Así se inicia a un Masón | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-04 15:41:01

Así se inicia a un Masón

Su acompa√Īante dio tres golpes con sus nudillos en el alto port√≥n de madera. Lo tom√≥ por los hombros, lo puso de espaldas al quicio y esper√≥ a que dos manos surgieran de entre las sombras del interior de la casa, tomaran al profano y lo introdujeran con un suave pero firme envi√≥n.
Así se inicia a un Masón

Una vez adentro, los sucesos comenzaron a precipitarse sin que el aspirante a Masón pudiera hacer algo al respecto. La oscuridad ocultó toda información a sus ojos y perturbó sin remedio el resto de sus sentidos. Sólo dependía de lo que sus oídos captaran y los sonidos eran demasiado equívocos, inescrutables, perturbadores.

El profano estaba en el vest√≠bulo del Templo Mas√≥nico y en la antesala de lo que ser√≠a su ¬ďTenida Solemne de Iniciaci√≥n¬Ē. Eso era todo lo que pod√≠a saber. Comenz√≥ entonces a recibir algunas √≥rdenes y tuvo que quitarse el saco de su impecable traje que, seg√ļn se le advirti√≥, deb√≠a ser negro; adem√°s, un pie le qued√≥ desnudo; una manga del pantal√≥n y la camisa le fueron dobladas; le retiraron sus alhajas; en fin, todo lo que significara lujo, poder o vanidad fue apartado de su cuerpo y antes de comprender cualquier cosa, a su cuello le fue enredado un lazo √°spero.

Nadie le asist√≠a a√ļn. Continuaba solo y ciego frente a un acontecimiento ansiado pero atemorizante: ¬ŅSer√°n de fiar estos hombres que me han enceguecido y despojado? ¬ŅDebo continuar? ¬ŅQu√© ocurre a mi alrededor? ¬ŅDe qui√©n son esas voces que susurran?

El estado de inferioridad en que se le puso, no le dejó más opción que sus reflexiones, que venían una tras otra, en un caos de divagaciones inservibles. Estaba a punto de rendirse, pero la perspectiva de la revelación de los secretos milenarios de la Masonería, lo dejó plantado en la fría silla metálica.
Una mano lo tom√≥ por el brazo y lo condujo en total silencio por entre la penumbra m√°s espesa. Descendi√≥ unas escaleras y el vaho pesado de la humedad le oprimi√≥ los pulmones: ¬ďNo se mueva hasta cuando sienta que me he retirado¬Ē, oy√≥ decir. Cumpli√≥ la instrucci√≥n y se vio de frente ante el espect√°culo de la muerte. All√≠ permaneci√≥ por un tiempo indeterminable. Un espect√°culo sobrecogedor lo envolvi√≥ y le incit√≥ a saberse finito, falible, humilde: ¬ďuno m√°s entre sus iguales¬Ē, que es como se reconoce cada verdadero Mas√≥n.

Tres golpes en una puerta distante y una voz lo sumieron de nuevo en la oscuridad: ¬ďPrep√°rese. Va a ingresar al Templo¬Ē, es la frase que le hel√≥ la sangre y le hizo entender que su ¬ďIniciaci√≥n en los Misterios de la Masoner√≠a¬Ē entraba en un per√≠odo categ√≥rico y no estaba seguro de si sus menguadas fuerzas f√≠sicas y mentales resistir√°n la prueba.

Una puerta m√°s. Nuevamente tres golpes, esta vez muy fuertes y con el sonido propio de un pesado aldab√≥n. Una voz en tono inflexible pregunta para saber qui√©n se atreve a interrumpir los trabajos secretos de la Logia. El hombre al lado del profano le presenta y le defiende. Recibe el permiso para ingresar, lo que hace conducido por su acompa√Īante porque la oscuridad s√≥lo terminar√° para sus ojos cuando los Maestros all√≠ reunidos consideren que ha superado las pruebas que le esperan y que merece ser consagrado como un miembro m√°s de la ¬ďMasoner√≠a Universal¬Ē.

A ciegas, comienza a oír la voz del Venerable Maestro que le refiere las estrictas exigencias morales de la Orden Masónica. Trata de adivinar el espacio en que se encuentra y advierte que las formas y dimensiones del mundo conocido se han diluido en la penumbra. Oye varias voces que desde distintos puntos le relatan la historia milenaria de la Masonería, mientras aumenta su desconcierto y su temor.

Sus arrestos llegan al límite más bajo: es observado por un grupo que no puede precisar ni por su cantidad ni por sus características, ha sido despojado parcialmente de su atuendo y totalmente de sus demás pertenencias, ha sido expuesto a la visión de la muerte y la palabra sangre en medio de una pregunta, acaba de sacudir su confuso cerebro.

De nuevo lo toman por el brazo. Camina torpemente entre algunos obstáculos mientras la aguda algarabía de las espadas le evoca las guerras más cruentas. De nuevo lo detienen y queda solo para que pueda atender una nueva instrucción sobre las obligaciones de un Masón.

Los sentidos ahora trabajan a todo vapor. El iniciado trata de comprender esa sucesión vertiginosa de acontecimientos en torno suyo. No lo logra. Hay otro recorrido, uno más estruendoso alrededor de lo que parece un círculo y una nueva instrucción. El intelecto trata de rescatar el gobierno de los pensamientos, pero las sensaciones son demasiadas y poderosas. En este punto, cuerpo, mente y espíritu están atascados en medio del fragor de un rito profundo, intenso y extenuante.

Hay un camino de fuego y luego, uno tras otro se suceden los juramentos. Los Maestros quieren asegurarse a√ļn m√°s de que el candidato est√° capacitado para conocer los secretos que all√≠ se guardan.

Conmovido, el iniciado ratifica su voluntad de continuar y su solicitud de que se le acepte en la Orden. Los Maestros tienen que deliberar y lo retiran del Templo. Afuera le espera una vez más la silla solitaria, esta vez en medio de un silencio dócil que agradece profundamente. Al fin encuentra unos instantes para pensar y tratar de comprender algo de entre todo lo que le ha sucedido.

Alguien se acerca. Es el mismo ser que ha estado a su lado todo el tiempo. No habla casi. Le devuelve sus prendas y le ayuda a recomponer sus vestimentas. Todas, menos sus alhajas que recibirá después de la ceremonia.

Nuevamente lo toman del brazo, lo conducen, dan tres golpes con el aldabón, reingresa al Templo, renueva sus juramentos y antes de que pueda prepararse, le revelan todo lo que hasta ese momento estuvo oculto tras las sombras.

Los s√≠mbolos f√≠sicos de la Masoner√≠a est√°n expuestos: la regla, la escuadra, el comp√°s, las espadas, el ojo del Gran Arquitecto del Universo, los signos del zod√≠aco, el libro de la Ley, en fin, un concierto de elementos materiales de los que tendr√° que desentra√Īar, con la ayuda de sus Maestros, todo sus posibles significados y sus aplicaciones en la vida diaria.

Está ahora en el centro del Templo. Acaba de transitar de la sombra a la luz, de la muerte a la vida y sus ojos apenas comienzan a recuperar la visión.
S√≥lo hasta ese momento se da cuenta de que un grueso grupo de masones, ataviados con su vestimenta ritual, lo rodea y cada uno de ellos tiene en su mano una espada dirigida hacia √©l. A toda su experiencia, ahora se suma el terror. El Venerable Maestro le aclara que esos hombres est√°n ah√≠ para demostrarle que acudir√°n a defenderlo si le vieran correr alg√ļn peligro. Es un c√≥digo de honor, la raz√≥n de ser de una fraternidad. El iniciado se tranquiliza entonces y empieza a reconocer los rostros de quienes, a partir de ese momento, son sus hermanos en el secreto que acaba de conocer.

Al fondo del Templo observa, dentro de un triángulo, el ojo destellante del Gran Arquitecto del Universo y bajo esta figura, la presencia adusta del Venerable Maestro quien le describe la indeclinable labor que, por siglos, en completo sigilo, han cumplido y cumplen los masones en todos los países del mundo. Luego de esto, el Venerable Maestro se acerca y lo consagra.
 
Han pasado¬† algo m√°s de cuatro horas. Con su esp√≠ritu ex√°nime y su cuerpo tembloroso, recibe el abrazo de sus nuevos hermanos y cree que todo ha terminado, cuando, en realidad, apenas comienza. Muy pronto le dir√°n la forma como puede ser un verdadero ¬ďobrero en la construcci√≥n del Templo Espiritual de la Humanidad¬Ē.

EL PADRE NUESTRO MAS√ďN

Los contradictores hist√≥ricos de la Masoner√≠a han sostenido que √©sta Orden tiene un car√°cter ateo, lo que es completamente falso. Los masones suelen se√Īalar como prueba contundente contra este se√Īalamiento, el Padre Nuestro que escribi√≥ el Papa Juan XXIII quien, seg√ļn los iniciados, es uno de los miembros de la hermandad, aunque, seg√ļn quienes se oponen a esta Orden, es un documento ap√≥crifo.

Este es el texto que se le atribuye al Pontífice:
¬ďSe√Īor y Gran Arquitecto, nos humillamos a tus pies e invocamos tu perd√≥n por nuestro error pasado mientras que estamos en curso de reconocer a nuestros hermanos francmasones como tus fieles de predilecci√≥n.

Hemos luchado siempre contra el libre pensamiento pues no habíamos comprendido que el primer deber de una religión, como lo ha afirmado el Concilio, es el de reconocer incluso el derecho de no creer en Dios.

Hemos perseguido a todos aquellos que en tu propia Iglesia, sin por ello alejarse del camino de la Verdad, se inscribieron en las Logias, ignorando todas las injurias y amenazas.

Sin reflexionar, hab√≠amos cre√≠do que un signo de la cruz era superior a los tres puntos que forman una pir√°mide. Por todo ello te pedimos perd√≥n, Se√Īor, y te pedimos nos hagas comprender que un comp√°s sobre un nuevo altar puede significar tanto como nuestros viejos crucifijos. Am√©n¬Ē

El texto fue publicado en la revista italiana Journal de Geneve, el 9 de agosto de 1966.

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