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Andrés Mejía
Domingo 17 de marzo de 2013 - 12:00 AM

Revocar a Petro

Publicado por: Andrés Mejía

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En un principio no me gustó la propuesta del representante Miguel Gómez de revocar el mandato de Gustavo Petro; y aclaro: no es que no estuviese de acuerdo, simplemente no me gustó la manera como fue hecha, ni su tono.

Con el tiempo, el tono del representante ha ido cambiando y hoy, pese a mis reservas iniciales, he llegado a convencerme de que es urgente apoyarla. Revocar a Petro, más que una cuestión de simpatías o antipatías políticas, más que una cuestión de partidos o tendencias, es una urgencia inaplazable de Bogotá.

La capacidad de destrucción no creativa de Petro carece de antecedentes. Prácticamente nada funciona en su administración. Estamos frente a un líder que ni siquiera es capaz de componer y dirigir su propio equipo, y aún así pretende asumir el gran reto administrativo que es Bogotá. Todos los grandes avances que tuvo Bogotá se hallan completamente destruidos. Esto último no es culpa únicamente de Petro, pero él está contribuyendo de manera muy intensa y rápida a acelerar el deterioro.

Por supuesto he pensado si hay alternativas a esta medida drástica. Una de ellas, mencionada por algunos, la encuentro incomprensible: es la idea de que “hay que ayudar al Alcalde”. Un alcalde es elegido para administrar la ciudad, no para que la ciudad le ayude a administrar. Se supone que es él quien tiene la capacidad administrativa y por eso se le delega dicha función. Si no la tiene, debe saber elegir un equipo bueno y estable, que brille en capacidad gerencial, y dedicarse a dirigirlo.

La otra tesis, que es más bien una esperanza, sería la de que Petro mismo se dé cuenta de su error, de que se postuló a un cargo para el que no estaba preparado, y renuncie con gallardía. Pero eso no va a suceder: Petro es un ególatra sumergido en delirios de grandeza que él mismo alimenta, según los cuales él es el gran líder de los sectores populares. En la más cándida sugerencia ve un insulto y en toda crítica una conspiración. Ha perdido el sentido de la realidad pública, y esto, sumado a su incompetencia administrativa, no deja más opción que la revocatoria.

La revocatoria además ganó altura y brillo cuando los partidos decidieron no apoyarla. Mucho mejor: esa mafia politiquera es también responsable del estado de la ciudad. Ninguno de los partidos debe ser bienvenido en esta iniciativa ciudadana.

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