Barrancabermeja
Sábado 31 de julio de 2010 - 10:00 AM

Olvido y tristeza se viven tras 2 años de la tragedia

Con un pañuelo en su mano derecha y una veladora blanca en la izquierda, doña Cielo Tapias recordó con lágrimas y desconsuelo aquel funesto 30 de julio de 2008, en el que su hijo de 32 años falleció en un accidente de tránsito, junto a 12 personas más.

Publicado por: Julián Espinosa Rojas / redaccionbca05@vanguardia.com

Dos años después de la tragedia que enlutó al Puerto Petrolero, doña Cielo llora cada vez que habla sobre la mañana en la que su hijo, Johan Calvo Tapias, tomó una buseta que no nunca llegó a la Escuela Rural La Fortuna, en donde trabajaba como profesor.

'Cuando paso no soy capaz de ver Duele mucho. Hay un enorme vacío', afirma doña Cielo entre lágrimas, al advertir cómo le ha cambiado la vida tras la muerte de uno de sus cuatro hijos.

Ella, quien en compañía de allegados de las demás víctimas, sostiene que 'lo más duro ha sido estar sola en esto. Al principio hubo acompañamiento, pero estamos solos con este dolor tan grande'.

Como doña Cielo, más familiares de las víctimas se reunieron ayer en las instalaciones de La Escuela Rural La Fortuna, para conmemorar dos años de tristeza en una sobria pero sentida ceremonia.

Posteriormente, familiares se reunieron una vez más a recordar los desgarradores detalles sobre cómo ocurrieron los hechos a las 6:15 de la mañana, en el kilómetro 14 de la vía que conduce a Bucaramanga.

Aún sin responsables

Según dieron a conocer familiares de las víctimas del accidente, hasta la fecha no hay claridad sobre cómo va el proceso.

'En un accidente tan fácil de ver qué pasó, en el que se ve claramente una responsabilidad, dos años después hay un responsable libre, como si nada hubiera pasado', sostiene doña Cielo.

Entre tanto, doña Januaria Alcocer, esposa de Johan, señala que 'lo único que queremos es que se esclarezcan las cosas y que no quede en la impunidad'.

'Lo que pedimos es que sencillamente se haga justicia y se esclarezcan los hechos', sostiene doña Januaria quien hoy recuerda lo difícil que ha sido sobrellevar el duelo y hacerse cargo de los tres hijos que tuvo con Johan.

Ese día la dejó la buseta

Anailda Isabel Ruiz docente del plantel educativo, debía tomar la buseta que tendría como destino final La Escuela Rural La Fortuna.  Ese día, salió al paradero a esperar la buseta, cuando recordó que había olvidado unas llaves en su casa. Al regresar, notó que la buseta ya había pasado.

'Esperé la otra, la de los estudiantes, porque me había dejado la buseta', recuerda Ainelda.

Entre los recorridos de los dos vehículos sólo habrían pasado diez minutos. Cuando llegó a inmediaciones de la sede de La Paz, evidenció el choque entre la buseta que iba a tomar, contra un tractocamión.

'Yo corría como loca y la gente mi decía: Profe no corra, mire que son los profesores, la estábamos buscando a usted, pensamos que le había pasado algo a usted también'.

La tristeza para la mujer fue mayor, cuando se dio cuenta que entre las víctimas estaba su sobrino, Jesús David Daza, quien había llegado a la ciudad desde Santa Marta, en búsqueda de nuevas oportunidades.

'Él murió ahí. Lo doloroso fue pensar en cómo le llegaba a la mamá con el niño en un cajón, cuando ella me lo mandó lleno de ilusiones', recuerda Ainelda.

Ayer, con tristeza participó de las diferentes actividades en homenaje a las víctimas. Hoy en día, continúa trabajando como docente en administración rural en el plantel educativo, recordando lo difícil que fue seguir con su trabajo con la ausencia de sus siete compañeros, su sobrino y las demás cinco personas que murieron en el accidente.

 

Publicado por: Julián Espinosa Rojas / redaccionbca05@vanguardia.com

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