Luciana García, hija de Felipe García García, todo imaginó menos que el sábado 31 de enero de este año sería el día más feliz de su vida. Esa fecha estaba programada para que se disputara el encuentro entre Atlético Nacional e Inter de Miami; la expectativa crecía a medida que se acercaba la hora del partido, el cual se venía promocionando desde el año anterior. Las boletas estaban carísimas ya que el espectáculo ofrecía tener a Lionel Messi y a sus amigos en la cancha del estadio Atanasio Girardot; los niños de Medellín, del departamento de Antioquia y de Colombia, enloquecieron a sus padres para que les compraran una entrada y así poder ver de cerca al astro argentino.
Felipe García nació en Bucaramanga el 17 de julio de 1976 y se crio en el barrio Zapamanga, a orillas de la quebrada que lleva su nombre. Cuando ‘Pipe’ llegó al mundo, este barrio ya tenía su propia ruta de buses color naranja, para más señas. “El nombre de Zapamanga es trasladado, porque los españoles traían a las etnias indígenas de la zona del Chicamocha a los ríos o quebradas para explotar el oro y es probable, que esa sea la razón para que cada zona adoptara el nombre según la etnia”, afirma el historiador Emilio Arenas. Allí entre bosques y espejos de agua, crecieron varias generaciones de futbolistas, quienes años después construyeron un nombre con la pelota en sus pies; con un balón de micro o con uno de fútbol.
Mi tocayo, Felipe García, se iba para las canchas del sector porque su tío Agripino llevaba de la mano a los muchachos del barrio y luego de las convocatorias comunales, los entrenaba. Además, organizó torneos y de allí salieron grandes jugadores como Víctor Santos quien después fue campeón del mundo. La lista es larga; Zapamanga y sus etapas eran protagonistas en los torneos interbarrios de microfútbol. Felipe empezó a jugar como delantero en los torneos de la primera categoría de la Liga Santandereana de Fútbol y fue campeón con varios equipos; su adorado tío siempre estaba pendiente de él, mientras que el espigado atacante montaba su empresa de telefonía celular para comprarle la casa a sus padres; de igual manera ayudar a quien necesitaba trabajo para salir adelante. Nunca se le olvidó de dónde venía, jamás olvidó a sus amigos. Lo triste de la historia es que su tío Agripino, leyenda del microfútbol, murió durante la pandemia.
Se acercaba la fecha del partido en Medellín y Felipe, quien ha salido campeón en todos los torneos regionales del fútbol santandereano como jugador, técnico y patrocinador, tenía una tarea pendiente: ¡llamar a David Ospina! Los jugadores de los equipos del profesionalismo colombiano vienen a la ciudad para enfrentar al Bucaramanga y es visita obligada ir a Móviles García para encontrarse con Felipe, quien como buen anfitrión los atiende maravillosamente. Es más, lo conocí gracias a Flabio Torres, a Félix García y a ‘Chucho’ Vega, cuando el técnico tolimense y el defensor tumaqueño defendían los colores del Atlético. ‘Chucho’ ha sido un amigo inseparable del empresario bumangués.
Felipe llamó al portero de Nacional y le pidió el favor de acercar a su hija Luciana para que la niña se tomara una foto con Lionel Messi. “A David lo llamó el gobernador de Antioquia, todo el mundo. Pero él llevó a mi hija hasta donde estaba Messi y al ver su abrazo con ese muchacho me sacó lágrimas”. Su hija le regaló días después una foto con el argentino y con el portero antioqueño cuya leyenda dice así: “Papá, un momento que me recordará lo grande que es soñar”. Felipe no mueve esa foto de su escritorio y la contempla a cada rato. La gente lo quiere mucho, siempre le tiende la mano a quien necesita de su apoyo; es un estupendo ser humano y nos lleva ventaja: llama muy seguido a Dios, ¡le sobran celulares y minutos para hacerlo! Un abrazo y hasta la próxima.












