Viernes 02 de Febrero de 2018 - 10:01 AM

Coqueteo o acoso: ¿reconoce la diferencia?

Una cosa es un coqueteo que no pasa de esto con alguien que no tiene poder sobre usted y que se considera bienvenido, a un acoso por parte de alguien que puede perjudicar su vida laboral o pública y al cual es necesario ponerle un alto.
Tomada de Internet
Las relaciones donde hay desigualdad quien tiene más poder – vale decir el jefe, el profesor, el adulto, es responsable legal y penalmente. El poderoso tiene más responsabilidad precisamente porque se supone que tiene más madurez y, sobre todo, porque está en completa libertad para decir que no.
(Foto: Tomada de Internet)

“A veces me siento como un venado”, comenta Eliana, una ejecutiva de 37 años. Y agrega: “no sé cómo explicar que lo dejen a uno tranquilo. A veces  uno no está para eso”, concluye.

Por su parte, Esteban, de 28 años, señaló que aunque sabe que si lo dijera en voz alta sus amigos se reirían, se siente incómodo por las constantes insinuaciones de una de sus jefas.

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Así es, nadie está exento de ser acosado, aunque la proporción es mucho más alta en el caso de las mujeres, que no solo sufren acoso en el trabajo, también en su casa y en la calle: y sí, esos “piropos” tampoco son deseados.  

Juliana Martínez, profesora de la American University, Wahsington, DC, coordinadora de proyectos de Sentiido.com y experta en temas de género, señala que “en el coqueto se trata de lograr que el deseo del otro coincida con el de la persona que coquetea, es decir, que hay reciprocidad, consenso, y sobre todo, mucho respeto por la autonomía del otro. En el acoso lo único que importa es el deseo de quien lo ejerce, y éste se impone con violencia sobre el otro, deshumanizándolo”.

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La experta indica que "para que el coqueteo no se convierta en acoso, quien coquetea debe estar atento a, y respetar, los límites, el consentimiento y, también, el rechazo de la persona con quien coquetea. Es decir, debe respetar en todo momento su voluntad, su deseo y autonomía. Si el deseo se alinea (por sexual que sea), genial! Si no (por "romántico" o "bienintencionado" que sea) quien coquetea debe detenerse".

Martínez señala que "esto quiere decir que hay pedir y asumir el consentimiento activo, continuo y, de ser posible, explícito de la otra persona. Preguntas como: ¿te gusta esto?, ¿está bien que hagamos tal cosa o que vayamos a tal lado?, ¿estás segura que te sientes cómoda?, etc. son buenas formas de hacerlo".

Martínez concluye que "esto parece fácil, pero no lo es porque los hombres han sido socializados para no escuchar el "no" de las mujeres. Muchos escuchan el "no" como si se tratara de un concurso de raspa y gana: oyen el "no" como un "sigue intentándolo". Esto no puede seguir siendo así, "no" quiere decir "no".

Por su parte, Karen E. Pérez, del colectivo Diversas Incorrectas, que trabaja por la defensa de los derechos humanos, explica que el acoso se da con frecuencia en situaciones donde existe una relación de poder: "un jefe, un profesor, un mentor, un entrenador, un coach, un terapeuta, un médico, un juez, un directivo de una compañía o una persona que tenga un cargo que determine su futuro laboral, de estudio o de salud, por ejemplo respecto a la otra persona.

Entonces, así llegue su alumno o su empleado a hacerle proposiciones, usted no debe aceptarlas porque eso genera una situación de conflicto y, por supuesto, no debe hacer esas insinuaciones ni llevar la relación profesional a lo personal”. 

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La abogada María del Pilar Carmona, investigadora de la Universidad de Los Andes, explica que "el acoso sexual en Colombia es regulado por la ley 1010 de 2006 y por el artículo 210A del Código Penal. La primera norma se refiere al acoso sexual circunscrito al ámbito laboral, y el segundo abarca el tipo penal de acoso sexual en cualquier ámbito en el que pueda producirse una situación de desigualdad".

Sin embargo, la experta explica que "las dos normas contra el acoso sexual son ineficientes. Uno podría ir hasta el origen de las normas cuya expedición parecen haber estado más motivada por la necesidad de obtener réditos políticos, que por un interés real en la cuestión".

 

Carmona indica que "eso es difícil porque dadas las características del espacio laboral en el que participan personas mayores de edad con cierto nivel de confianza, las manifestaciones son más sutiles. Y en general porque el acoso sexual en el trabajo ha sido percibido como algo trivial y personal, o como algo natural e inevitable". 

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La experta explica que "por ejemplo, para nosotras las mujeres muchas veces los avances de naturaleza sexual no deseada se vuelven algo con lo que se debe aprender a lidiar con gracia. Reírse del chiste sexista, tener novio imaginario para salirse de la invitación a “hablar de trabajo” un viernes en un bar. En fin. Esto tiene costos en términos del capital social y cultural que uno tiene que desplegar para avanzar profesionalmente". 

 

"Una vez usted se decide usted puede acudir al mecanismo interno de resolución de la empresa (art 9 Ley 1010) o al juez laboral (art 12 Ley 1010). El procedimiento ante el juez laboral es especial y expedito, pero tiene un término de caducidad de 6 meses. ¡Sólo 6 meses!", explica Carmona. 

Y añade que "estos procedimientos no son excluyentes. Pero digamos que usted decide iniciar con el procedimiento interno antes de contratar abogado e iniciar el procedimiento jurisdiccional".

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La experta indica que "para iniciar el procedimiento interno usted debe tener pruebas y presentar una solicitud escrita. El primer problema es el de la prueba. Por lo general el acoso sexual ocurre en privado. Entonces si no hubo testigos? Si no hay pruebas documentales? 

Digamos que hay testigos. De nuevo es difícil que los compañeros de trabajo sean solidarios. Nadie se quiere meter en problemas. La tasa de desempleo es del 9.4% . Quién se va a arriesgar?

Digamos que usted tiene algún mensaje, foto, etc. ¿Qué puede hacer el comité de convivencia? Tomar medidas reconciliatorias. Sólo eso. Es un procedimiento engorroso para unas respuestas que no sirven a todas las situaciones".

 

Carmona concluye que "entonces lo que pasa es que hay unos mecanismos que no consultan la naturaleza del acoso y que le obligan a tomar una decisión difícil sin muchas garantías y sin muchas herramientas".

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