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Después del banquete | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-03 05:00:00

Después del banquete

Después del banquete

Para quienes no lo sepan, El Barbero del Socorro, está conformado por tres personas, Edwin Castañeda interpreta tiple y requinto, Ricardo Varela, concertista de tiple y Carlos Acosta de Lima con el contrabajo, instrumento que en cierta forma revoluciono la ejecución simplona de posillos y bambucos cuando se trataba de conciertos. El Barbero del Socorro, le abrió a la música andina de nuestro país,  escenarios no soñados. Solamente El Tiempo hizo una breve reseña del evento, reseña perdida entre grandes comentarios de la gira en el país  de Juan Luís Guerra y el estreno en cine de Milk, de gus van sant, de resto nadie dijo nada, lo de la provincia no existe.

Por el breve comentario se deduce que el éxito fue apoteósico, Los japoneses se maravillaron con la ejecución de Sakura,  una obra clásica de su tierra  en instrumentos para ellos desconocidos. Ya de regreso a la tierra del referéndum, de los terroristas, pero al fin y al cabo nuestra tierra,  en un sitio espectacular desde donde se  divisa la luz titilante de más de diez pueblos a lo lejos y en donde sopla un viento que cala los huesos, en la cuchilla de San Palo, pude conversar con el maestro Carlos Acosta sobre su viaje al Japón. Me contó que un gran error fue llevar el pequeño contrabajo. En el Japón sobran los contrabajos y de los buenos, como en Colombia son raros pensó que allí era igual y ríanse del encarte. Con la fama de los  colombianos  lo desarmaron  en todos los aeropuertos.

El viejo y excelente contrabajo español de marca  Fleta de maderas del Líbano, hoy una rareza en el mundo musical, tuvo que ser remendado o mejor  zurcido por Yolanda Carrillo con agujas de tejer lana de cuando vivía en  García Rovira y cardaba lana de ovejas de su papa.. Que tal si no la llevamos, decía Carlos entusiasmado, ella templa y engrasa mi instrumento, a mí que a esta edad todo es contrabajo,  es decir es el alma de mi actuación exitosa. El inconseguible Fleta  llegó roto camino del taller como un carro después del viaje a Zapatoca.  

Los cerezos estaban en flor, dijo, un espectáculo tan desconcertante por el colorido y el perfume embriagador que son quizás la razón de los suicidios en un mundo carente de necesidades y perfecto. Todo se desarrolló con una puntualidad de reloj Zeiko. La Princesa arribó a las calles acordonadas por los guardias de palacio, y ascendió desde la calle a la Embajada Colombiana, por una alfombra roja, acompañada del séquito real.

La empolvada y pálida Princesa Hitachi abrió un abanico y el maestro de ceremonia entendió que el acto comenzaba, lo demás fueron aplausos y solicitudes de repetición. La Princesa se despidió inusualmente de mano y Ricardo Varela exageró tanto la venia con la cabeza que la Princesa Hitachi pensó que la besaría que  este era el venezolano del grupo.  

 

 

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