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Lluvia de sobres | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-01-05 05:00:00

Lluvia de sobres

Hace un año, Cristina y Carlos volvieron a casarse. Habían prometido renovar en la Iglesia su compromiso civil si duraban veinticinco años, y así fue. La fiesta reunió a sus familias y a sus mejores amigos, y la pasamos muy bien.
Lluvia de sobres

Lo que más llamó la atención en la tarjeta de invitación, contrario a lo que suele decir en estas ocasiones, es que escribieron, con letra visible: “No traiga regalo, queremos disfrutar de su compañía”; porque la odiosa costumbre es poner en las tarjetas leyendas como “La lista de regalos está en el almacén tal”, y los invitados tienen que salir volados para alcanzar a tachar la olla arrocera, porque quienes llegan de últimos tienen que respaldar con sus ahorros para Navidad los regalos más caros (televisor, lavadora, nevera); entonces, toca buscar más víctimas para armar la vaca, si no...

Algunas parejas deciden casarse y fijar su residencia en el exterior, y resuelven “pedir” el regalo en dinero, así que en la tarjeta no ponen el nombre del almacén, sino el nombre del banco y “cuenta de ahorros tal”, lo que convierte la reunión de entrega de regalos, previa al matrimonio, en entrega de los sobres, y todos se miran en cada anuncio, a ver quién saca pecho y quién se avergüenza por las diferencias de cifras.

Antes, con la tal costumbre aquella de las listas en los almacenes, una persona se encargaba de organizar los regalos entre los invitados, y así los nuevos esposos no tenían que ir con diecisiete ollas arroceras buscando trueque en los almacenes. Hoy es más fácil la cosa, porque sólo se hace la consignación, y listo.

Regalar dinero puede que facilite las cosas para las dos partes, pero no es esa la esencia del obsequio, y no se entiende por qué la etiqueta moderna quiere acostumbrar de tal modo este tipo de reuniones (que ya no es sólo este tipo de reuniones, sino todas las reuniones, porque hasta para fiestas de quince años, grados y bautizos toca lluvia de sobres).

El regalo, si se quiere dar, lo escoge quien lo va a dar, no quien lo va a recibir; dar dinero puede que tenga mucha lógica, pero nada de corazón. Entonces, salvo que quieran literalmente una lluvia de sobres, que sería un daño ecológico, porque de poco le han de servir, si me invitan, que me permitan llevar lo que yo quiera, o, mejor aún, que no me inviten, que así todos quedamos contentos.

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