Escribir también es sanar: conozca cómo se vivió el interesante taller emocional que marcó a los estudiantes de la Udes.

Responda en un cuaderno o en una hoja en blanco y con unas cuantas palabras ¿qué necesita para ser feliz? Esta y otras inquietudes pretendieron transformar el silencio en un refugio. Así, entre líneas, confesiones y emociones, estudiantes encontraron en la escritura una forma de hablar de aquello que muchas veces callan: el miedo, la ansiedad, el estrés, las heridas emocionales y la necesidad de sentirse escuchados.
Así se vivió el taller “La escritura como vehículo de las emociones”, una experiencia donde escribir dejó de ser un ejercicio académico para convertirse en un acto de honestidad y encuentro consigo mismos.
La jornada, que se cumplió en una de las aulas del bloque Guane de la Udes, bajo la premisa “Escribir para sobrevivir”, reunió a jóvenes dispuestos a mirar hacia adentro y reconocer aquello que habita en sus emociones. (Lea además: Entre presiones y emociones: el arte de vivir con equilibrio)

El invitado especial, Herly Argüello Amado, de FANDE y autor de la obra Cuentos para despertar, compartió reflexiones profundas sobre la escritura como herramienta para sanar, comprender las heridas internas y aprender a convivir con ellas sin miedo ni vergüenza.
Más allá de la literatura y la poesía, el espacio permitió abrir conversaciones necesarias sobre salud mental y bienestar emocional.
Andrea Melisa Garcés Salcedo, integrante de Slam Santanderes y ponente del taller, explicó que la intención era ofrecerles a los estudiantes un lugar diferente, cercano y humano: “La idea de estos espacios es encontrar un lugar más dinámico, donde los chicos aprendan sobre poesía, literatura y slam, pero también donde puedan hablar de temas tan importantes como la salud mental”, expresó.

En este sentido, los estudiantes de Instrumentación Quirúrgica de la Udes encontraron en la actividad una pausa en medio de la exigencia académica y emocional que implica prepararse para cuidar la vida de otros. A través de la escritura, pudieron reconocerse como seres humanos sensibles, capaces de sentir, sanar y expresar aquello que muchas veces permanece guardado detrás de una rutina cargada de responsabilidades.

Durante el encuentro, Herly Argüello Amado habló sobre cómo la escritura puede convertirse en un espejo incómodo pero necesario. “Hoy en día está mal visto estar mal”, afirmó, invitando a los asistentes a reconciliarse con sus emociones y entender que reconocer las propias sombras también hace parte del crecimiento personal.
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“A través del libro y de las reflexiones lo que quiero es que tengamos un espejo incómodo en el cual podamos ver nuestras heridas y nuestras sombras, no para exaltarlas, sino para entendernos y poder avanzar en la vida”, añadió.

Sus palabras resonaron especialmente entre los estudiantes del área de la salud, quienes diariamente se preparan para acompañar el dolor y el cuidado de otras personas.
Para el autor, antes de sostener a alguien más también es importante aprender a sostenerse a uno mismo. “El ser humano, en cualquier aspecto, tiene que buscar el sanar, el aprender y el reflexionar. Que haya un espacio en el que podamos ser es fundamental”, expresó.
El autor de Cuentos para despertar también reflexionó sobre el valor de la lectura y la literatura en tiempos marcados por la inmediatez y las pantallas. “Leer es un reto y algo revolucionario ante los pequeños momentos de atención que ahora tenemos. Un libro es la trinchera perfecta para apaciguar nuestra mente y encontrarnos entre las letras de otras personas”, señaló, despertando en muchos asistentes el deseo de volver a encontrarse con las palabras y con ellos mismos.

Por su parte, la directora del programa de Instrumentación Quirúrgica, Mónica Vargas Rodríguez, destacó que este tipo de actividades fortalecen no solo la formación profesional, sino también la sensibilidad humana de los estudiantes. “Estos talleres no solo forman escritores, sino seres humanos más conscientes, capaces de reflexionar sobre su vida, sanar heridas emocionales y aprender el valor del perdón”, manifestó.
De igual forma, Sandra Milena Rivero Tapias, organizadora del certamen y profesora del programa, aseguró que el taller permitió que muchos jóvenes descubrieran el poder transformador de expresar lo que sienten: “La escritura no solo enseña a comunicar ideas; enseña a reconocer emociones, construir identidad y transformar experiencias en aprendizaje significativo”, explicó.
Para Rivero Tapias, la educación también debe tocar el corazón y dejar huellas imborrables en quienes aprenden. “La educación verdaderamente transformadora no se limita a transmitir conocimientos: crea experiencias que despiertan sensibilidad y fortalecen la confianza de cada estudiante en su manera de ver y expresar el mundo”, concluyó.

















