Es el caso de los enjuiciados por parapolítica, la inmensa mayoría hacen parte del uribismo, partidos que -según los jefes paramilitares- profesan una ideología con la que se identifican. Esto no significa que todos los uribistas sean paramilitares, pero sí que existió una convergencia de intereses, entre algunos uribistas (hoy presos) y los combatientes. En este sentido ¿cómo pensar que Robledo apoya a las Farc si durante toda su vida las ha cuestionado?
Por ello resulta sospechoso el proceso abierto por la Procuraduría contra Robledo, que ha liderado importantes debates sobre vagabunderías oficiales, que seguramente no son del agrado del Procurador, reconocido defensor de las corridas de toros y consejero espiritual del Mesías Uribe. En este país se le ha hecho creer a muchos que pertenecer a la izquierda democrática (que gobierna en muchos países avanzados) es sinónimo de simpatizar con las guerrillas
o con Chávez. En la izquierda (y en la derecha) existen matices, que van desde los socialdemócratas hasta los partidos verdes. Sobre Chávez es pertinente recordar que la izquierda venezolana tradicional no lo considera uno de los suyos. Hay que ser coherentes: si se condena el caudillismo autoritario de Uribe, hay que rechazar igualmente los desafueros del venezolano.
La prueba encontrada por la Procuraduría sobre la presunta alianza de Robledo con las Farc, reposa en el esotérico computador del difunto Raúl Reyes. Según La Silla Vacía y otros, estas pruebas no lo comprometen sino que lo liberan de culpa. El Procurador puede iniciar indagaciones contra quien se le antoje, pero con tanto pícaro suelto en el Congreso y el Gobierno, no debería despilfarrar la plata de los contribuyentes en procesos contra aquellos que precisamente intentan hacer su trabajo con ética y competencia.