prioridades dar, qué atender y qué no, qué medicar y qué no), financiar y acreditar (quiénes prestan el servicio). Con eso resuelto no hay problema de que la prestación sea privada”.
Sobre el proceso reciente de Colombia dijo que dos factores le hicieron daño al sistema: la intervención exagerada de intermediarios privados y la judicialización, “pues las decisiones de salud pública deben ser de expertos científicos, no de jueces que cambian las prioridades y contribuyen a desfinanciar el sistema público”.
El experto dijo que en aras de mejorar y ampliar los servicios pueden ensayarse fórmulas novedosas. “No le veo ningún problema, por ejemplo, al llamado turismo hospitalario, siempre y cuando se haga en hospitales bien dotados, que esos mismos hospitales estén dispuestos también para atender a la población local y que el dinero que traigan los turistas se use para mejorar la atención a las personas del país respectivo”.
También habló sobre la posibilidad de buscar otras fuentes de financiación, específicamente con nuevos impuestos cuya aplicación ya se estudia en algunos países de la región (México y Chile), tales como el gravamen a las bebidas endulzadas: “Estoy a favor de los impuestos a los refrescos, es una medida que traerá beneficios fiscales y también beneficios a la salud”.
Para culminar su análisis regional, el doctor Frenk Mora dijo que sea cual sea el modelo de aseguramiento que escoja cada país, este debe cumplir con las tres responsabilidades fundamentales de los Estados: “garantizar atención a todos los pacientes, definir una financiación estatal y mejorar la calidad en la prestación de lo servicios”.
“innovación y educación, esenciales para el acceso a la atención médica”
En el seminario sobre periodismo y salud pública realizado en Boston intervino también el portugués José Bastos, presidente de MSD/Merck para América Latina. Aseguró que el desafío principal en la región es aumentar el acceso a los servicios médicos, ante el cual las empresas privadas pueden ayudar con tecnología e investigación.
“Hay que reconocer que faltan muchos años para conseguir el acceso universal, pero es el camino que debe recorrerse. La pregunta en cada país debe ser: ‘¿Estamos recorriendo el camino correcto?’ La meta es más posible hoy, porque en la región hay población pobre, pero los Estados ya no son pobres, como lo fueron antes”, dijo Bastos.
Agregó que “no vamos a ser capaces de tener el nivel de innovación que se necesita, si no mantenemos una visión de largo plazo. Una novedad médica científica requiere 20 años de investigación y un billón de dólares de inversión. Los gobiernos deben comprender eso y apoyar el esfuerzo de la empresa privada”.















