Esta semana el país volvió a temblar y, con la tierra, se sacudió también el corazón de muchas familias colombianas que hoy enfrentan la pérdida de quienes más querían.
Antes de plantear cualquier reflexión técnica desde nuestro oficio, queremos empezar por ahí: enviando un abrazo sincero a quienes lloran una ausencia, a quienes aún buscan incansablemente a un ser querido y a quienes, desde el miedo y la incertidumbre, intentan juntar las piezas de su vida. También pensamos en los equipos de rescate, en los vecinos que abrieron las puertas de sus casas para acoger a quienes lo perdieron todo, y en las comunidades que hoy se sostienen unas a otras.
Como gremio, pero ante todo como seres humanos, nos duele profundamente lo que Colombia está viviendo.
La memoria que nos define
Hace 27 años, el 25 de enero de 1999, Armenia vivió una tragedia dolorosamente similar. Cientos de vidas se apagaron de golpe: algunas mientras dormían, otras en su lugar de trabajo o en la tranquilidad de la rutina diaria. Miles de familias quedaron a la intemperie en cuestión de segundos. Fue un dolor inmenso que marcó a toda una generación, pero de ese dolor —que nunca debió costar tanto— nació un compromiso inquebrantable que hoy define nuestra profesión: construir para proteger a las personas, no solo para albergarlas.
Ese compromiso es lo que hoy conocemos como la norma sismorresistente NSR-10.
Al ver las imágenes de esta semana, reafirmamos que ese pacto sigue vivo y es más urgente que nunca. No vemos la norma como una fría obligación técnica o un requisito de papel. La vemos como la forma más concreta de cuidado: cuidar a quien va a vivir en esa casa, a quien criará a sus hijos en ese edificio, a quien confía ciegamente en que el techo bajo el que duerme lo va a proteger cuando la tierra ruja.
Una cadena de manos que cuidan
Ese nivel de protección no depende de una sola persona ni de un solo oficio. Es una cadena de cuidado mutuo, donde cada eslabón es vital:
- El proveedor, que entrega materiales con honestidad y calidad comprobada.
- El maestro de obra, que construye combinando oficio, experiencia y conciencia.
- El arquitecto, que diseña pensando primero en la seguridad de quien habitará el espacio y no solo en la estética.
- El ingeniero, que calcula con el rigor innegociable que exige la vida humana, sin buscar atajos.
- El constructor, que asume la responsabilidad de volver realidad lo que se trazó en el papel, sin ceder jamás a la tentación de ahorrar tiempo o dinero a costa de la seguridad ajena.
Y, por supuesto, esta cadena nos incluye a quienes habitamos los espacios: cuidarlos, hacerles mantenimiento y no intervenirlos de forma improvisada. Porque una casa cuidada es, en esencia, una vida cuidada.
El reto de levantarnos (y hacerlo bien)
El duelo es necesario, pero no podemos quedarnos a vivir en él. Colombia ya empezó a hablar de reconstrucción y eso es una noticia esperanzadora. Significa que, incluso rotos, estamos decididos a levantarnos.
El Gobierno Nacional, junto al sector constructor, los gremios y el sistema financiero, ya anunció un plan para atender las más de 11.000 viviendas destruidas y las cerca de 45.000 averiadas. La Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI) ha activado su hoja de ruta, y Camacol nos ha hablado con honestidad: un proceso de esta magnitud puede tomar hasta cuatro años. Es un camino largo que debemos recorrer unidos.
Desde la Sociedad Colombiana de Arquitectos (SCA) Regional Santander queremos ser parte activa de esta recuperación. A nivel nacional, la SCA ya integra un comité técnico interdisciplinario junto a la CCI, Camacol y las sociedades de ingeniería. Ponemos al servicio del país lo que mejor sabemos hacer: diseñar un hábitat seguro.
La prisa no puede ser excusa
Entendemos la urgencia desesperada de las familias que hoy no tienen dónde dormir, pero queremos ser enfáticos en algo: la prisa nunca debe ser excusa para saltarse el diseño técnico ni las licencias ante las curadurías urbanas o secretarías de planeación.
Ese trámite no es un obstáculo que retrasa la ayuda; es el escudo que garantiza que lo que construyamos esta vez sí protegerá a la gente.
Lo aprendimos en 1999 con un costo altísimo: construir por fuera de la norma y sin acompañamiento técnico solo sirve para repetir tragedias. Por eso, celebramos que la meta del sector sea agilizar los trámites, no eliminarlos. La reconstrucción debe ser rápida y segura a la vez; no una a costa de la otra.
Reconstruir es la oportunidad de hacerlo distinto y mejor. Queremos ver a Colombia levantarse con diseño responsable, materiales certificados, mano de obra calificada y comunidades informadas.
Desde la SCA Regional Santander, nuestro compromiso es el mismo de siempre, pero hoy late con más fuerza: diseñar y construir pensando en las personas, con todo el rigor y la humanidad que la vida merece. Nuestra solidaridad y nuestro trabajo están con Colombia, para que, la próxima vez que la tierra tiemble, tengamos muchas menos historias de pérdida que contar.
* Por: Pablo Andrés Luque Acevedo, Presidente Sociedad Colombiana de Arquitectos Regional Santander.












