Durante más de tres décadas el profesor Rafael se ganó el aprecio de la comunidad sangileña, a quien entregó todas sus energías y capacidades a través de sus distintas áreas del conocimiento desde su institución educativa, universidades de Socorro y San Gil, en el Archivo Histórico, el Centro de Historia y la Casa de la Cultura, desde los clubes de servicio, como líder comunitario. El profesor Rafael fue el profesional íntegro, responsable, honesto, entregado de tiempo completo a educar, investigar y ayudar en los distintos programas y proyectos de su colegio y de San Gil. Sin ser sangileño se dedicó a la ciudad, que lo acogió con cariño y donde conformó un hogar ejemplar con la licenciada Yolanda Martínez Sánchez, cuya unión deja tres hijos Rafael Gustavo, Diana Rocío e Iván Fernando.
Paz en la tumba del gran educador.

