En la última semana, un equipo de trabajo de Vanguardia Liberal recorrió varias rutas del Sitm para ver las incomodidas que deben sufrir los usuarios y saber cuánto tarda Metrolínea en atravesar de extremo a extremo el área metropolitana.

Publicado por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL
Aproximadamente una hora y media puede tardar un recorrido de extremo a extremo del área a través de Metrolínea (unos 20 minutos más en ‘hora pico’).
Esto es más de tres veces lo que anuncia una pieza publicitaria del Ente Gestor, en donde se asegura que el Sitm puede llegar del Centro de Bucaramanga al municipio garrotero en 35 minutos.
Se trata de una verdad a medias, pues si bien la ruta T3 (Piedecuesta - Centro) se demora entre 32 y 35 minutos en llegar de Quebradaseca a la estación temprana de Piedecuesta, lo cierto es que la mayoría de los usuarios de ese municipio deben hacer trasbordos para ir a sus casas y tardan en promedio una hora (o más) en hacer sus traslados diarios.
Esto se agrava si, por ejemplo, el pasajero está en las carreras 27 o 33, pues las rutas que van por esos corredores viales no tienen carril exclusivo y en esos casos los viajes pueden tardar más de hora y media en ‘hora pico’ por los trancones.
Así se pierden los usuarios
El problema, sin embargo, va mucho más allá de cuánto dura un bus en llegar a uno u otro lugar. El desencanto de los usuarios se da también por problemas como la incomodidad de los trasbordos, la espera en algunas estaciones, la falta de puntos de recarga y la percepción de inseguridad.
A pesar de que uno de los objetivos de la entidad es ‘enamorar’ a la gente y atraer a más usuarios, lo cierto es que hay acciones que lo que hacen es espantarlos.
La semana pasada, por ejemplo, un hombre llegó a la estación temprana de Piedecuesta con la intención de usar el Sitm para ir al parque principal.
Era la primera vez que hacía este recorrido y, ante la falta de mapas, guías u otro elemento informativo, optó por subirse a un alimentador que cubría la ruta APD5 (Piedecuesta - Centro). La lógica le decía que este era el bus adecuado.
No podía estar más equivocado. Si bien la ruta se llama Centro, lo cierto es que no pasa por el parque. De hecho, los únicos buses que van a esa zona son los que van al sur del municipio y que parten de la parada de Cabecera (ninguno sale de la estación temprana).
Al final, después de 20 minutos perdidos y de regresar al punto de partida, el sujeto se bajó del bus y se alejó asegurando que nunca más se iba a “volver a montar en esa m....”.
Luego, se le acercó a uno de los mototiclistas que se ubican todos los días cerca de la estación. “¿Me lleva al parque?”... “Sí, claro”, le contestó el mototaxista, mientras le pasaba el casco.

No es el único problema
Al final, los usuarios nuevos terminan por aprender a usar el Sitm ‘a la brava’ o con la ayuda de otros usuarios. El Sitm no tiene herramientas que faciliten este aprendizaje. Actualmente, ni siquiera hay mapas en las estaciones y en la nueva página web de la entidad, a duras penas se ven los recorridos de las rutas T1 y T3.
Además, esta redacción encontró desorganización en algunas paradas, estaciones con las puertas dañadas y buses que tienen problemas mecánicos insólitos, como falta de potencia o dificultades para poner los cambios.
De igual forma, a pesar de que hay presencia de la policía en gran parte del Sitm, se mantiene la percepción de inseguridad, especialmente en la noche y en los sitios alejados de la troncal.
De la UIS a Piedecuesta
Para ir de la Universidad Industrial de Santander al barrio Paseo El Puente, ubicado en el extremo sur de Piedecuesta, hay básicamente dos opciones viables.
Una alternativa es coger el padrón P3 (Carrera 27 - Bucarica) en la calle 11 con 27, parar en alguna de las estaciones de la Autopista y hacer un trasbordo a un P8 (Carrera 33 - Piedecuesta), que lo llevará hasta Cabecera (en ese municipio). Allí, hay que esperar unos 10 minutos por el bus alimentador APD5 (Paseo del Puente), que tarda otros 10 minutos en llegar a ese barrio, luego de pasar por el centro. Tiempo: 1 hora y 15 minutos (20 minutos más en ‘hora pico’).
La otra opción dura aproximadamente 10 minutos más. Para ello hay que ir a la parada del Instituto Técnico Dámaso Zapata y coger directamente el padrón P8, que desviará al usuario por el Estadio Alfonso López, la carrera 33 y luego bajará por la calle 56 hasta la Puerta del Sol y la Autopista.

Rapidez vs. trasbordos
El dilema, al final, es sencillo, la primera alternativa tarda 10 minutos menos, pero hay que hacer dos trasbordos (en vez de uno). Además, hay altas probabilidades de que le toque un bus P8 lleno de gente y deba ir parado media hora antes de llegar a Cabecera.
La segunda opción se demora más, pero solo debe hacer una transferencia y se puede coger un buen puesto en el padrón P8.
Muchos prefieren la última alternativa, tardarse 10 minutos más, pero evitar los trasbordos.
Tal vez por eso un comentario popular entre algunas personas es que el servicio de bus de antes era mejor.
El bus urbano se podía demorar, pero el bus recogía al pasajero cerca a la casa y lo dejaba cerca del destino. No había transferencias.
Incluso, muchos aseguran, de forma tajante, que lo mejor sería acabar con Metrolínea y volver al sistema convencional.
El caos de Cabecera
Los comentarios con la Estación Temprana de Piedecuesta son generalmente positivos. Si bien está lejos de ser la situación ideal, hay mucha más comodidad que antes, cuando las transferencias se hacían en La Españolita, donde era especialmente traumático el servicio cuando llovía.
Otra cosa distinta es la parada de Cabecera. Allí, los buses paran donde pueden, incluso en medio de la vía, haciendo trancón, y los pasajeros se aglomeran en la calle y los andenes de forma desordenada, ‘echando ojo’ para ver cuando llega el bus que esperan.
Nadie hace fila. Hay una especie de acuerdo tácito entre los usuarios, sobre cómo se debe hacerse el ingreso a los buses. Para empezar, los buses llegan y dejan los pasajeros que vienen de los barrios. Luego de que se desocupan los vehículos, entran los pasajeros nuevos, pero pero lo hacen por atrás, para evitar el cobro de doble pasaje. La gente ingresa como puede, sin empujar, pero con el afán suficiente para evitar quedarse sin buen puesto.
Metrolínea no es un príncipe azul
Mientras espera el bus, una usuaria comienza a lanzar improperios por la demora del bus. “Si no le gusta el servicio, ¿por qué lo usa?”, le pregunta alguien... “Pues porque me toca, porque no tengo para comprar una moto”, contesta la mujer.
Para ella, el Sitm estaba lejos de ser el ‘príncipe azul’ que pintaron las autoridades hace ocho años. La percepción de algunos usuarios como ella es que el Sitm es un novio ‘impuesto’ por el Gobierno, que si bien tiene algunas bondades, también tiene muchos defectos. Si Metrolínea quiere ‘enamorar’ y atraer a más pasajeros, debe tratar de atender estas inquietudes.
Algunos de ellos, solo se pueden resolver en el largo plazo, cuando haya más buses o infraestructura.
Otras cosas difícilmente se podrán resolver (como el impacto de los trancones en la 33 y la 27 en el Sitm), a no ser que se implementen más carriles exclusivos, lo que difícilmente se podría dar.
No obstante, también hay otras que, en el papel, están disponibles en el corto plazo, como la presencia de más policías, la contratación de guías o mejores herramientas informativas visuales y auditivas.














