Cartas del lector
Lunes 17 de junio de 2013 - 12:01 AM

HAGASE OIR

Los caudillos

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Publicado por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL

Los caudillos

Hubo una época en que los caudillos estuvieron de moda. Mussolini Stalin, Hitler para hablar de Europa, encarnaron este producto que fue glorificado por Carlyle, por Maurras, por Nietzche. Eran los tiempos del Estado fuerte, y en un momento en que los sistemas demoliberales estaban en quiebra, y ninguna significación tenían el Congreso, la República, los Sindicatos, es decir, las fórmulas representativas y democráticas.

Con la segunda guerra mundial el panorama cambió. Los totalitarismos fueron derrotados, y con excepción de la Unión Soviética y los demás países comunistas, los líderes pasaron a un segundo plano.

En Hispanoamérica, los caudillos aparecieron en el siglo XIX y su influjo predominó hasta casi la mitad del siglo XX. Para algunos historiadores políticos, el caudillo hispanoamericano obedeció a diversos factores, entre los cuales merecen destacarse el individualismo, el personalismo, el gamonalismo, el bajo nivel cultural de las masas y las excesivas distancias en el medio geográfico americano.

En América del Sur, Venezuela, Chile y Argentina son los países que tuvieron hombres fuertes en el poder. Juan Vicente Gómez, Domingo Perón, Augusto Pinochet mandaron recio, a la fuerza, no se dejaron mamar gallo. Lo malo fue que cometieron muchos desmanes y atropellos.

Eche pata

El día sin carro afecta solo a las personas que no pueden ir ni al baño sin exhibir su nave. No es cierto que los negocios se perjudiquen pues sus clientes se abastecen el día anterior o posterior a esa medida.

“El mundo es del entusiasta que se mantiene sereno”. William McFee.

Las universidades de Santander prefieren profesores extranjeros y nuestra lengua ya no es materia de estudio, basta con dominar la jerga gomela. Huevo no es el que pone la gallina sino un género masculino en grado superlativo.

Un anciano de 84 años ha donado hasta la fecha 484 litros de sangre y una anciana de 102 años se lanzó al vacío en paracaídas. A esa edad hacemos cualquier cosa para quemar los últimos cartuchos y de ahí en adelante, lo demás es ganancia.

La ciudad de los contrastes

Nuestra ciudad sigue creciendo de manera vertiginosa y todos los días encontramos nuevos centros comerciales, excelentes puntos de inversión, nuevas empresas que generan empleo y gran cantidad de obras que nos dejan ver la pujanza de esta raza.

Todo lo anterior es buenísimo pero siempre queda una perla negra, que oscurece el panorama, situación de contraste cuando el capital que se invierte arrasa por decir algo con las expectativas sociales que en nada cambian el mejor bienestar de los ciudadanos de a pie, el hombre de la pequeña microempresa, el tendero que paga oportunamente etc.

Pero dentro de esta variedad están los pequeños aportantes a este gran capital: los obreros, que trabajan mucho y reciben poco y lo que reciben lo aportan a Bavaria y sus filiales; así la desigualdad social aumenta de la mano de los jefes y dueños del dinero.

De unos que lo tienen todo; de otros, que con su ignorancia pernotan la miseria de su propias vidas.

Ojo con Venezuela

El señor José Vicente Rangel, exvicepresidente de Hugo Chávez, reconocido por su “amor” profundo que siente por Colombia y sus instituciones, acaba de manifestar públicamente que Venezuela iba a ser agredida desde Colombia por mercenarios de su país. Esto es sumamente grave dada la influencia de este siniestro personaje sobre el régimen marxista de Venezuela, cuyos principales componentes dieron aprobación a sus vociferaciones, agregando que todo venía de Bogotá, sindicando con ello a nuestro gobierno.

Hay que tener entonces mucho cuidado por si de pronto, al estilo Hitleriano, se auto-atacan para tener el achaque de estrenar el sofisticado armamento adquirido por Chávez a las potencias comunistas, contra nuestra patria, aprovechando la ingenuidad del gobierno Santos que todavía los considera sus nuevos mejores amigos.

Envíe su correspondencia a nuestras oficinas o al correo electrónico: hagaseoir@vanguardia.com

Publicado por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL

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