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Domingo 17 de mayo de 2026 - 01:00 AM

La mesa coja

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La Mesa de los Santos es, sin duda, uno de los territorios con mayor potencial turístico y residencial de Santander. Su clima, su paisaje, su cercanía con Bucaramanga y la riqueza de su entorno la han convertido durante años en un destino familiar por excelencia y en una de las principales apuestas para el desarrollo de vivienda campestre y turismo regional. Sin embargo, basta recorrerla durante un puente festivo para entender que esa mesa está coja.

Las dos grandes limitaciones del territorio son evidentes. El agua y la vía.

La primera no es un problema menor. La Mesa de los Santos ha crecido durante años sin que exista una solución estructural y de largo plazo para garantizar el abastecimiento de agua potable. El desarrollo urbanístico y turístico avanza mucho más rápido que la infraestructura necesaria para soportarlo. El resultado es una presión creciente sobre los sistemas existentes, dificultades en el suministro y una enorme incertidumbre frente a la capacidad futura del territorio para sostener su crecimiento.

Paradójicamente, estamos hablando de una región rodeada de riqueza hídrica, pero sin una gestión suficientemente robusta del recurso. Allí se refleja una de las grandes discusiones que venimos planteando desde la Agenda Estratégica del Agua. El problema no siempre es la ausencia de agua. Muchas veces es la ausencia de planificación, infraestructura y visión de largo plazo para gestionarla de manera inteligente.

La segunda pata de esta mesa coja es la conectividad vial. Este puente festivo volvió a quedar en evidencia la fragilidad de una infraestructura que lleva años siendo motivo de discusión y conflicto. El bloqueo de la comunidad sobre la vía de El Buey terminó colapsando el acceso principal y obligando a miles de personas a movilizarse por la antigua vía de Curos, insuficiente para soportar el volumen de tráfico que demanda hoy la provincia.

La situación deja varias reflexiones. La primera es que no se puede consolidar un destino turístico y residencial sin vías adecuadas. La segunda es que la infraestructura vial no puede seguir siendo gestionada únicamente desde la lógica de atender emergencias o apagar incendios coyunturales. Santander necesita una visión mucho más estratégica sobre su conectividad.

Lo preocupante es que ambos problemas terminan conectándose. Un territorio sin agua suficiente limita su crecimiento y deteriora la calidad de vida. Un territorio sin vías adecuadas pierde competitividad, espanta inversión y dificulta la integración económica y social.

La Mesa de los Santos tiene todo para convertirse en uno de los principales polos de desarrollo del departamento. Lo que falta es resolver, de manera seria y definitiva, las dos grandes barreras que frenan su potencial. ¿Qué sería de Santander con buenas vías y una gestión inteligente del agua?

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