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Columnistas
Domingo 17 de mayo de 2026 - 01:00 AM

La ciudad necesita un alcalde, no un policía

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En Colombia confundimos gobernar con posar. Creemos que un buen alcalde es el que se pone un chaleco, sale a la calle, grita órdenes en un trancón, se toma fotos persiguiendo motos y convierte cada problema urbano en un espectáculo de autoridad. Pero una ciudad no se administra con shows de control; una ciudad se administra con gerencia y visión.

El problema de muchas ciudades no es que falten policías en cada esquina ni que el alcalde salga a posar como agente de tránsito; el verdadero problema es que falta una gerencia capaz de entender la ciudad como un sistema integrado, donde movilidad, espacio público, vivienda, seguridad, infraestructura, transporte público, tecnología, cultura ciudadana y planeación funcionen de manera coordinada y no como piezas sueltas.

Una ciudad no necesita un policía populista, necesita un gerente de ciudad; por supuesto, debe ejercer autoridad, pero sin chalecos, pitos ni cámaras que lo persigan. Debe liderar, tomar decisiones, enfrentar la inseguridad y responder ante la ciudadanía. Pero gobernar no puede reducirse a perseguir motociclistas, cerrar vías para una cámara o montar operativos improvisados cada vez que la opinión pública se indigna; eso puede producir aplausos momentáneos, pero no transforma la ciudad.

La movilidad no se arregla con un alcalde parado en una glorieta. Se arregla con semaforización inteligente, control efectivo, transporte público eficiente, cultura vial, gestión de parqueaderos, autoridad constante, datos, tecnología, aprovechamiento del espacio público y diseño urbano. La seguridad no se resuelve con discursos duros, sino con inteligencia, prevención, justicia, iluminación, recuperación del espacio público y coordinación institucional. El espacio público no se ordena con operativos mediáticos, sino con planificación, alternativas económicas, pedagogía y control sostenido.

Por eso el modelo que algunas ciudades han entendido es tan importante: separar la política de la ejecución. Barranquilla, por ejemplo, entendió que, mientras el alcalde lidera la visión, alguien debe estar encargado de que las cosas pasen: una Gerencia de Ciudad con capacidad de articular secretarías, hacer seguimiento a proyectos, identificar cuellos de botella y presionar resultados. No se trata de un cargo decorativo, sino de un centro de operaciones que evita que la administración se pierda entre burocracia, improvisación y cálculo político.

Ese es el debate que debería tener el Área Metropolitana de Bucaramanga. Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta no necesitan más alcaldes compitiendo por videos virales ni más discursos de mano dura sin sistema. Necesitan una visión metropolitana ejecutada con método; necesitan una gerencia que piense la movilidad como red, la seguridad como política integral, el espacio público como estructura urbana y el desarrollo como proyecto común.

El ciudadano no necesita ver al alcalde dirigiendo el tráfico; necesita que el tráfico funcione cuando el alcalde no está; no necesita verlo persiguiendo motos, necesita que exista una política seria sobre motos, transporte informal, parqueo, seguridad vial y control urbano; no necesita alcaldes policías, necesita administraciones que funcionen.

Por eso, si queremos ciudades modernas que respondan a los problemas sociales, debemos superar la política del espectáculo. Menos populismo policial y más capacidad técnica; menos operativos para redes sociales y más gerencia.

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