Producción certificada gracias a la más fina elaboración de manufacturas, hacen de Santander un territorio atractivo para quienes aprecian la cultura y la diversidad.

Publicado por: Ana Katherine Toro Salamanca/ predaccion@vanguardia.com
El gusto de Sandra Mayerly Garavito por los tejidos viene de familia, pues viendo trabajar al esposo de su hermana en una fábrica de bordados, decidió inclinarse por este delicado oficio en el que lleva seis años. Se capacitó en Paft y Macoser donde aprendió las técnicas del bordado digital. En la actualidad tiene tres máquinas que funcionan al introducir una tarjeta y bordan aproximadamente doscientas prendas al mes. Su trabajo se incrementa dependiendo del número de puntadas que deba dar la máquina y de la temporada del año. Es especialista en prendas para niños, sin embargo también hace bordados en dotaciones para uniformes escolares y de empresas. Su negocio se diferencia de otros por los finos acabados, la combinación acertada de los hilos y la puntualidad con la que esta santandereana entrega sus trabajos. Uno de los mayores desafíos de la fábrica en estos años ha sido mantenerse en el mercado complaciendo a los clientes con la calidad de sus técnicas. A futuro su propietaria piensa aumentar la infraestructura y recibir capacitación profesional en el manejo de la empresa para ser más competitiva con los servicios que se ofrecen.


















