Martes 07 de Junio de 2016 - 08:27 PM

Un comercio con historia en Bucaramanga

Desde 1916 se tiene registro de la actividad comercial en Santander.
Suministrada/ VANGUARDIA LIBERAL
Un comercio con historia en Bucaramanga
(Foto: Suministrada/ VANGUARDIA LIBERAL)

Existen en Bucaramanga locales que han sido testigos de su historia. Cafeterías, tiendas, almacenes, hoteles y bares han trascendido por décadas y hoy siguen vigentes. Estos son algunos de los negocios que los bumangueses más recuerdan cuando se les pregunta por establecimientos que perduran en la memoria, la ciudad y el corazón.

 


“Mozo, sírvame la copa rota, quiero sangrar gota a gota el veneno de su amor…”, suena de fondo la melodía cantada por Alci Acosta en La Esquinita, uno de los bares más antiguos de la ciudad, que aún sigue vigente. Este lugar ubicado, como su nombre lo indica, en la esquina de la Avenida Quebradaseca con calle 22, abrió sus puertas por primera vez el 13 de noviembre de 1964, al mando de Gonzalo Velásquez y William Wolf, con solo una intención, vender aguardiente y poner tango y boleros a los comerciantes que iban de paso por la ciudad. Hoy, aunque con un nuevo dueño, sigue manteniendo su espíritu bohemio y llenando la copa de más de un despechado o enamorado de la ciudad.

 

Mario Alfonso Ramírez Castillo, heredero de la Fuente de Soda Magará, recuerda todas las trabas que en su momento tuvo para abrir sus puertas al público. Aunque la idea del negocio fue de su padre, Ciro Alfonso Ramírez Cabeza, en un viaje a Silos, su pueblo natal, ubicado en Norte de Santander, para celebrar ferias, murió en un accidente. Tras esto, su madre, Maruja Castillo de Ramírez, quedó a cargo de la apertura del lugar, pero debido al duelo, lo postergó un año, hasta que finalmente, en una semana santa de 1969, Magará abrió sus puertas y las naranjadas de doña Maruja, así como los sándwiches y helados que traían de Bogotá, tomaron fama en toda la ciudad. Magará, que siempre ha estado en la carrera 31 con calle 54, cuenta Mario Ramírez, fue el nombre que su padre le quiso dar en honor a un indígena famoso de su pueblo. Actualmente la fachada permanece intacta, como detenida en el tiempo, sin ninguna variación en su construcción.

 

Cecilia Avila es una de las herederas del Hotel MYO, que construyeron sus padres, Alfredo Ávila Reyes y Ana Lucía Reyes de Ávila, en abril de 1960, en una casa cercana al Parque Centenario de la que tres años después se trasladaron al edificio en el que actualmente se encuentra, en la Avenida Quebradaseca con carrera 22. Según recuerda esta mujer, sus padres llegaron de Puente Nacional de donde eran oriundos, en busca de nuevas oportunidades de vida, pero para su desgracia los robaron. “Mi madre entre su angustia por pensar en un negocio me contó que en los sueños la Virgen le decía ‘un hotel, un hotel’ y así fue que decidieron montarlo”, narra Avila. Entre sus huéspedes recuerda al cantante Galy Galiano y a los cientos de deportistas del país, ya que el MYO tenía un contrato con Coldeportes. Actualmente los herederos están vendiendo el antiguo hotel, debido a que toda la familia se encuentra fuera del país.

 

El Tony, creado por  Jesús Plata Flórez, oriundo del Socorro, fue inaugurado en 1965 por este santandereano, que vio la necesidad de tener un lugar en la ciudad en donde hubiese servicio de restaurante las 24 horas. Fue el pionero de idea que sigue vigente.

El Viejo Chiflas fue fundado por Héctor Osma en 1957, cuando se construía la víaBucaramanga-Bogotá, con el objetivo de alimentar a los trabajadores. El restaurante cuenta con varias sedes, incluida la tradicional del Cañón del Chicamocha.

La ola migratoria de Europa, producto de la Segunda Guerra Mundial, trajo al país a la familia Checoslovaca Steur, quienes implementaron por primera vez en el país los supermercados. Es así como el 14 de octubre de 1940, Federico Deutsch y Kerel Steuer inauguraron en Colombia el primer almacén de cadena, TIA Limitada. La ciudad escogida fue Bogotá y después se fueron expandiendo hasta llegar a Bucaramanga, en donde se han mantenido intocables entre las calles 35 y 36 con carrera 15. Han pasado ya 76 años desde su apertura y al TIA parece que los grandes almacenes de cadena no le son competencia ni le cambian el esquema de negocio con el que nacieron y por el que aún mantienen casi que intactas sus tiendas.

En la carrera 19 con Bulevar Santander está ubicada desde 1962 la Heladería Bulevar, más conocida por sus clientes como la Tienda de Don Raúl. Quienes han tenido la oportunidad de pasar por el lugar, no se van sin probar dos productos que los hicieron famosos: los pandeyucas y el capón. Hoy, Raúl Antonio Pérez González, hijo de don Raúl, quien falleció hace dos años, lleva las riendas del negocio familiar, que ahora se llama Lonchería Bulevar. “Le cogí cariño al negocio como lo hacía él”, comenta, mientras aclara que aunque remodeló por completó el lugar y dejó de ser una tienda para convertirse en una moderna cafetería, dejó intacto el sabor de sus productos, por lo que tantas personas los visitan y recuerdan a su padre o las apuestas al marcador que hacían en el Toto Gol.

Esta emblemática y tradicional empresa deleita el paladar de los santandereanos desde 1937, cuando don Miguel Ordóñez, ya fallecido y padre del procurador Alejandro Ordóñez, decidió incorporar sus conocimientos pasteleros adquiridos en Bélgica, realizando una fábrica de galletas: La Aurora. La casa familiar y en donde aún se venden las galletas, además de diversos puntos del país, queda en la calle 34 con carrera 17. Ya son 79 años haciendo parte del empuje santandereano, pero con el sabor europeo que hasta el día de hoy las mantiene vigentes.

Con 83 años de edad, su cabello y bigote completamente blancos y unos brillantes ojos azules que resaltan su aún muy conservada apariencia, Karl Yohann Niederbacher Stolz (foto), suizo de nacimiento, recuerda cómo llegó al país en un barco para dirigir una pastelería en Medellín hace 60 años.  A los casi 10 años de labor en la capital antioqueña, exactamente en 1966, Karl viajó a Bucaramanga y vio la oportunidad de traer las recetas culinarias que había aprendido en su país y fue así como inauguró inicialmente en la calle 36 con carrera 17 la Pastelería La Berna, que tras 12 años en ese lugar se trasladó a donde permanece hasta el día de hoy, la calle 35 con carrera 18. “Cuando llegué a la ciudad era un pueblicito, pero me gustó…”, recuerda Niederbacher quien dice no se cansa de comer las tradicionales milhojas o “brazos de reina” que  trajo a Bucaramanga. Hoy su esposa, Nubia Silva Echeverrias e hijos, Marlies y Carlos André Niederbacher Silva están junto a él al mando del negocio.

 

 

 

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