Publicado por: Carlos Chaverra
“Para el Puente Aéreo” le dije al conductor. Aspiraba a ganarle a la hora pico de la congestionada Bogotá. Para mi sorpresa, el vehículo se dirigió raudo al norte de la ciudad, una vía que era totalmente contraria a nuestro destino. En la medida que íbamos avanzando, observaba que el conductor continuamente consultaba su celular. Mi mente influenciada no solo por tantas novelas de misterio, sino por la cruda realidad de la maldad y la violencia, se imaginó lo peor.
Me atreví entonces a preguntarle el porqué de esta extraña ruta y me contestó: “hemos tomado un Waze”, me dijo. Al ver mi cara de perdido, me enseñó su celular y allí había un mapa de colores que nos mostraba la ruta hacia el aeropuerto. Aunque había oído de estas aplicaciones, no sabía que además de indicar la ruta, escoge también la opción más rápida (la de menor congestión). Adicionalmente, con su tecnología que incorpora elementos propios de GPS y una red de clientes que van informando del estado de las vías, permite actualizar y reformular las opciones.
Con emoción les conté a mis alumnos la historia Waze y como sucede con estas cosas de la tecnología moderna, ellos quedaron más asombrados de mi ignorancia que de las maravillas del aplicativo. Les dije sin embargo que lo que más me sorprendió fue que al tomar el Waze, me llevó por una ruta que jamás hubiera escogido. “No me imaginaba que la ruta más eficiente partiera hacia al lado contrario al que me dirigía”. “Nos acostumbramos a tomar caminos conocidos y seguros”, les dije “y no somos abiertos a pensar en alternativas, ya sea por dogma, costumbre, temor al cambio o simplemente por orgullo y arrogancia. Bienvenido entonces el debate y las opiniones contrarias”.
Así que tomaré un Waze para ampliar las perspectivas alrededor de nuestro maltrecho proceso de paz. Con calma leeré el “Waze” con que el Papa nos sorprendió en su encíclica Laudato Si de esta semana, en donde habla, por sobre todos los temas, del cambio climático. Allí también nos reta a reflexionar sobre asuntos de fe y cómo ellos no solo se limitan a “lo espiritual”, sino que conllevan también una forma de vivir, el aquí y el ahora, consecuente con lo que se profesa. Tomemos un Waze, quizás encontremos tesoros escondidos.











