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Lunes 17 de Abril de 2017 - 10:50 AM

La historia en Bucaramanga de los raperos venezolanos que huyeron de Maduro

Cada ciudadano venezolano que ha llegado a Bucaramanga tiene una versión distinta para contar. Testimonios que muestran los diferentes matices de la llegada de venezolanos al país, población que supera las 137.000 personas, según Migración Colombia.

Siete pedazos de pan

Ronni Moreno, conocido en la escena callejera musical del rap como ‘Séptimo Klibre’, llevaba seis meses sin empleo. La fábrica de jabón donde trabajaba cerró por falta de insumos. Como Ronni más de 100 familias quedaran en el aire, para contratar a llaneros, quienes cobran más barato la hora de trabajo. Moreno estaba sumando deudas en el comedor de su casa cuando recordó que con ese día que estaba por terminarse ya juntaba 4.320 horas sobreviviendo gracias al rap. Presentando, a cambio de monedas, la realidad de su país en líricas rápidas y sonidos salidos de lo profundo del estómago. Improvisando versos que encontraban caminos en escenarios como el ferrocarril, los buses, las calles y los parques de su natural Guarenas, estado de Miranda, en Venezuela.

Terminó de contar lo adeudado y pasó a sumar los pocos Bolívares que  había juntado en las últimas jornadas de rap callejero. Pero lo ahorrado no le alcanzaba ni para reunir los 7.000 bolívares de la harina pan, la misma libra que antes del desabastecimiento se vendía por 612 bolívares en cualquier tienda. 500 gramos que en la casa de Ronni Moreno se racionaban en arepas para cuatro personas para más de ocho días, con sus tres golpes: desayuno, almuerzo y comida. Esa noche no había nada qué comer. 

Séptimo Klibre sintió la agonía en la boca del estómago, aquella que había tratado de calmar con agua y cigarrillos desde hacía dos días. También recordó que esa misma noche se había comprometido a llevarle a la mamá de su hijo el dinero para comprar algo de leche y, si contaba con suerte, para pañales. Otra vez le volvió la punzada en la boca de la barriga. Rebuscó en la despensa alguna sobra de pan duro con que calmarla. Una búsqueda infructuosa. Pensó que sus vecinos podrían compartirle algo de alimento, pero estaban en las mismas condiciones de él. Después de darle vueltas al asunto sin hallar una solución, dijo: “me toco salir a robar”.

Salió de su casa sin un rumbo fijo. Caminó hasta una esquina concurrida cercana al sistema metro. Se sentó en el andén a esperar el momento preciso y a la víctima indicada para asaltar. En medio de la crisis, quien pasara con un paquete lo más seguro es que fuera de comida. Una libra de arroz podría representar la comida de una semana. Corrieron los minutos. La gente pasaba de prisa. Hasta que el sector quedó sólo. Nunca llegó el momento. ‘Séptimo Klibre’ no fue capaz. Prefirió mantener su nombre artístico que matricularse con un alias en el hampa.

Con su honra intacta y con más hambre de la que tenía antes, se retiró a su casa cabizbajo. Iba de camino cuando se encontró con un 'pana', quien lo escucho y vio llorar. Su amigo le regaló un pan y Ronni Moreno, todavía el ‘Séptimo Klibre’ del rap criollo venezolano, lo partió en siete pedazos. Esa noche no pudo llegar con la leche y los pañales,  pero no se presentó con las manos vacías. Esa madrugada regresó con la convicción de que el único camino para salir de la hambruna era el de emigrar de Venezuela.

Ronni y otros dos amigos,  "de esos criollos/Que le gustan los frijoles/ arrocito de pollo/ Y arepa por la mañana", cogieron rumbo a Cúcuta. Y de allí pasaron Bucaramanga. Ricardo de Jesús Barón, Diddier González y Ronni Moreno llegaron a Colombia hace cinco meses. Ellos son, en ese mismo orden:  Cauzer, Reiddid y Séptimo Kalibre, los Real Guarenas Family.

‘Real Guarenas Family’ para el mundo

Ronni, de 20 años. Ricardo, de 21. Diddier, de 19 años. Los tres abandonaron Venezuela detrás de un sueño musical que aún persiguen, esta vez en rutas de buses bumangueses. Pero antes rapearon por cuatro meses en Cúcuta. Sin embrago, en la capital nortesantanderena eran muy pocos los conductores que les permitían subirse a los vehículos sin pagar. De manera que tomaron camino al sur. Los tres jóvenes tienen historias similares: Ronni y Ricardo tienen hijos; los tres estaban estudiando en universidades venezolanas; compartieron la cuadra del mismo barrio, así como las necesidades económicas, esa agonía que produce el hambre. Dicen tener un contrato firmado con un manager que está en Puerto Rico esperando a que ellos puedan hacer los trámites del pasaporte. Mientras tanto el presente está en Bucaramanga.

La idea es lograr en las mañanas los $30.000 de las dos habitaciones de la residencia donde duermen, ubicada en cercanías del parque Centenario. En su travesía desde Cúcuta, a la familia Guarenas se unió a otro venezolano, Anderson Guñido, 'Gudiño Rap'. Elegido por su talento, entre la  masa de venezolanos que están sobreviviendo de las monedas que consiguen en Metrolínea y en buses tradicionales.

Así las habitaciones son compartidas entre los cuatros y cada uno tiene la obligación de conseguir los $7.500 del cuarto. Pero, además de asegurar la dormida bajo un techo, deben conseguir lo de la comida diaria. Además de ahorrar $400.000 al mes para enviar a los hijos, a la familia, con lo cual podrán comparar comida a los altos precios que se venden en los supermercados y tiendas del vecino país.

Así que todas las mañanas, desde las 8:00 a.m., salen a probar suerte. La última vez que se supo de los raperos de ‘Real Guarenas Family’ fue el pasado 20 de marzo, un lunes caluroso sobre la calle 34 en el centro de Bucaramanga. Ningún conductor de bus había permitido que rapearan. Eran las 11 de la mañana, casi mediodía, y no había una sola moneda en sus bolsillos. Por fin, un bus frenó a la señal de pare. Cuando los jóvenes corrieron a subirse, el conductor aceleró.  Pero a media cuadra, el semáforo de la calle 34 con 15, en el sector de la Plaza de Mercado del Centro, obligó al conductor detenerse. Entonces, el más joven del ‘Real Guarenas Family’, Diddier, persiguió el vehículo hasta el semáforo. Serpenteó su cuerpo entre motos y carros para llegar a la ventana del conductor.

-"Padre", le dijo Ricardo al conductor. "¿Nos deja cantar? Esta sería la primera rapeada, padre, échenos una mano", le insiste al indiferente hombre al otro lado de la ventana.

-"Muchacho, aquí usted no tiene padre", le contesto. El semáforo cambió. El bus arrancó. 

De los Real Guarenas no se supo más. De pronto partieron rumbo a Puerto Rico, detrás del sueño prometido por su mánager. Por esos días, en Bucaramanga, las autoridades migratorias buscaban por todos lados a venezolanos indocumentados. Quizás los ‘Real Guarenas Family’ fueron deportados. 

 

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