Una reunión clave se desarrolló para definir el futuro de las obras en la deteriorada vía entre Bucaramanga y Bogotá. Además, se discutió si los peajes del corredor vial continuarán suspendidos o se reactivarán. Conozca qué se acordó.
El pasado jueves, autoridades e integrantes del Comité de Transportadores y Comunidad de la Ruta 45A se reunieron para debatir el mantenimiento de la vía y la posibilidad de que las talanqueras de los peajes se bajaran, tras siete meses del inicio de la protesta comunitaria.
En la reunión, que tuvo como epicentro el peaje de Curití, participaron habitantes y usuarios de la vía, Invías, la Gobernación de Santander, el consorcio encargado de la obra, la interventoría, la Cámara de Comercio de Bucaramanga, la Sociedad Santandereana de Ingenieros y delegados del Ministerio de Transporte, entre otros.
La petición de la comunidad fue clara: una solución integral para la vía que permitiera acabar con fenómenos como la gran cantidad de huecos, el riesgo de accidentes y la ocurrencia de muertes a lo largo del recorrido.

Tras varias horas de diálogo, se lograron acuerdos “a medias” y será el próximo presidente de Colombia quien quede con la responsabilidad de arreglar esta importante vía, principal conexión entre ambas ciudades capitales.
De acuerdo con Ramiro Anaya, vocero del Comité de Transportadores y Comunidad de la Ruta 45A, “lo primero que se definió fue una visita al tramo de la vía entre Socorro y el Inter de Piedecuesta para definir cuáles son los puntos críticos en los que se adelantaría un mantenimiento. Se le dará prioridad a este segmento de la vía por su alto flujo vehicular y la riqueza turística”. Lea también: ¿Arreglarán la deteriorada vía Bucaramanga-Bogotá?
Anaya dijo que “de los 2,5 billones prometidos en 2024 para la solución integral de la vía, se logró que Invías destine $64 mil millones para inversión entre Socorro y San Alberto, pero solo para mantenimiento”.

El vocero comunal agregó que durante los últimos años Invías recaudó cerca de $800.000 millones en los seis peajes que tiene esta vía, pero estos recursos no se han visto invertidos en ella. “Al Gobierno Nacional no le interesa buscarle soluciones a la Ruta 45A. Los recursos que reunieron desde 2017 no se reinvirtieron”, aseveró.
La comunidad aclaró que las talanqueras arriba, que mantienen suspendido el cobro, solo se bajarían cuando haya maquinaria y avance en las obras prometidas con la actual inversión.
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Por su parte, el diputado de Santander Martín Gutiérrez reiteró que entre los peajes de Los Curos, Curití y Oiba se recaudan entre $30.000 y $45.000 millones al año, pero esa cifra nunca se ha visto reflejada en el estado de la carretera.
“No se ve la inversión en la vía, no se ve limpieza de cunetas, no se ve señalización, no se ve que tapen huecos y, en absoluto, se ve mano de obra. Prometieron obras, pero solo se ven reparcheos como el que hicieron en un tramo de Güepsa. ¿Y el resto?”. Vea también: Vía Bucaramanga - Bogotá: Entre huecos, muertos y abandono
Además del mantenimiento, quedarían pendientes los tramos Curos-Piedecuesta, las zonas de adelantamiento y las variantes de San Gil, Socorro, Oiba y Barbosa, obras que debieron estar terminadas hace años.
Una vía con muchos problemas
En el kilómetro 60+455 de la vía, metros más abajo del sector de Curos, el río socavó el talud e hizo que la banca cediera. Allí solo hay paso a un carril y, aunque a la fecha se desarrollan trabajos de construcción de un muro, los conductores denuncian que este tramo duró varios años sin ser intervenido.
La ruta 45A atraviesa el sector de Pescadero, en pleno Cañón del Chicamocha, en proceso de ser declarado geoparque y patrimonio de la humanidad. Pese a la importancia turística que tiene esta zona, la vía en nada le hace honor a su grandeza. Le puede interesar: Vía Bucaramanga-Barbosa: se reactivaron las mesas para billonaria inversión.
En este tramo, la ausencia de doble calzada retrasa los recorridos por la gran cantidad de tractocamiones que circulan por allí, sumado a la alta tasa de accidentalidad de vehículos y motocicletas que intentan sobrepasar a los de carga pesada.
Al llegar a San Gil, el recorrido no es menos amable. La vía es empinada y atraviesa el casco urbano de San Gil, lo que pone en riesgo a la población del municipio. Precisamente, el 5 de enero de 2017, un tractocamión sin frenos se “descolgó”, acabó con la vida de cinco personas y dejó heridas a 17 más.
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En su momento, el Gobierno Nacional propuso la construcción de una variante para sacar el tráfico pesado del casco urbano de la capital guanentina. No obstante, ocho años después, el proyecto sigue siendo un “elefante blanco”.
Entre quienes transitan la vía hay un dicho: esta se asemeja a una flauta por la gran cantidad de huecos que registra. Le puede interesar: Talanqueras en la vía Bucaramanga - Bogotá seguirán arriba: no hubo acuerdo entre comunidades e Invías
Tal es el desespero de los conductores que optaron por geolocalizarlos en plataformas de movilidad para evitar que más vehículos sigan cayendo en estas “trampas mortales”.
Muertes por doquier

El 9 de julio de 2024, Robinson Estiven Cárdenas Orozco, quien se desempeñaba como concejal del municipio de Coromoro, Santander, y su pareja Ana Carina Mendoza fallecieron en un accidente de tránsito en el kilómetro 81 +500 de la vía entre El Socorro y Oiba.
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La hipótesis más sonada es que, por esquivar un hueco, un camión tipo turbo invadió el carril contrario, golpeó la motocicleta en la que viajaba el corporado y les produjo la muerte de inmediato. Allí fallecieron, además del concejal, su esposa y un bebé que la mujer esperaba.
Por su parte, Efrén Niño, veedor de Palenque - Zipaquirá, narró cómo “a principios de este año un motociclista cayó y se decapitó porque le fue imposible maniobrar su vehículo. El año anterior, entre enero y septiembre, contabilizamos 70 accidentes y nueve muertos en ese lapso de tiempo”.












