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Sábado 20 de junio de 2026 - 01:00 AM

El día de la decisión: reflexionar con la razón

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Mañana los colombianos decidiremos entre las dos visiones de país que se disputan la Presidencia: la izquierda, en cabeza de Iván Cepeda, y la derecha, encarnada por Abelardo de la Espriella. Ambos, desafortunadamente, carecen de experiencia administrativa, una realidad que genera incertidumbre en un electorado que hoy actúa más bajo el influjo de la emoción y la polarización que de la sensatez.

Las propuestas de campaña marcan la línea de cada aspirante. Cepeda le apuesta al continuismo, respaldado por el caudal electoral de Petro y su campaña. De la Espriella se la juega por desmontar las bases del petrismo y combatir el progresismo con mano dura. Ante la paridad de las fuerzas, resulta indispensable hacer un balance serio para tomar la decisión que más convenga al futuro de Colombia.

Es innegable que el gobierno de Gustavo Petro encarnó la voz de los sectores históricamente excluidos. En su haber quedan el diálogo con el sector social y trabajador, los subsidios, los aumentos salariales, la reforma pensional, la reforma agraria, con escasos resultados, y la lucha por la acción climática. Sin embargo, la pésima metodología y una gestión caótica ensombrecieron estos avances.

Pesa sobre la actual administración la constante inestabilidad del gabinete, la incertidumbre económica por una deficiente ejecución presupuestal y la alarmante confrontación con el Congreso y las Altas Cortes. Este afán por debilitar la separación de poderes —camino ensayado por proyectos autoritarios en la región—, sumado al deterioro del orden público bajo la sombra de la “Paz Total” y la inseguridad jurídica de gobernar mediante decretos caídos en el examen constitucional y legal, desdibujaron las promesas de cambio. Los escándalos de corrupción en la UNGRD, la crisis de la salud, la violación de topes electorales y el endeudamiento para sostener subsidios clientelares demuestran que el modelo fracasó. Si ese es el continuismo que ofrece Cepeda, el rechazo debe ser categórico.

Colombia clama por transformaciones reales que involucren las demandas sociales de los menos favorecidos, pero sin la discriminación odiosa entre izquierda y derecha. El país necesita desarrollo agroindustrial, infraestructura moderna, servicios eficientes y empleo digno para la juventud, bajo un marco de estabilidad.

Por eso, el voto de mañana no puede ser un acto de fe ciega ni una descarga de resentimiento. Superar la crisis exige votar con la razón, no con la emoción. La encrucijada nos obliga a elegir al candidato que, más allá de la retórica, garantice la seguridad jurídica, reactive la economía junto al sector productivo y ofrezca el mayor respeto a la estabilidad institucional y a la Constitución de 1991. Solo bajo el amparo de nuestra Carta Política podremos frenar la polarización y asegurar el verdadero progreso. Por eso, votaré por Abelardo.

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