El terremoto de magnitud de 7.4 con epicentro en San José del Palmar, Chocó, causó afectaciones que alcanzan más de 420 municipios en 15 de los 32 departamentos. Las cifras a corte del 14 de agosto hablan de 285 fallecidos, 379 personas desaparecidas, 3.975 heridos y cientos de miles de damnificados.
La tragedia ocasionada por el décimo sismo de 7.0 o magnitud superior ocurrido en el mundo en lo que va corrido de este 2026, ha despertado una solidaridad que conmueve hasta al corazón más hosco. Más que enlistar algunos de los emotivos ejemplos del enorme espíritu solidario, vale la pena reflexionar sobre el contraste de una sociedad que promueve el individualismo y el egoísmo como motores de la vida, pero que en una situación de crisis vuelve a constatar que nuestra existencia se debe a la cooperación y la solidaridad.
Las redes y los medios se han llenado de anuncios de donaciones y ayudas internacionales. Gestos valiosos que suman para poder resolver las grandes necesidades de los damnificados. Sin embargo, esta solidaridad visible puede crear la percepción de que la reconstrucción depende, principalmente, de las donaciones particulares y la ayuda internacional. La cifra real dice otra cosa.
Quienes estuvieron involucrados en la reconstrucción del Eje Cafetero tras el terremoto de 1999 han dicho que las donaciones particulares y la cooperación internacional sólo representan entre el 1% y el 4% de una recuperación, “lo demás son recursos públicos liderados por un gobierno. No hay otra manera de hacerlo” (https://bit.ly/4zjXrNY).
También hay quienes no distinguen entre las donaciones internacionales como los quinientos mil dólares que anunció el BID, con el crédito de 450 millones de dólares que el gobierno activó con el Banco Mundial, sumándole más carga al mismo bolsillo público que ya viene golpeado por el mal manejo de la deuda y del gasto público en el anterior gobierno. Aunque es temprano para estimarlo, ya se habla de entre el 1 y el 2% del PIB que serán necesarios para la reconstrucción.
Como se evidencia, el verdadero peso de la reconstrucción recae sobre la plata de todos los colombianos, que valga aclarar, se consigue a través de un sistema tributario bastante injusto donde la mayoría del recaudo proviene de impuestos regresivos como el IVA y otros similares.
El llamado es a cuidar los recursos públicos porque lo más importante de las donaciones no es el monto, sino la cantidad de personas que se involucran en el proceso, se sensibilizan y contribuyen con su veeduría a combatir a los corruptos que se aprovechan de las desgracias para hacer de las suyas como ya se sucedió con el escándalo de la UNGRD.












