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Sábado 20 de junio de 2026 - 01:00 AM

El costo invisible de las campañas electorales

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En algunas campañas presidenciales en Colombia se repite una escena que, aunque parece cotidiana, merece una reflexión más profunda. Niños y sobre todo niñas convertidas en protagonistas involuntarias del escenario electoral. Aparecen en tarimas, en redes sociales y en videos que circulan sin control y que lejos de ser efímeros, quedarán alojados en internet probablemente para siempre.

La presencia de las infancias en estos escenarios suele justificarse como una expresión familiar de apoyo y unidad. Sin embargo, cuando sus rostros, voces y gestos son utilizados como símbolos para persuadir a un electorado, se cruza una línea difícil de ignorar. En Colombia, las niñas y niños no son votantes, no tienen la responsabilidad electoral, y aun cuando no deberían estar excluidos de los procesos democráticos y las conversaciones políticas, es fundamental contar con pedagogía y formación de acuerdo con la edad. Proteger las infancias implica también resguardar su derecho a construir su identidad lejos de la exposición prematura y de las tensiones propias de la contienda electoral.

La era digital amplifica este fenómeno. Antes, la participación de una persona en una campaña podía quedar limitada a la memoria de quienes asistían a un evento o, quizá, a una fotografía en papel. Hoy, un video de pocos segundos puede viralizarse, reproducirse miles de veces y ser reinterpretado en contextos que escapan por completo a la intención original. Esos contenidos no desaparecen, sino que por el contrario quedan compartidos y descargados, formando parte de la construcción de ciudadanía digital que las infancias no están eligiendo.

Las campañas presidenciales de este año nos dejan al menos dos imágenes impactantes, una de un padre invitando a su hija menor de edad y a algunas de sus amigas a bailarle a un adulto y otra de una niña que claramente no quería participar de una contienda, donde su madre ignora sus infinitos intentos por dejar claro que no quiere estar allí. Los dos casos son de candidatos que tienen como bandera la protección de la familia tradicional y de la infancia, pero ¿quién cuida a sus niñas de ellos?

En los dos casos, los videos quedaron rodando en internet, convirtiéndose en motivo de burla, estigmatización y acoso digital. En una sociedad altamente polarizada como la colombiana, la identificación electoral temprana, sea impuesta o sugerida puede marcar relaciones sociales y percepciones. Lo que hoy es una estrategia de campaña, mañana puede ser una etiqueta difícil de remover.

Finalmente, es importante cuestionar el consentimiento. ¿Puede un niño o niña consentir realmente aparecer en una pieza electoral que será difundida masivamente? ¿Comprende el alcance, los riesgos y las posibles implicaciones futuras? La responsabilidad recae, en última instancia, en los adultos, es decir padres, madres y cuidadores quienes deciden incluir a menores en estas narrativas.

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