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Sábado 03 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Caminar ciegos ante lo esencial

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Emmanuel Marín Buitrago es un escritor bumangués de 14 años con una sorprendente capacidad para recordarnos lo que hemos olvidado. El arte de leer lo invisible, su primer libro, nos invita a cuestionar la forma en que vemos el mundo, la justicia y los afectos.

En 2025, el cuento Aquello que no muere ganó el primer puesto del premio Mánfer de la Llera en España, un concurso internacional de cuento corto. Este logro impulsó a Emmanuel a recopilar de forma híbrida sus relatos y poemas escritos a lo largo de su infancia y adolescencia para exponer en este libro la fuerza de su mirada y una madurez creativa excepcional a una edad tan temprana.

El primer acierto ocurre en el plano de la identidad. Emmanuel lanza en su poema Rugido de libertad, una premisa que atraviesa todo el libro y desarma por su sencillez: «la libertad comienza cuando dejas de obedecer la imagen que tienes de ti mismo». En un mundo volcado a las apariencias, estas palabras nos recuerdan el valor de la autenticidad y la importancia de aceptar el paquete completo de lo que somos, con nuestras luces y sombras, sin necesidad de sostener un personaje idealizado.

Esa sensibilidad infantil, libre de los prejuicios adultos, se traslada también a lo colectivo. Emmanuel propone una reflexión muy pura sobre la equidad al preguntarnos si no habremos creído que ser justos es tratar a todos igual, en lugar de mirar lo que cada uno de verdad necesita, tal como es evidente en su relato El niño de la caja de crayones. Es un llamado a la empatía real, esa que no usa plantillas uniformes, sino que se detiene a observar la vulnerabilidad particular del otro.

En La realidad que descartamos, otro de sus relatos, el autor nos sitúa ante un dilema conmovedor: ¿es el ser una huella que se deja en la memoria o la memoria una huella que se deja en el ser? La pregunta, planteada desde la frescura de su edad, neutraliza cualquier soberbia y nos devuelve a la fragilidad de las experiencias cotidianas, alterando nuestra relación con el tiempo y el legado.

Finalmente, Emmanuel aterriza en el personaje de Elías para preguntarse sobre la pérdida y el dolor, pero lo hace desde un lugar de asombro y aceptación, concluyendo que solo lo que muere nos revela el valor de lo vivido, y que el dolor y la finitud no son errores del camino, sino parte del precio inevitable de nuestra propia humanidad.

El arte de leer lo invisible es, en últimas, el recordatorio de que los niños no solo imaginan mundos; a veces, como Emmanuel, también nos ayudan a entenderlos, en medio de una sociedad hiperconectada que, paradójicamente, camina ciega ante lo esencial.

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